Cómo crece Galicia: lo que dice el PIB

El patrón de crecimiento de la economía gallega ha experimentado un cambio muy acusado y brusco en el último año.La aportación de la demanda interna ha tomado el relevo del sector exterior como pilar central del repunte del producto interior bruto de la comunidad. Las negativas señales que emanan de la progresiva pérdida de peso de las exportaciones, no obstante, piden a gritos un análisis exhaustivo y detallado para aclarar las causas de este comportamiento.


Subdirector del Foro Económico de Galicia

Mientras no se demuestre lo contrario, el principal indicador para medir el crecimiento de una economía es su producto interior bruto (PIB). Llevamos casi un siglo utilizando esta magnitud para cuantificar el crecimiento de un territorio, por lo que se ha convertido, por méritos propios, en una clara referencia de agentes decisores políticos, económicos y sociales. Es cierto que, cada vez con más fuerza, surgen corrientes críticas con esta forma de medir el crecimiento, pero las alternativas que se proponen presentan problemas, cuando menos, semejantes.

En este sentido, estaremos pendientes a la iniciativa recientemente anunciada por el Gobierno de Nueva Zelanda, que ha apostado de manera oficial por el uso de un indicador de crecimiento alternativo que contemple otros aspectos relativos a la calidad de vida de la población. Pero mientras tanto, en nuestro entorno el PIB es la mejor forma de medir la evolución económica en el tiempo de forma continua y coherente.

Para el caso de Galicia, el PIB es calculado en las cuentas económicas por el Instituto Galego de Estadística (IGE) con una frecuencia trimestral y anual (cada cuatro trimestres). Así pues, la denominada Contabilidade trimestral nos proporciona el mejor referente para saber cuánto y cómo está creciendo nuestra economía. Y es en este segundo adverbio, el cómo, donde merece la pena detenerse y prestar atención.

Romper pronósticos

El PIB gallego avanzó el pasado año un 2,8 % con respecto al anterior, lo que supone un descenso de cuatro décimas con respecto al 2017. Sin embargo, constituyó un crecimiento superior a lo que pronosticaban muchos organismos e instituciones, al tiempo que se situó ligeramente por encima de la media española (2,6 %). El primer trimestre del año la cosa ha ido considerablemente peor en términos de tendencia puesto que el incremento ha sido más bajo, cifrándose en un 2,3 % interanual (2,4 % para España). No obstante, conviene profundizar e ir un poco más allá de estos datos y saber qué es lo que se esconde detrás de este crecimiento. Para ello, el PIB nos proporciona información y herramientas suficientes sin mucho trabajo añadido. Una mera observación de los denominados componentes de la demanda nos permite identificar un cambio muy notable y brusco en el patrón de crecimiento de la economía gallega. En concreto, se comprueba cómo en los cuatro últimos trimestres el signo positivo del PIB gallego viene explicado exclusivamente por la demanda interna (consumo e inversión).

Frente a este comportamiento interno tan destacado, contrasta la debilidad del sector exterior, que lleva cuatro trimestres consecutivos con una aportación negativa (y con una tendencia decreciente muy marcada).

Este hecho pone de manifiesto que, a día de hoy, el crecimiento de la economía gallega se sustenta en pilares totalmente diferentes a los de hace un par de años, y que fueron los que permitieron capear el temporal (por no decir ciclogénesis) de la crisis económica. Así, tomando como referencia los datos de los años completos, el crecimiento de la actividad económica en Galicia se explica por aportación de la demanda interna, ya que el saldo exterior neto detrae una décima al crecimiento agregado del PIB. En el año 2018 la demanda interna aportó a este crecimiento 2,9 puntos. Esto supone siete décimas más que en el año anterior y supone la contribución más elevada desde el año 2007, esto es, justo a comienzos de la crisis. Quiere esto decir que el comportamiento económico dentro de nuestros mercados está claramente pujante y con síntomas de dinamismo.

En particular, destaca el fuerte impulso de la inversión (medida en términos de formación bruta de capital), que creció en el 2018 un 7 % interanual frente al 5,5 % del año anterior. Igualmente sobresale el consumo privado, que presenta una importante aceleración en su ritmo de crecimiento registrando, en el 2018, una tasa de variación interanual del 2,3 % (un punto porcentual superior al del 2017). El otro componente de la demanda interna (el consumo de las administraciones públicas) también presenta una tendencia favorable, si bien modera su avance con respecto al año anterior. Por tanto, los tres indicadores de la demanda interna de Galicia terminaron el año 2018 con un comportamiento en el cuarto trimestre más positivo que en el trimestre anterior.

Y una de arena

Como ya fue anticipado, un comportamiento radicalmente opuesto al de la demanda interna se observa en el sector exterior. Las cifras del 2018 del producto interior bruto de Galicia ponen de manifiesto que el año terminó con una tendencia claramente negativa. En concreto, en el último trimestre se produjo una contracción tanto de las exportaciones como de las importaciones (-1,8 % y -1,4 %, respectivamente). Se trata este de un hecho que no se producía desde el primer trimestre del 2015.

De este modo, en el conjunto del ejercicio las ventas de las empresas gallegas al exterior crecieron con respecto al año anterior un 3,4 %, al tiempo que las compras fuera de Galicia aumentaron en un 3,9 %. Estos porcentajes implican una situación preocupante por dos motivos. En primer lugar, porque supone un descenso con respecto a las cifras del año anterior (5,5 % y 3,2 %, respectivamente) y, sobre todo, porque la aportación de la demanda externa en Galicia alcanza valores negativos (detrayendo una décima respecto al crecimiento agregado del PIB).

Con todo ello, la señal más preocupante es la tendencia que parece haber emprendido, puesto que los datos disponibles del primer trimestre de este año agravan todavía más la situación. Las exportaciones gallegas descendieron en términos interanuales un 8,4 %, al tiempo que las importaciones disminuyeron un 7 %. Más aún, desde el segundo trimestre del año pasado, la demanda externa detrae décimas al crecimiento del PIB, lo que contrasta con períodos como el segundo trimestre del año 2017 (cuando llegó a superar en tasas de crecimiento al de la demanda interna).

Todos estos datos, y sobre todo su tendencia, suponen una clara señal de alarma sobre la debilidad del sector exterior gallego. Ello viene explicado por su elevada concentración (tanto geográfica como sectorial) que hacen a nuestras exportaciones claramente dependientes de los países destinos (un 75 % a la Unión Europea). Como es conocido, ninguno de ellos (Italia, Alemania, Francia…) está pasando por sus mejores momentos.

Invertir la situación

Así pues, se hace necesario analizar con más detalle las causas y razones de este comportamiento tan negativo del sector exterior de Galicia pero, pese a sus bondades, el PIB no permite profundizar más. Está identificado el principal problema del crecimiento a escala macro de Galicia en la actualidad: su sector exterior. Si además pensamos que hasta hace no mucho fue un robusto pilar sobre el que se sustentaba, conviene revisar con calma qué es lo que ha cambiado y de qué manera, para que la situación sea justamente la inversa.

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