«Ao polbo xa lle chamamos lingotes de ouro»

La tripulación del Villar Blanco relata un día de su pesquería: «Nunca imaxinamos que chegase a valer tanto»


carballo / la voz

Los despertadores suenan sobre las 03.30 horas, minuto arriba minuto abajo. El patrón y armador Jesús Manuel Villar Blanco, que además le da nombre al barco; el jovencísimo César Pena, que acaba de cumplir los 20 años y ya ejerce de segundo de abordo con todas las de la ley; Dauda, al que todos llaman David desde que vino de Senegal, y Fernando de Ibarra, que acaba de unirse a ellos, se ponen en marcha. Empieza una nueva pesquería de pulpo en el puerto de Malpica, aunque ahora lo hace con un aliciente insuperable: el del alto precio que lleva el producto en el mercado. «Nunca na vida imaxinamos que chegase a valer tanto. De feito nós xa chamamos lingotes de ouro», explica con humor Villar, que lleva 29 años en el oficio heredado de su padre.

«Eu dígoo moitas veces e síntoo así: se me quitan o mar, case é mellor que me maten»

De ahí que el trayecto hasta la congeladora para coger la carnada, en estas dos semanas de labor completadas ya desde que se levantó la veda, se lleve de otra forma. A las seis ya están todos a bordo y les queda entre media hora y una hora y algo de mar hasta las boyas, dependiendo de lo lejos que hayan largado. «Os primeiros días non había moita cousa -no verán sempre hai moito menos, o tempo do polbo é o inverno, de setembro a marzo-, pero agora xa estamos matando 80, 90, 100 quilos», relata el armador, que incide en que es mucho menos que años atrás, pero recalca que les compensa el precio. Y, sobre todo, ve motivos para el optimismo: «Hai moitísima cría e o polbo é un gran depredador, incluso se comen uns aos outros, así que se ten cangrexo medra rápido».

Unas 600 nasas

El trabajo a bordo, como detallan los tripulantes «é unha rutina de todos os días»: levantar nasas, cambiarles la carnada y -lo más importante «e o que che dá a alegría»- extraer las capturas, en este caso de pulpo y nécora, antes de estibarlas y repetir el proceso para devolverlas al mar. Son unas 600 en total que no tocan tierra hasta que llega una nueva veda, con lo que hay mucha faena, y además diaria, porque «non é coma o aparello, que pode matar o peixe. Nas nasas os animais están todos vivos e o polbo, aínda que non o pareza, se o deixas un par de días acaba atopando a saída e marcha», dice Villar.

«Hai moitísima cría e o polbo é un gran depredador, incluso se comen uns aos outros»

En todo este proceso juega un papel protagonista César Pena, uno de los más jóvenes en su oficio en toda la Costa da Morte, porque lleva enrolado desde los 16 y habla con total pasión del trabajo. «Eu dígoo moitas veces e síntoo así: se me quitan o mar, case é mellor que me maten. Nacín para andar ao mar», sentencia el veinteañero, que lo tiene claro: «Cantas máis nasas vire, máis cartos para a miña familia. Se matamos 50 quilos son 500 euros. Se matamos 100, pois son 1.000: 500 para o barco e 500 para nós». De hecho, según explica, el patrón dijo de contratar a alguien para seleccionar el producto y llevarlo a la lonja, pero no quiso, prefiere hacerlo él. «Quero escoller eu o polbo e máis a nécora, porque o día de mañá se compro eu un barco, quero saber como é todo», comenta César, tan cargado de determinación que le resta importancia a llegar a casa pasadas las siete de la tarde, horas después que sus compañeros.

Al marinero le enorgullece especialmente la valoración de su patrón y también del padre de este, ya jubilado, quien ha llegado a decirle que en 45 años de oficio no había visto un joven en el puerto que trabajase como él.

Mientras el precio aguante, el pulpo en Malpica y en toda Galicia alimenta muchas voluntades, buenas palabras y también esfuerzos por mantener las plantillas para capturarlo, que no es algo precisamente fácil.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
30 votos
Tags
Comentarios

«Ao polbo xa lle chamamos lingotes de ouro»