Amparados en la impunidad y el anonimato que brindan las redes sociales, sobre todo, se ha destapado una corriente gratuita de animadversión hacia los coches eléctricos. Los haters, que así se denominan a los que manifiestan de esta manera su desprecio hacia algo, se repiten en sus murgas vacuas. Son lavadoras con ruedas, dicen la mayoría, repitiendo como si fuera un mantra la frase que les hace sentirse dichosos. La sencillez de sus relatos denota que pocos se han subido realmente a un coche eléctrico, salvo algún taxi que hayan pillado al vuelo.
Me imagino, por los canales que utilizan, que la mayoría de ellos son más o menos jóvenes y eso me hace creer que no piensan, ni por asomo, tener un coche en su vida, porque si no fuera así les tocará la desdicha de acabar subidos, antes o después, en una de esas lavadoras con ruedas que tanto vituperan.
Lo siento por vosotros, pero la batalla contra la electrificación la tenéis perdida. No hay vuelta atrás y está por ver si el hidrógeno, que al final es lo mismo, o los combustibles verdes, que se están investigando, pueden completar la oferta.
Por mucho que repiquéis las campanas avisando del peligro de los coches eléctricos, no vais a impedir que las calles se vayan plagando de vehículos silenciosos y sin tubos de escape.
Pero queridos haters, no pretendo amargaros la vida. Yo también me cuento entre los denominados petrolheads, los amantes de los coches de gasolina. Bueno, y un poco también de los diésel, pero tengo que reconocer que en los últimos tiempos me ha tocado probar sobre todo coches eléctricos. Que la mayoría tienen unas pautas de conducción muy semejantes entre sí, es cierto; que las sensaciones son parecidas de unos a otros, también, pero entre la marea eléctrica tengo que reconocer que hay coches que me han sorprendido. Coches que en kilovatios suman 1.000 caballos, con aceleraciones fulgurantes, imposibles de conseguir con petroleros, y velocidades de paso por curva muy superiores a estos. Los tiempos que consiguen en circuito reafirman que pueden ser más rápidos que los coches de combustión, así que no cabe llamar a eso lavadoras con ruedas. Son coches rápidos, veloces y que provocan vértigo, igual que los de combustión. No en vano en sus frontales lucen escudos de marcas afamadas de la historia. Incluso los más radicales, como Ferrari, Lamborghini, Aston Martin o McLaren, ya emplean la energía híbrida para conseguir prestaciones y sensaciones al volante. Y lo que me llama más la atención, queridos haters, es que ya hay modelos eléctricos de marcas generalistas con precios por debajo de 25.000 euros, que tienen líneas atractivas y, sobre todo, un comportamiento en carretera semejante al de los utilitarios de gasolina. Pero vosotros, como quijotes que sois, seguiréis viendo lavadoras en vez de coches.