Es lo que se oye cuando alguien sugiere que el sector pesquero está incumpliendo las normas y pescando todo lo que le deja Bruselas y más. Mucho más
22 sep 2015 . Actualizado a las 04:00 h.Shhh! Es lo que se oye cuando alguien sugiere que el sector pesquero está incumpliendo las normas y pescando todo lo que le deja Bruselas y más. Mucho más. El temor a que Europa imponga sanciones al descubrir la gran patraña que hay tras las declaraciones de pesca y a tirar por tierra el esfuerzo realizado para lavar una imagen que presentaba al sector pesquero español como los grandes piratas de los mares ha provocado que las trampas que los marineros hacen para sortear la escasez sean un gran secreto a voces.
Pero un embuste tan gordo no se sostiene. Cae de cajón que un volantero con ocho tripulantes a bordo no puede ser rentable si solo le permiten pescar 30 toneladas de merluza al año. Si se está pagando el kilo a tres euros, esa empresa ingresa 90.000 euros al año cuando, según explican, los gastos suman 80.000. Y han estallado.
Fuertes multas
«Eu non minto máis». Así se plantaba ayer Suso Domínguez, armador del Martín Daniel, que tuvo que pagar una multa de 13.000 euros por «mentir», porque lo que figuraba en el diario electrónico de pesca no coincidía con lo llevaba en las bodegas. Y porque, según el inspector, envió el aviso de entrada en puerto dos minutos más tarde de la llegada real al muelle. Domínguez fue uno de los que siguió el camino abierto por Ricardo Villar, que el domingo, cuando ya estaba preparado para ir al mar, con los víveres y todo en el barco, reflexionó y dijo «¿A dónde voy? Yo así no puedo seguir?». Así es mintiendo en las declaraciones, acumulando sanciones económicas -90.000 euros por varios barcos- y mandando a sus hijas, aún en la infancia, a mirar por el puerto si había inspectores o no. «As nenas tiñan que estar mirando os debuxos na tele e facendo os deberes, non mirando si están os da Xunta ou os comunitarios», explica.
¿Cuál es la solución? «Non sei. Os políticos dirán. Nós, rendémonos», dice Domínguez. Lo que no están dispuestos es a seguir haciendo de ilusionistas para hacer creer a Bruselas que las normas que dicta -como la obligación de enviar un preaviso de llegada a puerto dos horas y media cuando se faena a escasos tres cuartos-, las reglas que marca o las cuotas que impone son realistas y perfectamente compatibles con una actividad sostenible biológica, medioambiental y económicamente. Puede que en los dos primeros aspectos, sí. En el último, «dende logo que non». Los armadores intentan que se sumen cerco, arrastre y otros segmentos que están en la misma situación. Y si de esta no consiguen nada, se dejarán ir en una agonía que esperan no sea prolongada: «Que se acabe esto canto antes», pide Domínguez.