De la vela con olor a vagina a la piedra mascota, cómo hacerse millonario con una idea absurda

Gwyneth Paltrow ha engrosado estos días su cuenta corriente con su última y exótica propuesta. Antes que ella, Gary Dahl se hizo rico comerciando con cantos rodados


Redacción / La Voz

La actriz Gwyneth Paltrow ha sabido convertir su peculiar estilo de vida en la gallina de los huevos de oro. Como si de la mano del rey Midas se tratara, todo lo que toca se traduce en dinero contante y sonante. Da igual si detrás de su imagen se encuentra el producto más inverosímil. Y para muestra, el último grito de su página web: una vela que se vende con la promesa de oler como la vagina de la estrella de Hollywood. Lo insólito del negocio y el precio no apto para cualquier bolsillo (75 euros por unidad) no han impedido a Paltrow hacer de su fragancia todo un éxito. La vela se agotó en unas pocas horas y la lista de espera de consumidores ávidos por hacerse con una es inmensa.

No es la primera vez que la actriz de Iron Man se gana el sueldo poniendo en el mercado objetos extraños. Goop, el portal de Gwyneth Paltrow, es un no parar de excentricidades. En este bazar de sorpresas se puede encontrar un «spray anti-vampiros», formulado con una combinación de gemas y aceites terapéuticos que promete desterrar las malas vibraciones y proteger al incauto comprador de las personas que las causan. Pero ojo, porque eso de proteger el aura tiene su coste. Nada más y nada menos que 25 euros. También lleva la firma de Paltrow uno de los cafés más caros del mundo que, además, poco o nada se puede disfrutar en una tradicional taza. En Goop se vende un enema de café denominado Implant-O-Rama cuyo precio asciende a los 135 dólares.

Ocurrencias aparte, a Paltrow no le va nada mal con esto de vender excentricidades. Según datos de The New York Times, el imperio de la actriz estaba valorado en el 2018 en 224 millones de dólares. Y no es la única que ha sabido hacer de oro las ideas más increíbles.

Rico vendiendo piedras

Gary Dahl también consiguió engrosar su cuenta corriente vendiendo la cosa más extraña. Allá por 1975, este publicista se hizo millonario vendiendo piedras. Y no preciosas precisamente. Simples, burdas y llanas piedras. La ocurrencia surgió una tarde con amigos. Mientras ellos se quejaban del trabajo que les daban sus perros y gatos, Dahl bromeó diciendo que él poseía la mejor mascota del mundo: una roca que no necesitaba comer, bañarse o pasear y que no enfermaba ni envejecía. El germen ya estaba plantado. Dahl bautizó a su invento como Pet Rock y se puso manos a la obra para escribir una guía con instrucciones sobre cómo tratar con la pequeña piedra. Entre el manual había incluso detalladas directrices de cómo hacer que se desplazara o incluso cómo jugar a que se «hiciera el muerto». Y triunfó. En pocos meses, la empresa de Dahl ya enviaba más de diez mil Pet Rocks cada día y en las Navidades se llegaron a comercializar más de dos toneladas y media de rocas. Los cantos rodados se convirtieron en la mascota de América de los años setenta y en la mejor ocurrencia de su rico creador. Y el paso del tiempo no le ha sentado mal. Porque a día de hoy se pueden encontrar en las tiendas Pet Rocks evolucionadas, con cables USB incorporados.

Tan simple como la piedra fue el negocio que hizo rico a Ken Ahroni. En los países anglosajones es tradición coger el hueso del pavo que tiene forma de V en Acción de Gracias y partirlo a la mitad: el que se queda el más largo puede pedir un deseo. Lo que Ahroni no soportaba es que, al haber solo un hueso en cada pavo, solo dos personas pudieran participar en el juego. Así que se puso manos a la obra. Se le ocurrió fabricar huesos de plástico y, con el nombre de Lucky Break Wishbone, distribuirlos para que todo el que quiera pueda jugar. Poca broma. Porque sus ventas superan los 2,5 millones anuales.

Los perros también son una jugosa fuente de beneficios. Cualquier cacharro con los canes (o más bien sus dueños) como público objetivo es susceptible de hacer de oro a su inventor. Roni Di Lullo, la empresaria detrás de Doggles, por ejemplo, se hizo millonaria vendiendo gafas para que los más peludos de la casa pudieran tomar el sol o incluso bucear. Tras sacar sus Doggles al mercado en el 2014, en solo un año ya había ganado más de 100.000 dólares y en el 2016 ya facturaba 3 millones.

Un simple resorte

Hay otros cacharros que han conquistado el mercado con la sencillez como principal máxima. Muchos de ellos forman ya parte de la cultura y poca sorpresa causan en el consumidor. Pero sus casos merecen una mención. Es el caso del Slinky, el famoso resorte de juguete que ha conseguido colarse en el hall de la fama de los juguetes más vendidos de la historia. Por no hablar de la archiconocida batamanta. Este simple artilugio ha vendido más de 30 millones de unidades desde que en el 2008 llegó al mercado.

 El absurdo también es lucrativo en el mundo de las aplicaciones

Lo de hacerse rico con negocios de lo más absurdos llega hasta límites insospechados. Incluso al mundo de las aplicaciones, donde se pueden encontrar un sinfín de programas de utilidad bastante cuestionable que, sin embargo, han conseguido convencer a miles de personas de todo el mundo. En el vasto mundo de las aplicaciones se pueden encontrar programas que cuestan miles de euros que tan solo ofrecen, por ejemplo, la posibilidad de poner una gema en el fondo de pantalla del móvil.

Otro ejemplo de este despilfarro es iFart, una aplicación que tan solo ofrece una veintena de sonidos que imitan a las flatulencias. Y sorprendentemente, ha sido una de las aplicaciones más vendidas en la AppStore.

Esta herramienta permite que, tras pulsar un botón, el usuario pueda recrear diferentes ventosidades, algunas con nombres tan increíbles como el de «bombardeo». Lo sorprendente es que, a pesar de no ser una app gratuita, miles de personas decidieron en algún momento estirar el bolsillo y pagar por disponer este programa en su móvil. Joel Comm, su creador, llegó a ganar 10.0000 dólares en un solo día con esta app.

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