«A las mujeres nos falta entrar en el campo de la tecnología»

Ella y la catedrática María José Alonso son las dos únicas mujeres en la Real Academia Galega de Ciencias, y la próxima semana ingresará en la de Farmacia. Codirectora del grupo de Patología en Acuicultura de la USC, promovió una decena de patentes de vacunas que previenen enfermedades en pescados de consumo diario. Es, además, miembro de la Unidade de Muller e Ciencia de la Xunta.

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Santiago / La Voz

Doctora en Biología y licenciada en Farmacia, Alicia C. Estévez Toranzo (Pontevedra, 1955) es catedrática de Microbiología y dirige, junto con su marido Juan Luis Barja, uno de los principales grupos de referencia competitiva de Galicia, el de Patología en Acuicultura de la USC, en el que trabajan una treintena de investigadores. Cuando en el 2014 ingresó en la Real Academia Galega de Ciencias, se sintió orgullosa por formar parte de una institución en la que apenas había mujeres, pero sobre todo, por ser el primer biólogo que entraba en tan prestigioso club.

-Estudió al mismo tiempo Biología y Farmacia, ¿es usted una precursora de los dobles grados?

-Acabé Biología en 1977 y dos años después, Farmacia. Simultaneé las dos algunos años y me convalidaron asignaturas, pero yo siempre digo que soy doctora en Biología y licenciada en Farmacia

-Con buenas notas, imagino. ¿Fue siempre buena estudiante?

-En el instituto sí, buena estudiante y responsable, pero fui mejorando, en Biología prácticamente todo matrículas, y soy premio nacional fin de carrera al mejor expediente.

-¿Esa responsabilidad se la inculcaron en casa?

-Mi madre hizo Magisterio, aunque empezó Farmacia pero tuvo que dejarlo por problemas familiares, entonces era otra época. Y mi padre era funcionario, pero tenía estudios primarios. El ejemplo sí nos lo dieron, tanto a mí como a mi hermana, que es catedrática de Análisis Matemático en la Universidade de Vigo. Estaban muy orgullosos, sí; lo triste es que fallecieron en el 2014, el año en que ingresé en la academia. No pudieron verlo.

-¿Y usted se siente orgullosa?

-Como mujer y como bióloga. No sé por qué, cada vez hay más mujeres en las ciencias, pero nos falta entrar en el campo de la tecnología. Estoy en la Unidade de Muller e Ciencia de la Xunta y se están aplicando políticas en los institutos para que desaparezcan esos estereotipos, pero no se avanza, se asocia con mujeres frikis. Supongo que los medios de comunicación tienen una labor ahí, porque en CSI se ve cómo una mujer puede entrar en Medicina o en otras ciencias de la salud, pero no se ven en la ingeniería informática, cuando hoy en día la tecnología está en todo lo que nos rodea.

-Tampoco es habitual que una mujer haya registrado una decena de patentes...

-No fui yo sola, es el trabajo de varios autores. Son vacunas para prevenir enfermedades de los peces, sobre todo rodaballo y trucha. Ahora ya están comercializadas, transferidas a la industria farmacéutica, y yo ya no recibo más beneficio que el orgullo de saber que el pescado que se consume en Galicia ha sido tratado con nuestras vacunas.

-¿Qué opina de la paralización de la ley que promovía la Xunta?

-No quiero entrar en cuestiones políticas, sé que hay intereses encontrados en el sector, pero sí defiendo la acuicultura y creo que debería haber más facilidades para conceder nuevas licencias.

-Además fue profesora de Rosa Quintana, la conselleira de Mar.

-La traté más como colega, porque ella entró en el departamento de Tecnología de Productos Pesqueros. Pero cuando ingresé en la academia, acudió al acto.

Alicia Estévez dirige un grupo de treinta investigadores en el Cibus, en la Universidade de Santiago. | paco rodríguez

«Competí con tres hombres en la cátedra y gané yo; no me regalaron nada, es esfuerzo»

Parte de su tesis la preparó en los Estados Unidos junto con su marido, y tiempo después, adoptaron un niño que ya tiene 22 años. Inevitable hablar de conciliación...

-Para una mujer con sus responsabilidades, ¿ fue fácil compaginar la exigencia de la investigación con la crianza?

-Cuando lo adoptamos yo ya era catedrática, pero la vida te cambia, eso es inevitable, estás pensando en que no llegas a la guardería para recogerlo... Además, siempre tuve la ayuda de mi marido. Lo de la endogamia tiene sus cosas buenas, porque si tu pareja trabaja en lo mismo es más fácil que entienda tus problemas, pero lo malo es que es más difícil desconectar. Bueno, él desconecta con más facilidad que yo al llegar a casa. En todo caso, reconozco que para una chica joven que tiene que llegar a un número de publicaciones y asumir unos retos porque te van a evaluar para conseguir una plaza, es más duro. En la universidad hay más mujeres que hombres pero en los puestos de responsabilidad es al revés, y a veces es porque ellas mismas renuncian, es una opción personal.

-¿Usted es una privilegiada?

-De privilegiada, nada. Son muchas horas de trabajo. Competí con tres hombres para la cátedra y gané yo; no me regalaron nada, es esfuerzo. Hay un currículo y una valía, aunque yo sabía que podía ser difícil siendo mujer, y más en aquella época, en el año 1991. Está claro que en igualdad de condiciones, la mujer tiene que luchar más.

-Pero nada está hecho, el grupo sigue con nuevos proyectos, ¿no es así?

-Sí, y muy interesantes. Tenemos uno de colaboración para potenciar la acuicultura en África y están Finlandia, Noruega y España; y de España, solo nosotros. Luego tenemos otro que, aunque no es de mucho dinero, sí tiene visibilidad, que es estudiar la influencia del cambio climático en la aparición de enfermedades en los peces, porque sube la temperatura y eso le gusta a los patógenos, baja la salinidad, los peces se estresan y bajan las defensas. Y después hay otras investigaciones básicas, como estudiar por qué un patógeno genera un problema infeccioso en determinadas especies. A la larga, puedes identificar una diana terapéutica. Yo siempre digo que nosotros somos los médicos de los peces.

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