Portugal: el salvavidas de vender en la puerta

Con el país aún confinado, el gobierno de António Costa ha permitido la comercialización de productos a la entrada de los establecimientos para evitar la quiebra de los negocios


Portugal vive su decimocuarto estado de emergencia y el segundo confinamiento general, desde que llegó la pandemia al país hace 13 meses. Con todo cerrado desde el 15 de enero, salvo los negocios esenciales, los pequeños comerciantes y hosteleros empiezan a respirar. Tras dos meses de parón, el ejecutivo dirigido por el socialista António Costa autorizó el pasado 15 de marzo lo que allí se conoce como apertura al «postigo», que ha evitado la quiebra y la desaparición de muchas tiendas y cafés. ¿Pero en qué consiste? Básicamente, en vender solo en la puerta de un establecimiento, sin que el cliente pueda entrar en ningún momento en la tienda, en el café, en el restaurante o probarse alguna prenda de ropa, de joyería o de calzado.

En Baixa-Chiado, el corazón turístico de la capital lusa, vacío hasta que los turistas vuelvan a llenar sus calles, esta modalidad ha tenido muy poca acogida, a diferencia de los barrios más populares de Lisboa y Oporto, en los que esta medida ha sido secundada por la gran mayoría de sus comerciantes. El presidente de la Asociación de Valorización de la zona de Baixa-Chiado de Lisboa (AVChiado), Vitor Silva, lo confirma . «Aquí, en Baixa-Chiado, apenas un 10 % de los negocios han abierto al postigo, porque la mayoría se dirigen al turismo, ahora parado», explica Silva, quien pronostica que «si el turismo no se reanuda en mayo, muchas de estas tiendas no volverán a abrir». Todo lo contrario ocurre en los barrios lisboetas de Alvalade y Campo de Ourique, repletos de pequeñas tiendas de decoración, ropa, complementos, joyerías, tiendas para bebés y cafés, que vuelven a llenar de vida y trasiego sus calles con la venta al «postigo». Soledade Machado es la dueña de una conocida marca de ropa infantil cien por cien portuguesa: Pó de Talco. Con tres tiendas en el área metropolitana de Lisboa, no ha dudado ni un instante en ponerse a vender en la puerta para salvar sus negocios. «Mi marido y yo llevamos 30 años luchando, tenemos 10 empleados y no estamos dispuestos a que esta pandemia tire por la borda el esfuerzo de tres décadas», explica esta empresaria, mientras atiende a dos clientas a la puerta de su tienda de Campo de Ourique. En los dos meses en los que estuvieron cerrados y vendieron únicamente por Internet «la facturación se desplomó más de un 70 % porque este es un tipo de negocio que funciona presencialmente», afirma. «Las madres y las abuelas, vienen aquí a comprar ropa para sus hijos y nietos, nos confían momentos únicos como bautizos y primeras comuniones, quieren ver las prendas y que les asesoremos», dice mientras atiende a una clienta, Ana Guerra, que compra por primera vez al postigo. «Prefiero ver la ropa para mi bebé aquí y dejarme aconsejar».

Para los cafés y pastelerías también ha sido un respiro poder vender cafés y bebidas para llevar tras dos meses sin hacerlo. «La facturación se ha disparado desde el 15 de marzo con la venta al postigo», declara Manuel Lage, propietario de las pastelerías Az de Comer. Manuel, que da trabajo a 26 personas, recuerda que «para la gran mayoría de los portugueses, el café es casi un bien de primera necesidad, y lo último a lo que renuncian, por eso desde que lo podemos vender para llevar, nuestra pastelería tiene otro movimiento, porque muchos de los que vienen a por un café, se llevan también un pastel, un bollo o un salado», reconoce, mientras uno de sus clientes espera en la puerta por su pedido.

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