Inmigrantes al rescate del espárrago

La falta de mano de obra obliga a la primera potencia europea a hacer una excepción en las restricciones de viaje por el coronavirus. El país ha contratado a 80.000 temporeros


Berlín

 Hay tres cosas que vuelven locos a los alemanes en primavera: el sol, los helados y los espárragos. Esta verdura, acompañada a menudo por patatas cocidas y salsa holandesa, es considerada un manjar de temporada en la primera potencia europea. Pero este año el ingrediente por antonomasia que no falta en ninguna mesa germana que se precie se ha convertido en una víctima más de la actual pandemia.

Debido a las restricciones de viaje y al cierre de las fronteras europeas desde marzo para frenar la propagación del coronavirus, el campo alemán se ha quedado sin los alrededor de 300.000 temporeros que suelen llegar por estas fechas desde Polonia, Bulgaria, Rumanía y los Balcanes. El Gobierno ha modificado los estatutos laborales del sector, de forma que el personal disponible pueda trabajar más horas y sea posible contratar a empleados de otras industrias. «Tardarán tiempo en aprender. Es un desastre. Realmente necesitamos a los profesionales del este de Europa, que hacen una gran labor», lamenta Simon Schumacher, portavoz de la Asociación de Agricultores del sur de Alemania.

La presión ha obligado a los ministerios de Agricultura e Interior a hacer finalmente una excepción por la cosecha del espárrago, y dejar entrar al país a 40.000 temporeros rumanos en abril y otros tantos en mayo. Eso sí, entre fuertes medidas de seguridad. Los primeros fueron trasladados en vuelos chárter organizados en grupo, para evitar días de autobús por media Europa. Los empleados, previamente seleccionados, aterrizaron en los aeropuertos indicados por la policía, y se sometieron de inmediato a un chequeo médico, cuyos resultados enviaron a las autoridades sanitarias competentes. Una vez dentro de Alemania, no se les permite desplazarse individualmente ni recibir visitas.

Además, cada empresa debe garantizar que sus empleados mantienen la distancia de seguridad de 1,5 metros entre ellos, y separarles en grupos tanto de alojamiento como de trabajo, para que siempre permanezcan junto a las mismas diez personas, o 20 como máximo. Así es más sencillo identificar a aquellos que han estado en contacto con alguien infectado, y ponerles inmediatamente en cuarentena preventiva. Para eso, es necesario que las habitaciones estén ocupadas solo a la mitad, salvo en el caso de las familias, y prestar atención a aspectos sencillos, como el lavado de la ropa y de los utensilios de cocina a 60 grados. Esas son algunas de las directrices que establece el instituto médico Robert Koch, encargado de la gestión de la pandemia.

Paralelamente, muchos propietarios están ofreciendo mejores condiciones laborales. «Para los espárragos, nuestros socios están pagando el doble del salario habitual y dando mejores alojamientos y alimentación, de modo que los trabajadores no tengan que salir de la finca», explica Emese Molnar, que dirige una empresa rumana que envía temporeros a otros países, entre ellos Alemania y Holanda. Con todo, muchos no quieren correr riesgos. «Si tienen miedo a salir de casa, ¿cómo van a viajar al extranjero?», se pregunta Simona, una agente rumana.

Crece siete centímetros al día

Alemania necesita al menos 85.000 temporeros más este año. Y de forma urgente, porque, mientras, el espárrago blanco crece una media de siete centímetros diarios. Así que la titular de Agricultura, Julia Klöckner, ha recurrido a la ayuda de unos 10.000 voluntarios mensuales, entre ellos desempleados, estudiantes, demandantes de asilo y trabajadores temporales alemanes.

La Federación alemana de Agricultores aplaudió las excepciones, pues además del espárrago, urge cosechar en mayo ruibarbo y fresas, así como plantar lechugas, col y brócoli para más adelante. No obstante, los medios se hacen eco de la polarización que suscitan las medidas, con las que las autoridades buscan una fórmula para mantener sana a la población y al mismo tiempo reimpulsar la economía.

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