Comer mucho pescado es tan antidepresivo como el Prozac

El cardiólogo del Chuac Guillermo Aldama despierta entusiasmo al desgranar todos los beneficios del pescado


redacción / la voz

Que un pescador o un pescadero diga que comer pescado es bueno y saludable puede levantar sospechas de falta de objetividad. Pero que lo diga un cardiólogo intervencionista como Guillermo Aldama con la biblia de la ciencia médica en la mano (la revista New England Journal of Medicine) es ya otra cosa. Y eso es lo que hizo ayer el facultativo del Chuac, que arrancó aplausos entusiastas del público en la última jornada del congreso sobre sostenibilidad social organizado por FREMSS (Fundación Rendemento Económico Mínimo Sostible e Social). Aldama enumeró todos los estudios científicos que demuestran los beneficios del pescado, que no son solo cardiovasculares. Los ácidos grasos esenciales omega 3, 6 y 9 que contiene -y que además no hay otra forma de conseguir más que a través de la alimentación- regulan el colesterol, reparan las membranas celulares, hacen los glóbulos rojos más elásticos (con lo que se evitan trombos), mejoran el desarrollo cerebral y el cociente intelectual, tienen efectos positivos en el tratamiento del autismo y el trastorno por hiperactividad, previenen la degeneración macular e incluso está demostrado que una alta ingesta de ácidos grasos «es tan antidepresiva como el Prozac». Así que «existe la fuente de la eterna juventud», esa ansia que movió a Ponce de León a descubrir Florida. Solo que no estaba allende el Atlántico, sino en España. Y no era un manantial, «si no una dieta, la mediterránea», con su variante atlántica, que tiene el pescado como uno de sus pilares, y que es la única de la que hay evidencias científicas de que reduce los riesgos cardiovasculares: «La mortalidad por infarto o accidentes cerebrovascular es un 30 % menor», explicó Aldama.

No fue el único estudio al que recurrió. También citó el que demuestra que si se sustituye un 3 % de carne por un 3 % de pescado en la alimentación se reduce un 20 % la posibilidad de muerte por enfermedades cardiovasculares. Y otro británico, realizado con personas infartadas, que revela que la posibilidad de recaída se reduce un 32 % si se consume pescado dos veces a la semana y -un regalo para los oídos del público- no es lo mismo sustituir esa ingesta por suplementos de omega 3.

Cuidar la cultura gastronómica

Pero esa «fuente de la eterna juventud» corre el riesgo de secarse por los nuevos hábitos de vida y formas de alimentación que harán perder a los españoles calidad de vida. «Se está importando muerte, pérdida de salud y de calidad de vida», apuntó Aldama.

Ese abandono de la cultura gastronómica que ha hecho de los españoles el cuarto país más longevo del mundo amenaza con truncar las previsiones que sitúan a España a la cabeza de ese ránking en el 2030. En los hogares han dejado de hacerse 41 millones de comidas y cenas, apuntó Luisa Álvarez, gerente de Fedepesca la patronal de las pescaderías españolas. Y el consumo de pescado ha retrocedido un 17 %. Con 2.000 millones de obesos en el mundo y un gasto sanitario de 13.000 millones en gasto sanitario relacionado con la mala alimentación, no es extraño que Álvarez demande que la defensa de la cultura gastronómica «sea una cuestión de Estado». Eso, rebajar al 4 % el IVA del pescado -una medida que, según Fedepesca tendría un coste de apenas 6.000 millones-, además de continuar con las campañas de promoción, ayudarían a recuperar el consumo. Ahora el problema es trasladar todas esas bondades a un público en el que calan más las noticias alarmistas. Jorge Eiroa, director de compras de Vegalsa, aún recuerda la caída de ventas que se produjo tras las últimas noticias alarmistas sobre el anisakis.

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Mal que bien, la flota comunitaria ya casi ha capeado el primer año con la prohibición de descartar todas las especies sometidas a cuotas con cualquier arte y en todos los caladeros. No está siendo fácil. Lo admitió la directora general de Recursos, Isabel Artime, ayer en A Coruña, en el séptimo congreso sobre sostenibilidad organizada por la Fundación Rendemento Económico Mínimo Sostible e Social (FREMSS). A pesar de haber dejado amarradas en el Consejo de diciembre del año pasado las mayores flexibilidades posibles para que esta nueva regulación no dejase a nadie en puerto, ha sido preciso desarrollar actos delegados y dictar más legislación a nivel doméstico para evitar que la flota se estrangulase con ese veto a los descartes.

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