Entre la deuda y el diablo

Adair Turner es uno de los expertos en finanzas más prestigiosos del mundo. En los peores momentos de la crisis financiera del 2008 fue llamado para dirigir la gran agencia reguladora de los mercados de capital en el Reino Unido, la Financial Services Authority, puesto clave en que permaneció durante varios años. 


 Fruto de esa experiencia, y de sus muchos conocimientos en la materia, acaba de aparecer su libro Between Debt and the Devil (Princeton, 2016), que cabe saludar como una notable aportación en su campo.

La visión que de las finanzas tiene Turner está muy lejos del esquema que durante muchos años predominó entre los economistas, pero también, y muy destacadamente, entre las autoridades (siendo el ejemplo más conocido el del antiguo presidente de la Reserva  Federal, Alan Greenspan): su idea era la de que los mercados nunca se equivocaban en su asignación, pues partía del supuesto de que quienes operaban en ellos eran «plenamente racionales». 

Obviamente, una concepción como esa no podía dejar de tener graves consecuencias, pues si efectivamente los mercados de capital por sí solos nos llevan al mejor de los mundos posibles, ¿por qué insistir en controlarlos? ¿para qué la supervisón bancaria y la regulación de los flujos? Ya se han visto las consecuencias funestas de todo ello.

El análisis de Turner parte de la constatación de esas consecuencias, siendo su punto de vista muy crítico con la deriva ultrafinanciera que el capitalismo ha tomado en las últimas décadas: el mayor peligro, que no ha disminuido desde el 2010 sino más bien lo contrario, procede de la situación de deuda generalizada y fuera de escala que sigue atenazando al conjunto de la economía mundial. 

En este libro es fácil encontrar un vínculo intelectual profundo con algunas grandes aportaciones del pasado -como la del historiador económico Charles Kindleberger- que supieron ver en las finanzas lo que tienen de positivo y necesario para el crecimiento en una economía de mercado, pero también detectaron su condición de eventual foco de intensa inestabilidad.

Adair Turner se enfrenta en esta obra a uno de los mayores dilemas (por no decir el mayor) de nuestra época: la necesidad de ajustar drásticamente las deudas públicas y privadas, junto a un imprescindible impulso del crecimiento, cuyas desfallecientes tendencias en buena parte del globo (sobre todo en Europa) son causa de notable preocupación. Dado que se trata de asuntos que guardan entre sí una profunda contradicción de fondo, cualquier propuesta concreta que se haga en una y otra dirección será controvertida.

Las de Turner, desde luego, lo son y llaman mucho la atención por tratarse de un regulador del máximo nivel (en un país en el que las finanzas ocupan una posición particularmente prominente). Para empezar, plantea abiertamente una reestructuración general de las deudas, públicas y privadas, aceptando que en sus cuantías actuales no podrán ser pagadas jamás. 

Propone además como solución someter los flujos financieros a algún tipo de «represión» a través de controles exhaustivos; algo que hace solo diez años era demonizado absolutamente por la cultura financiera imperante (a lo cual hace irónica referencia el propio título del libro). 

monetizar el déficit

También es muy polémica -quizá en mayor medida aun- la idea de monetizar el déficit público como vía de dinamización económica, debido a sus seguros efectos inflacionistas. 

Ahora el problema, sin embargo, está más bien en el lado opuesto, la amenaza de deflación, por lo que autores como Turner se abren en estos momentos a soluciones muy heterodoxas, que hasta hace bien poco -como él mismo ha reconocido en distintas declaraciones al respecto- ni se les hubieran ocurrido. 

Por Xosé Carlos Arias Catedrático de Economía. Universidade de Vigo

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