El tirón de EE.UU. y la caída de capturas encarecen de nuevo el precio del pulpo

Locales y pulpeiras aplican alzas del 15 % mientras el coste del producto se duplica


redacción / la voz

Han probado de todo con tal de no subir el precio. Servir talladas casi traslúcidas aún a riesgo de llevarse un dedo con la tijera, reducir el tamaño del diámetro de los platos, cobrar más por el pan, poner una tasa al cubierto, ratear con el aceite o el pimentón, mezclar ejemplares de distintas tallas, colar una que otra cabeza... Pero, al final, no les ha quedado más remedio a pulpeiros, restaurantes y demás locales hosteleros gallegos que cobrar más cara la ración de un producto que «está de moda» y por el que hay avidez desde Japón a Estados Unidos y de O Carballiño a Jaén, donde las ferias ya incorporan pulpeiras como si celebrasen el San Froilán en vez de los Cristos.

Pocos locales hosteleros quedan ya que dispensen la ración de pulpo a 10 euros, como hacían algunos en julio pasado. Los hay, cierto. Pero son la resistencia, los que no tienen este producto por bastión en su carta. Quienes sí lo tienen de cabecera han tenido que repercutir, en mayor o menor medida, parte de los alrededor de seis euros que en año y medio han subido las tarifas del pulpo.

«Desde julio del 2017 a marzo del 2018, los precios han seguido incrementándose» y actualmente acumulan «otro aumento de 2,5 o 3 euros en el precio del producto», señalan desde Congelados Troulo. Esta empresa lucense ya había percibido entre mediados del 2016 y julio del 2017 un alza de otros dos euros y medio o tres, dependiendo de la talla. Lo corroboran las estadísticas de la FAO, que revelan que, en determinadas calidades, como la T4, entre 1,5 y 2 kilos, el precio se ha duplicado.

Subida contenida

En las mesas de restaurantes y puestos de pulpo, el incremento no ha tenido, ni por asomo, esa proporción. «Estamos vendiendo a 11 euros la ración, a 17 la grande», señalan desde Pulpeira de Allariz, algo más de 1 euro por encima del verano pasado. Por aquel entonces, la consigna era «aguantar», decían profesionales de O Carballiño. Pero no ha sido posible, porque las empresas ya estaban «tirando de aforro». Si por aquellas fechas se dispensaba a 7 u 8 euros, hoy se sirve a 9 y algunos ya han advertido a sus clientes de que en breve se venderá a 10.

Aunque «cada un vende e fai o que pode», de media, en los locales hosteleros ronda los 14 euros. Un encarecimiento que en todo caso no supera el 15 % frente al 60 o 65 % en que se ha revalorizado el producto. Afortunadamente, el consumo no ha caído y en Semana Santa «houbo tanta ou máis demanda».

Detrás de la carestía, la ley de la oferta y la demanda. Es un producto por el que ahora mismo hay avidez. Europa aumenta su consumo y EE. UU., sin tradición en la ingesta de cefalópodo, se ha subido al carro y ha aumentado la exportación.

Importadores gallegos sospechan que la especulación potencia el efecto de la escasez

El verano pasado, las empresas importadoras tenían puestas elevadas expectativas en que la campaña de final de año en Dakhla, de donde procede la mayor parte del pulpo que se procesa en Galicia, arrancase bien. Pero no fue así. «La campaña empezó con poca producción y el resultado fue que en Dakhla se descargó un 20 % menos que el año anterior y en Agadir se desembarcó un 65 %», apuntan desde Troulo. En Mauritania, el otro gran proveedor gallego, no ha ido mucho mejor. En Nuadibú se descargó un 55 % menos de producto y en Nuakchot la caída fue de un 75 % del pulpo de la calidad que busca Galicia. Es decir, que entraron en España «unas 20 o 30 toneladas menos de pulpo que el año anterior». Esa caída de capturas encuentra el complemento perfecto para el encarecimiento en el tirón de la demanda: «Países que no lo estaban consumiendo, ahora sí conocen el producto y les gusta. Ahora mismo existe el producto en restaurantes de Nueva York o Polonia, y otros puntos en los que antes no existía», apuntan desde la congeladora lucense.

Así que, por más que suba, las empresas deben atender la demanda y, por tanto, tratan de hacer acopio del máximo producto posible para atender la temporada alta que suponen los meses de verano. Eso lo saben los operadores en origen y eso es lo que da pie a la especulación. «No tienen problema para vender sus capturas y, por tanto, lo hacen al mejor postor». ¿Seguirán subiendo? Todo depende del arranque de la campaña en agosto. Si hay pesca se calmará, si no, volverá a subir.

Joaquín Riveiro: «Sería un gran negocio poder tener cefalópodo de acuicultura»

A. Gerpe

El gerente de una pulpería en Boiro reconoce que es un momento complejo para este producto porque «genera conflictos con los clientes debido al elevado precio»

En plena escalada de precios del pulpo, el empresario de Boiro Joaquín Riveiro se puso al frente de una pulpería, A de Quin, que abrió sus puertas en diciembre del pasado año. Afirma que lo hizo porque tiene otra empresa, Prebemar, que, entre otros productos, se dedica a la compra, distribución y congelación de cefalópodo.

Reconoce que este es un momento complejo para este producto tan gallego porque «genera conflictos con los clientes debido al elevado precio. El problema es que la situación parece que incluso empeorará».

Afirma Joaquín Riveiro que se trata de un problema de ámbito mundial: «Su consumo se ha generalizado y ahora es un producto de moda. La demanda sube y las capturas se reducen. Hoy en día, cualquier local ofrece dos o tres variedades de cefalópodo».

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