Carme, receptora del primer trasplante de cara del mundo a partir de una donante que recibió la eutanasia: «Mi vida empieza a ser mejor»

ENFERMEDADES

Carme es la receptora del primer trasplante de cara del mundo a partir de una donante que recibió la eutanasia.
Carme es la receptora del primer trasplante de cara del mundo a partir de una donante que recibió la eutanasia. Quique García | EFE

El Hospital Vall d'Hebron de Barcelona realizó esta intervención pionera que se pudo planificar con mayor precisión

02 feb 2026 . Actualizado a las 18:29 h.

Carme se encontraba de vacaciones en Canarias cuando sufrió la picadura de un insecto, con el fatal desenlace de que derivó en una infección bacteriana y posteriormente, en sepsis. «La bacteria me provocó querer desaparecer de este mundo. Estuve en tres ucis diferentes y cuando salí, la necrosis —degeneración de tejido por muerte de sus células— me había comido media cara. No podía comer, porque no era capaz de abrir la boca. Me faltaba medio trozo de nariz y tampoco respiraba bien. Y físicamente, era bastante desagradable y no podía hacer mi vida», lamenta. «Hasta que conocí a este señor, que en ningún momento me dijo que no», añade, girándose hacia el doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Universitario Vall d'Hebron. Ella es la receptora del primer trasplante de cara del mundo de una donante que recibió la eutanasia

La donante, a quien se le había autorizado la PRAM (Prestación de ayuda para morir), no solo decidió donar sus órganos y tejidos, también ofreció la donación de la cara. «La paciente en cuestión era de edad media y desde el primer momento dijo que quería ser donante. Cuando se le planteó la posibilidad de donar también sus tejidos, tanto ella como su madre manifestaron que necesitaban más información. Finalmente, decidieron que en todo lo que pudieran ayudar, lo harían», comenta Elisabeth Navas, coordinadora médica de Donación y Trasplantes del Hospital Universitario Vall d'Hebron. «Los donantes y sus familias siempre realizan un acto inmenso de generosidad y altruismo, pero este caso, además, demuestra un grado de madurez que deja sin palabras. Alguien que ha decidido dejar de vivir dedica una de sus últimas voluntades a una persona desconocida y le da una segunda oportunidad de esta magnitud», añade Navas. 

«Hubo muchos profesionales que me dijeron que no, que solo eran posibles los injertos, pero ese proceso es muy largo y nunca queda bien. Aún me estoy recuperando, pero sé que estaré bien. Mi vida empieza a ser mejor: ya como, ya bebo, ya puedo salir a la calle y hacer una vida normal», expone Carme. 

Parte del equipo del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona realizó esta intervención pionera.
Parte del equipo del Hospital Vall d'Hebron de Barcelona realizó esta intervención pionera. David Zorrakino | EUROPAPRESS

Cómo fue la intervención 

En concreto, la receptora necesitaba un trasplante de cara de tipo 1, la parte central del rostro. Donante y receptor del trasplante de cara deben compartir sexo y grupo sanguíneo, y presentar unas medidas antropométricas de la cabeza semejantes.

Gracias a que la donante había solicitado la eutanasia, se ha podido planificar mucho más la cirugía. En el estudio del donante, se realizó un TAC tanto en ella como en la receptora; la información digital fue validada por radiología y por ingenieras de la Unidad de Impresión 3D de Vall d'Hebron. «La Unidad de Tecnologías 3D elaboró un modelo tridimensional digital a partir de una imagen médica, un TAC. Este modelo ayuda a los profesionales a entender cómo deben llevar a cabo la cirugía; lo imprimimos para que los profesionales tengan las referencias cuando lo necesiten, antes y durante la cirugía», explica Laura Escot, ingeniera biomédica de la Unidad de Tecnologías 3D. 

También se diseñó y fabricó una máscara de silicona semirrígida para aplicar en la zona facial de la donante y reconstruir la zona intervenida. Se prepararon las guías de corte óseo adaptadas a la donante y a la receptora para lograr un encaje milimétrico. Paralelamente, los cirujanos plásticos del hospital realizaron los estudios anatómicos necesarios y la planificación final de la cirugía. 

Se trasplantó la piel, tejido adiposo, nervios periféricos, musculatura facial y hueso de la cara: la cirugía es de máxima complejidad, ya que las estructuras que deben anastomosarse y reconstruirse son pequeñas y con una disposición tridimensional compleja. De hecho, la operación puede durar entre 15 y 24 horas. 

El objetivo es reconectar todas las estructuras en el receptor, creando un nuevo rostro que cobre vida de nuevo, sea funcional y pueda desarrollar con normalidad las funciones vitales. Del centenar de profesionales que participan a lo largo de todo el proceso, unos 25 son de enfermería. «En un trasplante de cara, la enfermería está presente en todas las fases del procedimiento, al igual que en los trasplantes de órgano sólido, incluso antes de la donación. En este caso, se sincronizaron dos equipos: el de enfermería de Donación y Trasplantes de Vall d'Hebron y el de Cirugía Plástica», explica Olga Gabaldà, supervisora de Enfermería del Programa de Donación y Trasplante de Órganos y Tejidos. 

La rehabilitación 

Después de la intervención, Carme estuvo un mes ingresada, primero en la uci de la Unidad de Quemados y posteriormente en la planta de Traumatología, Rehabilitación y Quemados del hospital.

Tan pronto como es posible, comienza la rehabilitación facial para integrar en los músculos implantados toda la movilidad de la cara y recuperar poco a poco funciones como masticar, gesticular o hablar. 

«Inicialmente, la cara del paciente se encuentra en una fase hipotónica, sin movimiento porque las conexiones nerviosas aún no se han establecido. Trabajamos con la cara para estimular la inervación, utilizando herramientas como un espejo, diferentes texturas e imágenes del paciente para recordar esos movimientos y la percepción visual del rostro», explica Daniela Issa, del Servicio de Medicina Física y Rehabilitación. Se trata de un proceso diario, que el paciente continuará en su domicilio y se prolongará en el tiempo; su implicación es crucial para la recuperación funcional. Después de la intervención, también se ofrece apoyo psicológico al paciente en el postrasplante inmediato, para acompañarlo en la reelaboración emocional de la imagen corporal y los efectos de la intervención y de la medicación, y en la segunda fase, a partir de los seis meses, para asegurar su independencia hospitalaria y responsabilizarlo de la adherencia al tratamiento. «Soy buena alumna, pero es un proceso complicado», confiesa entre risas Carme. 

La historia de los trasplantes de rostro

En todo el mundo se han efectuado 54 trasplantes de cara. En España, seis, de los cuales tres los ha realizado el Vall d'Hebron. En el 2010, el equipo liderado por el doctor Barret llevó a cabo el primer trasplante total de cara del mundo, cinco años después de que un hospital de Amiens (Francia) realizara el primer trasplante parcial de cara. El segundo, realizado en el 2015, también marcó el hito de ser el primer trasplante de cara del mundo en asistolia controlada. 

Solo una veintena de centros en el mundo tienen capacidad para ser trasplantadores faciales y solo siete han realizado tres o más trasplantes: se necesita experiencia y recursos asistenciales y de laboratorio. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.