UN AÑO LARGO DE DESIDIA

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO GONZÁLEZ LAXE

12 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Si aplicáramos los mismos criterios que el profesore de Bolonia cuando tomó posesión como presidente de la Comisión Europea, a Romano Prodi lo habríamos despedido. Dicho en otros términos, resulta inaceptable que llevemos más de un año tratando de encontrar una fórmula entre Marruecos y la Unión Europea. No es momento de buscar culpables ni de señalar los numerosos errores cometidos. La lista sería muy amplia. Lo que podemos extraer de «decepción y de sorpresa» es que todavía estamos sin saber qué queremos, hacia dónde dirigir nuestros esfuerzos y en qué especializarnos. La política pesquera comunitaria está siendo objeto de ingentes críticas por casi todos los estados miembros, por la mayor parte de los agentes económicos y sociales, y por un alto porcentaje de los investigadores científicos. Hay que ser consciente de las diversas posiciones que adoptan cada uno de los lobbys. Para ciertos países es mejor delegar las competencias a las organizaciones de productores en lo tocante a determinadas áreas y especies; para otros, es preferible no hacerse cargo de los costes del mantenimiento de las flotas en aguas de terceros países. Estas distintas trayectorias marcan y moldean las posiciones que va adoptando la Comisión Europea a lo largo de estos años. Los lobbys pesqueros, tanto de la UE como de Marruecos, saben lo que se juegan: el acceso privilegiado y la exclusión de los rivales; la posibilidad del control vía satélite y la duración de los derechos; la mejora de la posición competitiva y el suministro de los recursos al mercado internacional; la industrialización y la distribución; la tecnología y las tripulaciones. Así pudiera ser fácil entender ciertos retrasos, que corresponden a las lógicas de negociación para mejorar las posiciones relativas de las partes. Pero, Prodi y los estados miembros han dejado de lado el problema de la pesca, lo han marginado hasta niveles tan irrisorios que en la actualidad lo quieren enfocar únicamente como una cuestión de hegemonía política y de coste económico. Y bajo estos parámetros están muy equivocados. De una parte, las mentalidades, las culturas y las responsabilidades son muy diferentes en la UE y en Marruecos, de la misma forma que sus necesidades políticas. Y, de otra parte, los recursos pesqueros existentes en la zona económica exclusiva de Marruecos pueden ponerse «a la venta o en alquiler» y encontrar nuevos compradores. En suma, un balance poco satisfactorio... y sufriendo la desidia.