La UE abre el paraguas para protegerse del caos financiero del «brexit»

España queda fuera de la batalla por atraer a los grandes bancos y fondos de inversión de la «City»


Bruselas / La Voz

Una disección en vida. Es lo que la UE pretendió infligir al Reino Unido tras anunciar que abandonaría el club. La palabra brexit no solo desató el pánico en el sector financiero, también hizo la boca agua a algunos gobiernos que, como el alemán, no tardaron ni tres semanas en anunciar su intención de desgarrar el cuerpo financiero de la City londinense y atraer alguno de sus miembros a Fráncfort, la plaza germana. No fue el único. Muchos otros se sumaron al festín, alentados por los mensajes de Bruselas, pensando que podrían conseguir una parte del pastel. A las puertas de que expire el plazo para que los británicos abandonen la UE (29 de marzo del 2019), el éxodo de entidades bancarias, aseguradoras y fondos de inversión hacia el Viejo Continente continúa. Y la razón no es otra que la incertidumbre y la necesidad de abrigo.

Bruselas y Londres no han sido capaces de blindar al sector ante el tsunami de pérdidas que podría sufrir si el divorcio se cierra sin acuerdo. Más allá de reubicar agencias y atraer negocios, lo cierto es que la estabilidad del sistema financiero europeo sigue en el aire. A pesar de las llamadas de las autoridades a elaborar planes de contingencia y a no posponer decisiones, como el traslado de oficinas y personal, las entidades financieras no se han preparado. «El progreso en los preparativos es inadecuado», reconoció la Autoridad Bancaria Europea (EBA) en el mes de junio, al tiempo que lanzaba reproches a sus máximos responsables. Ante la inacción deliberada de las compañías, la Comisión Europea tuvo que echar mano en los últimos meses de parches legislativos para evitar que el brexit arrastre a la economía europea por el precipicio.

¿Qué problemas afronta el sector financiero?

Pasaporte comunitario. Las compañías con sede en el Reino Unido que suministren servicios bancarios, de pago, seguros, inversión así como la emisión de dinero virtual, perderán sus licencias para operar en la UE a partir del 30 de marzo del 2019. Esa es la razón por la que algunos gigantes han empezado a trasladar parte de su plantilla al otro lado del Canal de la Mancha. Solo si convierten sus sucursales en filiales sometidas a las normativas y supervisión de la UE podrán continuar con su actividad. Además, Bruselas rechaza abrir la mano con un régimen de «equivalencias», o reconocimiento mutuo, hasta que el Reino Unido se comprometa a aplicar un marco legal y unas reglas de supervisión igual de ambiciosas que la UE. Hasta entonces, las puertas seguirán cerradas.

Agujeros de capital. Ni los contratos ni los derivados suscritos con un operador británico más allá de la fecha de salida estarán sometidos a la legislación de la UE, ya que el Reino Unido será un país tercero. Los instrumentos financieros de sello británico ya no podrán utilizarse como parte del colchón de capital que exige la UE a los bancos en sus directivas sobre resolución. Esta situación ha llevado a Bruselas a recomendar a las entidades que revisen sus balances para identificar posibles agujeros en el futuro. «Es posible que necesiten más capital por su exposición a derivados en manos de instituciones crediticias y de firmas de inversión que hayan perdido acceso al mercado», indica en sus documentos de trabajo. El Banco de Inglaterra calcula que el valor de la cancelación de derivados alcanzaría los 46 billones de euros.

Cámaras de compensación. Son la parte más golosa del pastel para el resto de plazas europeas. Hay al menos cuatro grandes CPP radicadas en Londres que tramitan al día transacciones financieras por valor de 927.000 millones de euros. Y a partir del 29 de marzo del 2019 podrían ver cerradas las puertas de la UE. Una tragedia si se tiene en cuenta que el 75 % de las actividades de estas cámaras a nivel mundial sobre derivados se concentran en el Reino Unido. Su infraestructura es fundamental para el buen funcionamiento del sistema financiero europeo. Por eso Bruselas barajó la posibilidad de obligarles a reubicarse en el Continente para seguir ofreciendo servicios. Lo mismo ocurre con el futuro intercambio de datos entre centros de gestión. Los británicos han desarrollado una red eficaz y competitiva de la que dependen sus socios europeos. Paralizar el flujo acarrearía pérdidas millonarias para empresas.

¿Cuáles son los planes de Bruselas?

La Junta Única de Resolución (JUR) sugirió a mediados de noviembre conceder más tiempo a los bancos de la UE para alcanzar los nuevos requisitos de capital establecidos para el 2020 si las entidades se ven obligadas a hacer frente a derramas derivadas del brexit.

En cuanto a los problemas con la pérdida de pasaporte comunitario, la Comisión sigue explorando la posibilidad de exprimir al máximo las «equivalencias» de los marcos regulatorios. El futuro de las cámaras de compensación parece más claro. Dada su importancia para la estabilidad financiera, el Consejo rechaza suspender su actividad o forzar su traslado a la UE, a cambio de que el Reino Unido mantenga abierto el flujo de datos. Los Veintisiete acordaron darles vía libre siempre que cumplan con la legislación comunitaria. La UE quiere otorgar más poderes a la Autoridad Europea de Mercados y Valores (ESMA) para crear una unidad especial dedicada a analizar el riesgo de cada CCP. Si concluye que alguna comporta un riesgo para todo el sistema se le podría revocar el permiso o se le podrían exigir requisitos adicionales de liquidez, acceso a información relevante, supervisión ad hoc e inspecciones en sus oficinas.

¿Afectará a los clientes?

Bruselas considera que, a excepción de los seguros (renegociación de contratos) y los servicios de pago, no hay otros riesgos. No habrá problemas para efectuar pagos o retirar efectivo con tarjetas de crédito o débito expedidas por el Reino Unido ya que funcionan con esquemas internacionales, pero sí «podría haber efectos en las comisiones» que cobren a los usuarios, admite.

¿Qué capitales europeas relevarán a La City?

«Los resultados no van a ser espectaculares, van a ser modestos», admitía en noviembre el presidente de la CNMV, Sebastián Albella. Y no se equivocaba. Ni los fondos de inversión, ni los servicios de seguros ni los gigantes bancarios que están emigrando del Reino Unido recalarán en Madrid. El mundo financiero apuesta por otras plazas europeas, atraídos por la permisividad fiscal de Dublín, la experiencia «ingeniera» de Luxemburgo, la flexibilidad y dinamismo de Ámsterdam, el poder e influencia de Fráncfort o la ubicación estratégica de París, donde han desembarcado Bank of America, JPMorgan Chase, Morgan Stanley, HSBC y la gestora BlackRock, atraídos por suculentas ventajas fiscales. ¿Qué hay de España? Más allá de los Pirineos, no han calado sus campañas de buses publicitarios. Madrid no jugará en la Champions League financiera tras el brexit. Y no lo hará porque los dueños de las finanzas buscan seguridad jurídica, dinamismo y buenos servicios. La saturación de juzgados, la falta de innovación en el sector y el limitado conocimiento del inglés en los ámbitos judiciales y financieros españoles dificultan la misión. Además de París, que consiguió arrebatar a Londres la EBA, otra de las plazas que han dado la campanada ha sido Ámsterdam. Los expertos sostienen que la capital holandesa podría acabar concentrando entre el 30 y el 40 % del mercado europeo con la salida precipitada de compañías que hasta hoy operaban en Londres. El regulador mantuvo conversaciones en el mes de noviembre con 150 empresas interesadas en obtener licencias para garantizar sus actividades en la UE tras el brexit. Al menos 20 ya las han solicitado. Mientras las compañías bursátiles ultiman la apertura de sus sucursales en Holanda, los bancos (30) lo hacen en Fráncfort, al abrigo del BCE. Un movimiento que hará perder a Londres 800.000 millones de euros en activos y 5.000 puestos de trabajo en el sector solo de aquí a marzo. Los fondos de gestión de activos se inclinan por Luxemburgo. Los analistas del BBVA sostienen que «a pesar de ciertas migraciones, es probable que Londres mantenga su rol como centro financiero global». A pesar de haber perdido la primera posición, el empleo y la apertura de negocios mantienen el ritmo. Un escenario que se podría borrar de un plumazo el 29 de marzo del 2019. Hasta medio millón de trabajadores y 20.000 negocios en la City asisten en vilo a este último tramo de carrera del brexit.

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