¿Existen realmente los superalimentos?

La quinoa, la chía o el brócoli son la última moda en la alimentación por la creencia popular de sus altas posibilidades dietéticas, pero no es oro todo lo que reluce

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Redacción / La Voz

Un grupo de científicos finlandeses revolucionaba el mundo de la alimentación al desvelar el proyecto en el que llevan meses trabajando: la producción de alimentos con electricidad. Su hallazgo está basado en una proteína creada tras mezclar agua, dióxido de carbono y microbios en un biorreactor del tamaño de una taza de café. Esta composición fue expuesta a electrólisis, consiguiendo así crear una pequeña cantidad de material sólido cuyo perfil de nutrición coincidía con los alimentos básicos. El revolucionario invento de los finlandeses es una muestra más de cómo los avances científicos, la incorporación de nuevos víveres a nuestra despensa y el descubrimiento de nuevas posibilidades en alimentos que ya teníamos incorporados a nuestra alimentación está cambiando la forma que tenemos de enfrentarnos a las comidas a diario.

La disminución de la calidad de muchos de los productos que consumimos y la dieta desequilibrada que predomina en algunas familias, han impulsado una nueva y potente tendencia dietética, la de los superalimentos.

Los que defienden la importancia de una dieta rica en estos productos aseguran que son altos en antioxidantes y fitonutrientes, defienden que eliminan tóxicos y contribuyen a reducir el riesgo de enfermedades cardíacas o cancerígenas e incluso certifican que pueden combatir el envejecimiento. En los últimos tiempos, estos productos se han convertido en un auténtico bum, y sin embargo aún no tenemos muy claro qué es lo que eleva hasta esta categoría a un determinado comestible. «Científicamente no existe una definición oficial del término superalimento. Popularmente se considera a aquel que contiene ciertos nutrientes o compuestos bioactivos como las vitaminas, algunos minerales, la fibra o los fitonutrientes, que además de poseer una función nutritiva, también pueden conferir un beneficio para la salud debido a su alto contenido en antioxidantes», explican desde la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Algunas frutas y verduras como los arándanos, la granada o el brócoli, además de otros productos como la cúrcuma, el jengibre, las bayas de goji, la chía, el té, la quinoa o incluso el aceite de oliva entran dentro del selecto grupo de los considerados como superalimentos. Pero desde la SEEN advierten que no es oro todo lo que reluce: «Aunque se han realizado investigaciones con animales que han demostrado que algunos de estos superalimentos pueden resultar beneficiosos, los resultados no se han podido confirmar completamente en humanos. Esto es debido a que en estas investigaciones se han empleado dosis elevadas del nutriente concreto que habitualmente no son alcanzables dentro de una dieta normal». Los expertos en nutrición alertan además de que llamar superalimentos a ciertos productos podría dar pie a considerar que el resto de viandas que incluimos en nuestra dieta no son igual de saludables, «cuando también pueden proporcionar nutrientes muy valiosos». «En nuestra cultura, la dieta mediterránea podría ser un ejemplo de combinación de alimentos saludables con un importante potencial nutricional y beneficioso para nuestra salud. Dentro de estos alimentos se incluye el aceite de oliva virgen extra, los frutos secos, las verduras, las frutas, las legumbres, el pescado azul y el vino tinto. A diferencia de los superalimentos, los beneficios de la dieta mediterránea sí han sido claramente demostrados en seres humanos», sentencian. Desde la SEEN explican que el interés por estos alimentos es un claro reflejo de que la actitud del consumidor está sufriendo algunos cambios. «Estos productos han llegado a ser una tendencia en alimentación, en ocasiones hábilmente utilizada por la industria quizás por lo atractivo de la idea de que un alimento pueda tener un efecto beneficioso por sí mismo y pudiera contribuir de una manera fácil a prevenir o tratar diversas enfermedades. Y en realidad esto no es del todo cierto; porque la relación entre la dieta y la salud depende no tanto de la ingesta de un alimento concreto, sino del conjunto de la alimentación y del estilo de vida».

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