Y yo, ¿cuándo me jubilo?

Los gallegos quieren retirarse a los 61, pero asumen que lo harán a los 67, según las encuestas; no hay una receta común para todos los trabajadores, salvo planificar la jubilación con tiempo


Redacción / La Voz

65 años y seis meses. Esa será la edad a la que los españoles a los que les toque retirarse en el 2018 se podrán ir a casa con el 100 % de la pensión, siempre que hayan cotizado el tiempo necesario para lograr la paga íntegra. Solo los que lleven más de 36 años y medio dados de alta podrán ahorrarse unos meses y jubilarse a los 65, el umbral tradicional para el retiro, que solo se mantiene para aquellos trabajadores con vidas laborales más largas. El resto verán cómo la meta se aleja un poco más cada año, hasta llegar a los 67 años en el 2027.

Los cambios introducidos en las últimas reformas del sistema de pensiones han añadido un poco más de confusión a una decisión, la de cuándo jubilarse, que nunca es sencilla. Por eso no se puede responder de forma categórica a la pregunta que encabeza este reportaje. No hay, remarcan los expertos, una ideal para retirarse. Al menos desde el punto de vista del trabajador. Para el sistema, obviamente, sí. «Cuanto más tarde, mejor», explica con ironía José Antonio Herce, director asociado de Economía Aplicada en Analistas Financieros Internacionales.

La cuestión cambia cuando se analiza desde la óptica del trabajador que, tras muchos años en activo, lo que busca es dar con el momento de poder retirarse percibiendo la máxima pensión a la que tenga derecho sin cotizar tiempo de más. Algo parecido a un ejercicio de optimización fiscal, pero aplicado al campo de la jubilación. Y ese es un cálculo que, como recuerdan en el Colegio Oficial de Gestores Administrativos de Galicia, hay que hacer caso por caso, porque no hay dos vidas laborales idénticas: «A veces esperar para retirarse y cotizar un año más puede suponer una diferencia importante en el importe de la pensión, que es para toda la vida, y otras veces ese año extra no altera el cálculo y le convendría jubilarse inmediatamente».

Como orientación general, recuerdan que son necesarios como mínimo 15 años trabajados para tener derecho a una prestación contributiva, que en ese caso sería del 50 % de la base reguladora, y que para percibir el 100 % se precisan actualmente 35 años y medio. Por cada mes que falte para llegar a ese listón la paga bajaría entre un 0,19 y un 0,21 %.

El otro elemento clave para determinar la cuantía de la pensión es la base de cotización, cuyo período de cálculo también se amplía. El próximo ejercicio se tomarán los salarios de los últimos 21 años, o de 25 si este cómputo fuera más beneficioso.

Con todas esas claves en la cabeza, los consejos de los asesores son claros. Si tiene dudas, consulte a un profesional o acuda a la Seguridad Social, donde podrá comprobar su situación personal, no empiece a planificar su pensión con 50 años -«ya será tarde»- y, en caos de ser trabajador por cuenta propia y tiene capacidad para subir su base, no cotice por la mínima toda la vida, «es clave para su jubilación, pero también para el resto de pensiones, ya sea incapacidad o viudedad».

La información, clave

La necesidad de mejorar la información es una de las claves en la que inciden los expertos, que apuntan a la carta naranja, el documento que el Gobierno se comprometió a hacer llegar a los trabajadores mayores de 50 años con un cálculo aproximado de la pensión que podían esperar, como un instrumento que facilitaría la toma de decisiones, también en la planificación del ahorro complementario para el retiro. Pero ese sobre, esperado por muchos, no ha llegado.

Y eso ha dado lugar, explica Herce, a algunas malas interpretaciones de la norma que pueden provocar serios quebrantos en algunas economías familiares. Sobre todo la que tiene que ver con la entrada en vigor en el 2019 del factor de sostenibilidad, que introducirá una nueva variable en el cálculo de la pensión: la esperanza de vida. «Estamos viendo que mucha gente está pensando en jubilarse antes de tiempo para que no le afecte ese factor de sostenibilidad», dice Herce, que desaconseja profundamente una salida que ve «irracional», porque el impacto «va a ser despreciable el primer año». Y es que se estima que la rebaja en la pensión inicial podría ser del 0,5 %, de forma que una persona que se jubilara en el 2018 y tuviera derecho a una paga de 1.000 euros, pasaría a cobrar 995 euros si lo hiciera en el ejercicio siguiente. Un mordisco «mucho menor que el impacto derivado de jubilarse de forma anticipada, que puede llegar a suponer siete puntos porcentuales menos por cada año de adelanto».

Pero hay otros a los que no les queda más remedio que pedir la pensión antes de tiempo, como explica Pedro Blanco, abogado de UGT-Galicia, que recuerda que entre los cambios introducidos en las prestaciones por desempleo durante la crisis está el que obliga a los parados que cobran el subsidio para mayores de 55 años a jubilarse en cuanto puedan, aunque sea de forma anticipada, lo que supone un serio mordisco a la pensión de los afectados, que no tienen más remedio que aceptar esa pérdida porque se quedarían sin ninguna otra renta.

Deseo contra realidad

Porque lo que dejan claro las encuestas es que, en el campo de la jubilación, una cosa son los deseos y otra bien distinta la realidad. «Los gallegos quieren jubilarse a los 61 años, pero piensen que no van a poder hacerlo a los 67», explica David Carrasco, director del Instituto BBVA Pensiones, desgranando una de las conclusiones de la última encuesta del centro de estudios, que recoge que dos de cada diez trabajadores de la comunidad son más pesimistas y piensan que tendrán que seguir trabajando hasta al menos los 70.

Una de las vías para poder adelantar la salida del mercado laboral es el ahorro complementario para la pensión. Ocho de cada diez gallegos ven necesario planificar financieramente el retiro, pero solo tres lo hacen. Y aquí, dice Carrasco, tampoco hay tiempo que perder, porque cuanto antes se empiece a ahorrar, más recursos se movilizarán y con un menor esfuerzo mes a mes.

«Si se agota la hucha de las pensiones no pasa nada, no es el fin del mundo»

G. Lemos

Defiende que «en España siempre se pagarán pensiones», pero no niega que en el futuro serán menos generosas. Además, advierte de que los jubilados están condenados a perder poder adquisitivo durante los próximos años, mientras se negocia una reforma del sistema que, a su juicio, debe pasar por vincular la edad de retiro a la creciente esperanza de vida

José Antonio Herce, uno de los expertos que han pasado por la comisión parlamentaria del Pacto de Toledo para analizar la reforma de las pensiones, cree que los miedos de la población sobre el futuro de las prestaciones pública esconde mucho de desinformación: «La gente en vez de escuchar a su cuñado, lo que tiene que hacer es leerse la normativa y hacer caso a las personas que pueden informarles con detalle. Lo que tienen que hacer es pedirle al Gobierno que lo explique bien».

-Pero no hay rastro de la famosa carta naranja, que Empleo iba a mandar para informar sobre qué pensión podemos esperar...

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