Mr. Wonderful: el buen rollo no es para siempre

Sus fundadores, Angi Cabal y Javier Aracil, andan enzarzados desde hace un tiempo en los tribunales litigando contra una empresa a la que acusan de competencia desleal al aprovecharse de su trabajo


Redacción / La Voz

O la odias o la amas. Diría que no hay término medio con la idea que un buen día del año 2011 Angi Cabal y Javi Aracil convirtieron en un negocio. Mr. Wonderful lo llamaron. La empresa del buen rollo. O del ñoñerío, que volvemos a aquello que escribíamos al inicio. La de las frases motivadoras y enunciadas por nubes, trompos o naranjas impresas en todo tipo de productos: tazas, camisetas, agendas, libretas, tarjetas de regalo... «Deja de darle vueltas a todo y sonríe», «si te esfuerzas no habrá sueño que se te resista», «me gustas más que el wifi gratis»... Un legado sin fin que ha alimentado más de un timeline de Facebook y que ha permitido a este matrimonio catalán crear una compañía con una facturación anual que orbita alrededor de los 30 millones de euros, una plantilla de 150 trabajadores y presencia en 26 países. 

Cuenta la leyenda que ambos crearon la compañía en el sofá de su casa y preparando su propia boda. El mercado no les ofrecía lo que querían y por eso se propusieron elaborar ellos mismos la invitación y otros artículos para el convite. Sabían lo que hacían. Al fin y al cabo, los dos eran diseñadores gráficos en pleno ejercicio. El caso es que sus creaciones arrasaron entre los amigos, que empezaron a pedirles ayuda para todo tipo de celebraciones.

Al poco tiempo, tenían una página en Facebook que causaba furor y un sorteo de una camiseta con una de sus happy frases reventó la máquina. La quería mucha gente. Aquello fue el punto de inflexión para una empresa que apenas tres años después facturaba seis millones de euros. Y creciendo...

Pero el buenrollismo, como todo el mundo sabe, no es para siempre y desde hace un tiempo andan Cabal y Aracil enzarzados en los tribunales. No entre ellos, no, sino con otra empresa a la que achacan lo de siempre: robarles su trabajo y sacarle una jugosa rentabilidad. En concreto, litigan contra Dcasa, a la que acusan de competencia desleal por «aprovechamiento de la reputación o el esfuerzo ajeno». 

Lo que sostiene Mr. Wonderful, básicamente, es que su competidor les ha plagiado una idea de negocio, un estilo de diseñar camisetas, tazas o libretas acompañadas de frases motivadoras que en realidad se inspira en el trabajo que los dos diseñadores impulsaron desde el nacimiento de la compañía. Dcasa lo niega y asegura que su apuesta se incardina en una tendencia de mercado que va mucho más allá de lo creado por Cabal y Aracil.

Un proceso sobre la propiedad intelectual tan apasionante como controvertido. No en vano, la compañía presente hoy en gigantes como El Corte Inglés o la FNAC (cuenta con más de mil puntos de venta) logró una primera victoria en los juzgados de instrucción que fue revocada hace solo unos días por la Audiencia Provincial de Alicante, para la cual «no es posible concluir que el consumidor asocie directamente los productos de Mr. Wonderful y el estilo incorporado en los mismos con un determinado origen empresarial».

Lejos de rendirse, los catalanes han decidido porfiar en su causa y van a trasladar el proceso al Tribunal Supremo, que en última instancia tendrá que dirimir quién tiene la razón. «El único error sería no intentarlo», reza el lema de una de sus fundas de móvil más célebres. Tiene su lógica. El pastel bien vale un paseo. Aunque sea entre espinas.

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