Extravagancias para ganarse el pan

El maquillaje de alimentos es un negocio en alza para el que ya forman en escuelas; en otros empleos raros pagan bien y no requieren cualificación, como el de probador de colchones


Redacción / La Voz

Aunque redactase frases como «si te caes siete veces, levántate ocho» o «el fracaso más grande es nunca haberlo intentado», hasta el mismísimo escritor de los mensajes del mayor productor de galletas chinas vivió un calvario del que no consiguió reponerse. Donald Lau se quedó sin creatividad. Dejó de tener ideas motivadoras con las que inundar de positivismo al mundo, así que no lo dudó y el pasado año dejó su puesto vacante. Un goloso cargo que, claro, pronto fue ocupado. Con más frecuencia de lo que se imaginan aquellos que buscan empleo de forma activa, salen a relucir oficios que además de extravagantes, como en el caso del redactor de deseos de galletas de la fortuna, están más que bien remunerados y no precisan de una alta cualificación.

Es el caso del proceso de selección de exploradores para dar la vuelta al mundo buscando ginebras -que, por cierto, se cerró el pasado lunes-. Lo que para muchos refleja un plan perfecto de vacaciones, es una actividad por la que la compañía de restauración londinense Mr. Fogg’s está dispuesta a pagar al aventurero y su acompañante. Su misión no será otra que narrar sus periplos por diferentes partes del mundo a través de las redes sociales mientras va a la caza de los ingredientes idóneos (hierbas, especias, etc.) para crear el cóctel de edición limitada Around the World, que se servirá en el nuevo establecimiento que Mr. Fogg’s tiene en la capital británica. Este placer culpable remunerado no es nada, para muchos, si se compara con el noble arte de probar colchones. Este empleo, que consiste en dormir en diferentes colchones y realizar sendos informes sobre la calidad y comodidad de los mismos, le garantiza a más de uno meterse en cama sin preocupaciones. En el Reino Unido llegan a pagar hasta 1.200 euros.

NUEVOS RETOS

Precisamente, en las islas británicas los jóvenes tienen opciones especialmente peculiares entre las que escoger a la hora de plantearse qué quieren ser o qué quieren estudiar. Una de las más demandadas ahora mismo, y que se estudia en algunas escuelas de Europa, es la profesión de maquillador de alimentos. Sí. La función es la misma que la de un estilista al uso, con la diferencia que el objeto digno de ser embellecido puede ser una merluza, unas judías pintas o una hamburguesa. Inmersos en la era Pinterest e Instagram, este trabajo está convirtiéndose en la gallina de los huevos de oro, ya que cada vez más restaurantes reclaman los servicios de estos especialistas, que hasta la fecha se dedicaban sobre todo al ámbito publicitario. En España, sin embargo, aún vamos a la zaga de Europa y no hay estudios vinculados a este campo.

El plus del idioma

Pero dentro de nuestro país, e incluso se puede hilar más fino y acotar el radio a Galicia, hay una profesión que, sin ser quizás tan singular como un empujador de metro de Tokio, tiene una amplia oferta y un sueldo nada desdeñable. Se trata del encuestador telefónico. Este empleo, en el que pocos reparan, puede resultar cansado y monótono, pero lo cierto es que el sueldo supera los mil euros mensuales con el plus, en el caso de trabajar para algunas empresas de Madrid, «de ganar 1 euro más por poder comunicarme en gallego en caso de que el entrevistado quisiese que le hablase en ese idioma. Lo mismo sucede con la gente que demostraba que hablaba euskera y catalán», explica una viguesa que trabajó durante meses como encuestadora telefónica.

Como esta joven, que compaginaba sus estudios universitarios con este empleo para pagarse sus gastos, hay quien «por necesidad tiene que crearse un trabajo a medida». Lo explica Sergio Bulat, autor del libro El arte de inventarse profesiones. Este argentino afirma que eso de «no hay trabajo de lo mío» es una frase obsoleta que no sirve más que como excusa barata. Y pone varios ejemplos que, a su juicio, desmontan esta teoría. «Yo mismo, me hice coach literario, una profesión que no existía, y ahora ayudo a gente que no es escritora a sacar adelante sus libros. Antes o escribías bien o tenías que contratar a alguien que lo hiciese por ti, y no debe ser así». Para reafirmar la tesis muestra otro botón. «Conocí a una hondureña que apenas tenía para comer y se inventó su profesión para subsistir. Se convirtió en rascadora profesional de gente hospitalizada, y le fue muy bien».

Algo similar le sucedió a Jim Reid, que en los ochenta se hizo de oro gracias a que un día decidió bucear en un campo de golf y descubrió cientos de bolas usadas en perfecto estado. Así que no lo dudó y montó Second Chance Golf Ball Recyclers. Salió más que airoso.

Una empresa londinense acaba de cerrar un proceso de selección en el que buscaba a un catador de ginebras que diera la vuelta al mundo

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