¿Intenta llegar a final de mes?


Profesor titular de la Universidade de Vigo e investigador del Grupo-GEN

Sin paños calientes: el 13 % de las personas que trabajan en España se encuentran por debajo del umbral de la pobreza, un porcentaje que nos sitúa como el tercer país de la Unión Europea con mayor indicador. Además, el 60 % de los trabajadores a tiempo parcial en España lo son de forma involuntaria, prácticamente el doble que la media europea.

Suma y sigue. El empleo de por vida es algo en peligro de extinción, una rara avis en el cada vez más complejo y sinuoso mercado laboral. Por cierto, de lo anterior tampoco se libra el sector público, con una tasa de temporalidad que no tiene nada que envidiar a la del sector privado.

En la anterior marejada es normal que los trabajadores deseen buscar una solución a la falta de oportunidades laborales. Una forma de hacerlo, aunque no la única, es buscando una actividad laboral complementaria a la principal. Esto supone tener dos o más empleos para poder llegar a fin de mes o hacerlo con mejores condiciones que si se tiene un solo trabajo.

Lo anterior no es algo novedoso. Desde hace muchos años existe en España el pluriempleo o la pluriactividad. El primer caso es cuando un trabajador tiene varias ocupaciones que trata de compatibilizar en el tiempo; el segundo surge cuando un profesional por cuenta propia realiza varias actividades. En ambos casos el objetivo es el mismo, tratar de mejorar su, por lo general, exigua capacidad económica y potenciar su proyección laboral.

Lo que sucede es que hasta hace pocos años ambas situaciones no eran excesivamente frecuentes en España, pero cada vez son más el pan nuestro de cada día. Lo que antes era la excepción, cada vez es más habitual y parece que esta tendencia se está acentuando, tal y como sucede en el resto de países europeos.

El problema es que este tipo de ocupaciones no suelen estar bien remuneradas y son trabajos por horas o bien a la demanda. Pensemos el caso del servicio de comida o de reparaciones a domicilio o del transporte de pasajeros o de mercancías a través de una aplicación informática. Si hay clientes, se cobra, pero no hay garantizada remuneración alguna y, por lo general, la retribución dependerá del esfuerzo del trabajador, es decir, de las horas que le eche el empleado a la realización de la actividad.

De ahí que es necesario regular adecuadamente estas situaciones. La trayectoria laboral de los trabajadores se comienzan a valorar al peso, contando el número de hojas que contiene el informe de vida laboral que envía periódicamente la Seguridad Social, puesto que cada vez es más frecuente trabajar por horas o días y en trabajos con menor remuneración.

Difícil es escapar de esta tendencia, por esto debemos regular adecuadamente este nuevo marco laboral. Debemos de tener muy presentes los problemas detectados en otras economías, quizás el caso más patente es el modelo norteamericano, donde el 5 % de la población trabajadora viene compaginando desde hace varias décadas dos o más empleos para llegar a fin de mes. No es oro todo lo que reluce si se trata de empleos complementarios con baja productividad y escasa proyección laboral.

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