¿Quién puede fabricar latas de atún a 0,99?

Nadie está capacitado para poner en el mercado tres envases en aceite de oliva a ese precio, a riesgo de quebrar la empresa. El sector lo tiene claro: si están a ese coste es porque sirven de reclamo


redacción / la voz

¿Cómo puede una industria fabricar tres latas de atún claro en aceite de oliva, venderlas a 0,99 euros, y ser rentable? La respuesta a esta paradoja -denunciada esta semana en la octava edición del congreso mundial del atún en Vigo-, es sencilla: «Nadie en el mundo es capaz de hacerlo. Es imposible», dice rotundo Juan Alonso, director de Operaciones de Jealsa-Rianxeira. Ni Tailandia con sus bajos costes salariales, ni España con su eficiencia es capaz de obrar ese milagro, y menos con un pez que cotiza ya a 2.500 dólares (2.000 euros) la tonelada.

Entonces, ¿por qué se pueden encontrar en los lineales del supermercado? Porque la gran distribución emplea este buque insignia de la conserva como producto reclamo (como se hizo con la leche), para atraer a los consumidores a esa cadena en concreto, pues de sobra saben los supermercados que el que entra, por muy planificada que tenga su lista de la compra, siempre saldrá con ese pack de tres latas de atún claro en aceite de oliva a 0,99 euros y quién sabe cuántos productos más que no había previsto. El precio es uno de los retos a los que se enfrenta la conserva más demandada en el mercado. Pero no el único.

EL PRECIO

Cuentas que no dan. A los 0,99 euros que cuesta el lote, hay que descontarle el IVA, del 10 %, con lo que se queda en 90. Hay que dividir entre tres, porque son tres latas: 0,30 cada una. Si se descuenta el envase, ya se reduce a 0,25. No hay que olvidar el aceite de oliva y restar 0,9. Quedarían para el atún 0,16: «Ahí no pueden estar los pescadores, la flota, la mano de obra de la industria, la maquinaria...» señala Juan Alonso. Y lo dice el director de operaciones de una empresa que en tres años ha invertido «más que en toda la historia de la empresa» para ahorrar costes a través del aprovechamiento al máximo de la materia prima y la rebaja de los costes de transformación.

producto reclamo

Perjudicial para la imagen del producto. Esa banalización que la distribución hace del producto es, a juicio de los conserveros, perjudicial para la imagen del producto y dañino para el conjunto del sector. Por eso en las conclusiones de esa conferencia mundial del atún, se subrayó la necesidad de «dignificar la imagen de las conservas de atún y su posicionamiento en el mercado, evitando su banalización en los lineales y posibilitando que ocupen el lugar que realmente le corresponde en la cesta del consumidor».

en la cesta de la compra

Más habitual que el jamón serrano. Desde luego, el atún es el rey de la conserva. Siete de cada diez consumidores aseguran comprar atún al menos una vez en 15 días, una frecuencia superior a la que se introduce en el carro el jamón serrano o los palitos de cangrejo. Y lo hacen «porque les gusta, es sano, fácil de consumir, de cocinar y de almacenar y porque está bien de precio», según los datos del estudio que desgranó en la cumbre del atún Xavier Cros, responsable de AECOC Shopper View, el mismo que auguró para el producto un futuro de éxito por estar entre los preferidos de los millennials y porque el mercado está en un momento de lo más receptivo para adquirir productos nuevos y novedosos que no haya adquirido antes, un caldo de cultivo para todas las innovaciones que se están realizando para atender la creciente demanda de referencias ecológicas, biológicas, artesanales o premium.

amenazas

Veganismo, «sustainfood» y otras sensibilidades sociales. En el plano comercial, la creciente simpatía hacia el veganismo y el público con sensibilidades especiales son amenazas potenciales para los fabricantes de conservas de atún. Genma Trigueros, coordinadora de Alimentación de la OCU, llamó la atención sobre el hecho de que hay consumidores que rechazan tal o cual producto por cuestiones éticas o políticas, de ahí que en cuestión de productos pesqueros se interesen por la bandera del barco que los capturó, en qué zona se pescó o en qué país fue procesado. Es más, un 35 % de los consumidores empiezan ya a hablar de sostenibilidad. De hecho, desde el 2014 han crecido un 7 % aquellos que buscan sustainfood, según el último estudio de AZTI sobre tendencias en alimentación (Eatendencias). También se cuelan entre las amenazas los fraudes de producto que han trascendido, los falsos mitos como la elevada presencia de mercurio -habría que comer diez latas semanales para superar la cantidad recomendada- o las reticencias por temor al anisakis.

sostenibilidad

Hacia el «impacto cero». Esa mayor conciencia social sobre la necesidad de explotar los recursos de forma sostenible ha provocado la proliferación de sellos, certificaciones, acreditaciones y distintivos que, en ocasiones, «no favorece el entendimiento», como expuso en el foro el director general de Calvo para Europa, Alberto Encinas. Eso, cuando no induce abiertamente a confusión. Pese a todo, el sector confía en la norma Aenor Atún de Pesca Responsable, que certifica la sostenibilidad medioambiental, pero también social y económica del atún que la luce, para crear valor. También hay que avanzar hacia la reducción de los costes de producción empleando energías limpias. En definitiva, ir a una producción 100 % sostenible.

fábrica del futuro

Avances tecnológicos. La industria cuenta con buenos aliados en esa búsqueda de la mayor eficiencia a través del ahorro de costes. Inspirándose en la tecnología de la automoción, los automatismos a la hora de clasificar el pescado, identificar especies y almacenar el producto han derivado en un ahorro de costes importante. La irrupción de los robots, reprogramables, y otra tecnología asequible da pie a investigar su uso en todas las líneas, incluso en la del procesado, donde aún no se ha dado con la máquina capaz de sustituir a las limpiadoras. Pero ser dará, según aventuró Emilio González, de Tacore.

Observatorio

En busca del «level playing field». Claro que las exigencias de sostenibilidad, de responsabilidad y de calidad no se pueden exigir solo a una parte de los operadores. La búsqueda de un terreno de juego igualitario, el tan manido «level playing field» es un objetivo al que no renuncian los conserveros que han creado el Observatorio de la Trazabilidad para vigilar que todos cumplen la normativa. Es la reacción a una situación que, para el director de ese instituto, José Carlos Castro, tiene un claro responsable: la Comisión Europea, que con su promoción «paulatina y sin pausa» de la liberalización del mercado del atún con sus accesos preferenciales ha provocado que terceros países hayan ganado mercado en Europa. La industria comunitaria reclamó en la cumbre una aplicación uniforme de la normativa para frenar la lucha contra la pesca ilegal, un porcentaje mínimo de verificación de las importaciones y un control de la pesca artesanal, bajo la que en no pocas ocasiones se enmascaran capturas ilícitas.

modelos de negocio

Tremenda incertidumbre. Todos coinciden en que en el mercado de los túnicos hay una incertidumbre tremenda. Es más, Antonio Sánchez, director comercial de la conservera tailandesa SPA International Food Group, se atrevió a decir que «no hay nadie feliz en el mundo del atún» por la «situación extremadamente compleja» en la que se manejan. Pero ya hay quien se ha atrevido a sacar la bola de cristal y hacer premoniciones. Las recopiló Juan Corrales, de Garavilla, y las expuso en la conferencia. Según esos visionarios, en el futuro habrá cuatro modelos de negocio: el centrado en los productos básicos estandarizados, los especialistas en la elaboración de marcas blancas, los que se dediquen a atender nichos de mercado determinados, grandes o pequeños y los que se dedicarán a la venta directa, sin intermediarios. De este último, que harán de la web su canal, ya han surgido las primeras experiencias en Francia. El e-commerce en conservas está en pañales, pero la alianza de Whole Food con Amazon -y otras que prepara este mismo mes el sector gallego con gigantes europeos de la venta on-line- permite perfilar un nuevo escenario en el que la conserva estará a golpe de clic.

claves para crear valor

Inspiración, innovación y reputación. Las tres palabras que Luciano Pirovano, director internacional de márketing de Bolton Alimentari, dio como claves para crear valor encontraron eco entre las conclusiones de la conferencia, donde quedaron recogidas. Para Pirovano es preciso utilizar todas las herramientas posibles para que el producto se convierta en top of mind, ese que viene a la cabeza cuando se nombra un producto y que con solo verlo inspire y evoque al consumidor qué cocinar.

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