Ad calendas graecas

Julio Sequeiros CATEDRÁTICO DE ECONOMÍA. UDC

MERCADOS

28 jun 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Como en tantas ocasiones anteriores, el drama griego parece llegar a su final. Pero no es más que una falsa apariencia. Lo único novedoso es el deterioro del ambiente en la negociación, la tirantez en las relaciones personales y una desconfianza mutua que solo se recuerda en contextos prebélicos. Hemos visto y oído de todo. La grabación (a escondidas) del contenido de algunas reuniones sin el consentimiento colectivo, los insultos y agravios emitidos sin la más mínima responsabilidad («la jefa de los asesinos saluda al bando contrario» le dijo la semana pasada la Lagarde a Varufakis, en Bruselas). A estas alturas de la negociación, tenemos encima de la mesa dos paquetes de problemas: unos económicos y técnicos y los otros, estrictamente políticos.

Los económicos son de sobra conocidos. En lo que queda del 2015, Grecia tiene que pagar a sus acreedores unos 30.000 millones de euros entre intereses y vencimientos de deuda. Para hacer frente a estos pagos, cualquier país acude al mercado de capitales para financiarse. Grecia ya quemó esta opción con la reestructuración que hizo en el 2012, causando daños significativos en la banca europea y americana. Grecia está obligada a entenderse con la troika, ya que es su última opción dentro del estatus quo vigente. El acuerdo no es fácil: por un lado, la troika exige a Grecia que ajuste sus cuentas reduciendo el gasto en pensiones e incrementando el IVA. Grecia dice que esos temas son líneas rojas y que va a ajustar sus cuentas subiendo otros impuestos. El FMI no lo acepta y le recomienda que suba sus impuestos, pero es inexcusable el ajuste en pensiones y la subida en el IVA. Un tema importante, porque si abandonase el euro, pasaría a negociar cara a cara con el FMI, frente a frente y en solitario. 

Este es el verdadero problema. Dentro del marco electoral y las líneas rojas que Syriza y Tsipras han establecido unilateralmente al ganar las elecciones griegas, el acuerdo con la troika es imposible. Si el acuerdo toca las pensiones, el IVA, las privatizaciones públicas, etc. el Parlamento griego puede rechazar el acuerdo y, entonces, solo le quedan dos salidas: anticipar las elecciones o convocar un referéndum. El primero (a seis meses de las anteriores) sería la de obtener un nuevo parlamento con una nueva composición que sí permitiera aprobar el acuerdo con la troika. El objetivo del referéndum sería el obtener un sí rotundo al euro y poder legislar (en temas europeos) sin tener en cuenta al parlamento (vía decreto ley, diríamos en España). Estas dos posibilidades ya las barajaba A. Samarás (el antecesor de Tsipras en la presidencia del Gobierno griego) cuando decidió optar por las elecciones anticipadas y el resultado obtenido fue el que tenemos ahora: un Gobierno que fija sus líneas rojas y exige a sus socios 30.000 millones de euros para poder llegar a finales de este año.

Si por el contrario, el acuerdo entre la troika y el Ejecutivo de Tsipras respeta las líneas rojas que impone Atenas, tenemos el problema en los parlamentos de bastantes socios de la Eurozona que deben aprobar el acuerdo, entre ellos, el alemán y el de países que han llevado a cabo reformas de tanto calado, o más, que el que se le está exigiendo a Grecia (Portugal, Irlanda, por ejemplo). Baste decir que un «no» en un solo parlamento daría con toda la operación al traste. Y que conste que en la Europa del este hay bastantes países que podrían votar «no» al acuerdo sacándole las castañas del fuego a Alemania.

Grecia entró en la UE por motivos políticos y la solución a sus problemas ha de ser también una solución política. Y los griegos lo saben. Los coqueteos de Tsipras con Moscú tratan de debilitar a la OTAN en el flanco oriental del Mediterráneo, un territorio muy caliente en términos geopolíticos. Por si esto fuera poco, los juegos con Moscú llegan hasta Pekín facilitando a China toda su logística comercial con Europa. Grecia amaga con abandonar el euro y pasarse al bando contrario haciendo el mayor daño posible.

Para finalizar una última reflexión. En Atenas se suceden las manifestaciones que apoyan la tozudez del Gobierno frente a la troika con las que salen a la calle a defender la permanencia del país en Europa y en el euro. Las primeras maldicen a la troika y a la señora Merkel y los ciudadanos que acuden a las segundas dicen preferir el euro al rublo. 

Ad calendas graecas es un latinajo del castellano actual que ya se utilizaba en la antigua Roma para expresar un plazo de pago que no se cumpliría nunca.