Los coches más rápidos de Galicia

La Voz ha ido de ruta con los propietarios de algunos de los coches deportivos más potentes y exclusivos. Se reúnen una vez al mes y recorren las carreteras gallegas para dar rienda suelta a su pasión por automóviles que pueden superar los 500 caballos y los 250.000 euros. Siempre respetando las normas de tráfico y aprovechando para hacer turismo: no todo va ser pisar el acelerador.


Redacción / La Voz

«A mi no me gusta correr». Quien hace esta afirmación es el propietario de un Nissan GT-R, un vehículo de 480 caballos y que alcanza los 310 kilómetros por hora de velocidad punta. Por si acaso, en el salpicadero lleva un avisador de radares, un dispositivo legal que utiliza una base de datos que se va actualizando periódicamente. El GT-R es uno de los coches habituales en las quedadas de superdeportivos que organiza el coruñés Germán Urones, un aficionado a los automóviles de altas prestaciones que hace siete años se propuso reunir a los dueños de estos vehículos. «Poco a poco fui buscando a gente que tuviese marcas como Ferrari, que es mi favorita, es la marca que me pierde, pero también Lamborghini. Fuimos haciendo pequeñas reuniones, al principio eran tres o cuatro coches y ahora solo el grupo de A Coruña somos algo más de veinte, entre Lotus, dos Lamborghini, tres o cuatro Ferrari, Mercedes SLS, dos Audi R8...».

Cada mes hacen al menos una salida a la que se suman otros grupos de Galicia. «En Ourense está José Manuel Lage y con él vienen varios Porsche y un Lexus RCF [477 caballos, desde 87.000 euros]. En Vigo está Santiago Iglesias, que se centra más en Ferrari, él tiene un 355», explica Germán. En total se juntan hasta 70 coches y se han llegado a ver modelos muy exclusivos como dos Honda NSX o un Ferrari 348 GTB, del que se fabricaron muy pocas unidades. «En agosto hicimos una quedada para ver una colección y el dueño vino a comer con nosotros y trajo un BMW Z8 Alpina [un coche que se cotiza en el mercado de segunda mano por encima de los 350.000 euros]», señala el promotor de estas reuniones.

Para poder participar no hay un requisito mínimo «porque por ejemplo un BMW M3 o un M4, incluso el actual F80/82, no tiene el diseño de un deportivo como Porsche o Ferrari, pero es un coche que entra dentro del grupo», señala. Tampoco es una cuestión de potencia: «Un Alfa 4C tiene 241 caballos, pero encaja perfectamente dentro del grupo. No se trata de poner un listón ni de diseño, ni de potencia, es el conjunto del coche en sí y lo que represente dentro del grupo», añade.

El vehículo más potente que han tenido fue un Ferrari 599 GTB procedente de Portugal: una bestia con motor V12 de 612 caballos, que acelera de 0 a 100 en 3,7 segundos y alcanza los 330 kilómetros por hora y cuyo precio de partida -ya no se fabrica- era de 275.000 euros.

A pesar de la concentración de máquinas cuyo velocímetro podría reventar los detectores de la Guardia Civil, nunca han tenido ningún incidente. «Es algo que después de tantos años y salidas te sorprende -dice Germán-. Y al año hacemos entre doce y quince, que son unas cuantas. Ahora mismo lo que hay es un grupo de amigos y todo el mundo siempre que puede, viene».

El perfil de los participantes es muy heterogéneo. Hay propietarios que compraron el coche nuevo, pero también hay muchos que se hicieron con él de segunda mano. «Alguna vez he escuchado algún comentario diciendo “ahí van los ricos”, y es absurdo. Te cuesta más un Passat ranchera equipado hasta arriba que alguno de estos coches. La gente cree que son carísimos y a lo mejor el que tienen ellos cuesta más. Es el desconocimiento». Lo que sí se confirma es el tópico de que la mayoría de los conductores de superdeportivos son hombres. «A ellas les atrae más el tema de comer que la ruta en sí», reconoce Germán.

Normalmente, la jornada incluye paradas en puntos de interés como miradores o degustaciones gastronómicas. Y concluye con una comida en la que estos apasionados de los superdeportivos ponen en común sus experiencias. Las conversaciones giran en torno a cuándo se puede circular con matrícula histórica, cómo homologar el coche para pasar la ITV, consumos... Pero también hay tiempo para contar anécdotas, como la chica que prefiere montar en un Ibiza que en el Ferrari de su novio, el vecino de Santiago que se ha hecho de oro fabricando admisiones de fibra de carbono para estos automóviles, o un miembro del grupo que acaba de comprar de saldo un Ford Escort Cosworth que un panadero de 60 años guardaba en un pajar. «Ahora limpiar culatas, pulirlo y venderlo por 40.000», comenta alguno. La mayoría conoce gente que se dedica a eso, a buscar gangas de cuatro ruedas para luego restaurarlas y hacer negocio con ellas. «Un traballo ben feito, no las macarradas que se ven por ahí», matiza uno. «Yo creo que esto va a llegar un momento que va a reventar, porque pagar por un coche cuatro veces más que nuevo...», dice otro.

CARRETERAS CON BUEN FIRME

La parte social de estas quedadas es importante, pero lógicamente se reúnen para gastar gasolina y neumáticos, y ahí se ve de nuevo el perfil variado: desde el señor maduro que conduce estilo burgués hasta el quemado que adelanta a toda la caravana. Buscan carreteras con buen firme, porque estos coches tienen la suspensión muy dura y un mal bache pasa factura en la espalda. «Suelen ser carreteras sin tráfico y siempre vamos respetando todas las señales, sin hacer el cabra -explica Germán Urones- . Hubo dos o tres personas que tuve que prescindir de ellas porque tenían una forma de conducir que no era sana, ponían en peligro al resto». Curiosamente, el organizador de estas salidas es el único que no tiene un coche deportivo. «Lo pensé, pero más adelante. Yo esto lo tengo como un hobby, como el que llega el sábado y dice “me voy a hacer footing” o “yo me voy de acampada”. Pues yo voy a hacer una concentración», concluye.

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