MIGUEL Á. RODRÍGUEZ
24 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Recién aterrizado en el cargo, el ministro español de Pesca se ha pasado el verano lanzando al viento declaraciones que el tiempo se encarga de desmentir. Escuchándole, cualquiera diría que la política de Pesca de la UE la diseña el gabinete de Aznar, y que Marruecos espera un simple chasquido de dedos de Arias Cañete para renovar el convenio de Pesca con Bruselas. Nada que ver con la realidad. Aunque nuestro ministro se desgañite con mensajes teñidos de optimismo, la flota gallega sabe que su Calvario todavía está por llegar. No es absolutamente novedoso. Lo cierto es que cada vez que la Unión Europea escupe una declaración oficial, algún ministro español se pone a tiritar. Y si la sentencia es materia pesquera, lo de Arias Cañete comienza a parecer ya el baile de San Vito. Y es que Bruselas no tiene que justificarse a diario ante las cerca de doce mil familias de marineros españoles (ocho mil de ellas gallegas) que viven desde hace nueve meses amarrados al puerto en espera de noticias. Decir, como hizo Cañete, que el convenio pesquero con Rabat se cierra antes de que termine el verano es negar la evidencia de unas negociaciones en las que España saldrá perdiendo porque así está escrito. Y donde los intereses generales de la UE primarán sobre la realidad concreta y pequeña de los 400 barcos españoles en el banco canario-sahariano. Bruselas no negociará los intereses de la flota gallega por encima del convenio global que quiere Marruecos. Los norteafricanos anhelan participar del negocio pesquero y utilizarán su riqueza en el agua como moneda de cambio para intercambios mayores. Como muestra, el calendario: desde el mes de diciembre de 1999, una única reunión negociadora, el 25 de julio, que se cerró sin avance alguno. La Comisión Europea admitía esta misma semana que no existen fechas para continuar las conversaciones. Bruselas no contempla este convenio como prioridad. Y Fischler tampoco es el mejor embajador de los intereses de nuestra flota. Mejor sería que el gobierno se diera un baño de humildad y comenzase por el principio, tratando de convencer a la UE de lo «estratégico» que puede ser este documento para la economía pesquera del Estado, y de lo vital que resulta para la flota gallega. Si en algún momento toca ser beligerante en Bruselas, éste es uno de ellos, porque dentro de pocas semanas al ministro no le quedarán escusas ni promesas que verter en la prensa.