ASÍ NO SE LIDERA NADA

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

04 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

No sé si tendrá que hacerlo el Vaticano, el presidente sueco, Emma Bonino, o yo. Pero alguien tendrá que abroncar la bajeza moral que está exhibiendo la Unión Europea y decirle que, si hay graves riesgos de salud derivados del empleo de uranio empobrecido en la guerra de Serbia, nuestra preocupación debería empezar por los bombardeados, por los niños que nacen en la libertad que les fuimos a dar, y por la gente que creyó que íbamos a apresar a ese malvado Milosevic que luego se fue por su propio pie, cuando perdió las elecciones. Porque, después de aquel espectáculo de la guerra fina, que la OTAN ganó sin ensuciarse las botas, sólo faltaba que los presidentes de los gobiernos responsables del ataque, los que se pusieron todas las medallas de tan atípica victoria, empiecen a imitar a Aznar, y, en vez de ser ellos los que rindan cuentas de tan terrible fechoría, se pongan a la cabeza de la manifestación para llorar por los soldados contaminados por nuestras propias bombas. Para los partidarios del intervencionismo humanitario la situación del Kosovo llegó a configurarse como un paradigma de la guerra justa, en la que las fuerzas multinacionales estarían guiadas por la bandera de la libertad y la dignidad de las personas y los pueblos. Pero muy pronto se vio que aquella chapuza, mal inspirada en la Guerra del Golfo, iba a tener el efecto contrario al que se esperaba: hacer casi imposibles las nuevas intervenciones, y dejar al descubierto la falta de criterio político y de ética humanitaria con la que se estaba actuando. Para cuadrar el balance, nuestros políticos se han dedicado los últimos años a demonizar a Milosevic, a convertir unas elecciones en una revolución mediática, y a erigirse en paladines de la libertad reconquistada. ¡Hasta que llegó la leucemia! Porque ahora está claro que los serbios les importan un bledo, y que sólo les preocupa que media docena de soldados muertos les hagan perder las elecciones. ¡Un asco!. ¡Así, señores, no se lidera nada! ¡Ni se crea la cultura de la paz y de la libertad!. Si vamos a hacer guerras antiguas, más vale resucitar las denostadas virtudes castrenses y, antes de ocuparnos de los soldados, preguntarnos qué fue de las mujeres y los niños bombardeados. Porque, si la alternativa es este obsceno espectáculo, prefiero el viejo código del honor formal y fariseo. Aunque sólo sea para evitar el bochorno de una guerra en la que los soldados lloran mientras los civiles se aguantan.