Londres refuerza la Royal Navy para proteger sus aguas pesqueras

Incorpora tres nuevos buques a la Armada británica y corrige la decisión de desguazar los antiguos


Londres / E. La Voz

Se sabía que la pesca iba a ser un asunto en el que el Reino Unido y la UE chocarían a la hora de negociar los términos de su relación futura tras el brexit. Sin embargo, no se sospechaba que Londres llegase hasta el extremo de amenazar a sus otrora socios con lanzarles a su famosa Royal Navy (Real Armada) para asegurarse así de que no entra ningún barco pesquero no deseado o autorizado a sus aguas una vez culmine el período de transición: el próximo 31 de diciembre. 

«Hemos aumentado significativamente nuestra capacidad de vigilancia marítima. La Royal Navy ha incorporado tres nuevos buques en alta mar y se ha tomado la decisión de no desguazar los antiguos para que hubiera capacidad adicional», anunció la pasada semana el secretario de Estado de Medio Ambiente, George Eustice, durante una comparecencia ante un comité de la Cámara de los Lores.

La intervención de Eustice coincidió con el desarrollo de las jornadas de negociaciones entre Londres y Bruselas, las cuales concluyeron el jueves pasado confirmando la abismal brecha entre ambas. «Hay muchas y serias divergencias», admitió el jefe negociador de la UE, el francés Michael Barnier, al hacer un balance de estas primeras conversaciones. No obstante, el representante comunitario no descartó la posibilidad de que no se llegue a un acuerdo que defina la relación futura entre ambas orillas del Canal de La Mancha antes de que termine el período de transición. 

Sin mover ficha

En la cuestión de la pesca, ambas partes mantuvieron sus posiciones. Bruselas reiteró, por boca de Barnier, que «un acuerdo económico con el Reino Unido debe incluir un pacto equilibrado sobre pesca».

Por su parte, Londres se mantuvo firme en su propuesta de pactar cuotas anuales de capturas para pescadores europeos, siguiendo el ejemplo de lo que ocurre con Noruega.

Desde el bando comunitario se rechaza el planteamiento británico, por considerarlo poco práctico, por no decir absurdo. ¿La razón? En los caladeros noruegos se pescan cinco especies mientras que en las aguas que quedarán bajo el control de Londres son unos cien los stocks compartidos. Por su parte, los enviados del primer ministro Boris Johnson consideran «inaceptable» que se les pretenda renunciar a su «soberanía costera» a cambio de un tratado comercial. De prosperar la propuesta británica, los pescadores españoles saldrían perjudicados.  

Poco peso, mucho simbolismo

Pese a que el sector solo emplea a 8.000 personas en el Reino Unido y apenas representa el 0,1 % del producto interior bruto (PIB) del país, según las cifras del propio Gobierno, es una cuestión que genera pasiones y fue una de las banderas que enarbolaron quienes hicieron campaña a favor del brexit en el referendo del 2016.

 El asunto ha demostrado ser tan importante para los tories de Boris Johnson que estos parecen estar dispuestos a aceptar el reto de Bruselas, la cual ha amenazado con negarle el acceso a los bancos y aseguradoras británicas al mercado común si Londres cierra sus caladeros. Pero no solo han aceptado el reto, sino que han respondido tratando de atemorizar a la pesca y haciendo gala del poderío de su Royal Navy, aquella que ya actuó en las guerras del bacalao, que el país libró con Islandia a mediados del siglo pasado.

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