El ministerio cierra por sorpresa el Cantábrico para hacer recuento de cuota; lo hace en plenas protestas del cerco para lograr reabrir el caladero del sur
22 ago 2015 . Actualizado a las 22:54 h.Juan José Blanco llegó a casa, de vuelta de Portosín, a la hora de comer. Y casi no pudo ya hacerlo por el disgusto. Otro más. La Secretaría General de Pesca comunicó ayer pasado el mediodía que decretaba el cierre provisional de la pesquería de la anchoa en el Cantábrico, de Fisterra hacia el norte, para realizar un recuento de la cuota. La notificación llegó por sorpresa y de forma totalmente inesperada porque hasta el miércoles estaba gastado el 95,8 % del tope y quedaban todavía un millón de toneladas por capturar, según consta en la comunicación de consumos de los stocks remitida al sector también ayer por el ministerio.
El cierre de este caladero deja a toda la flota de cerco (125 barcos, 1.200 trabajadores directos) sin poder pescar anchoa en ningún rincón de la comunidad. Pues la otra zona, la del sur, entre Fisterra y el golfo de Cádiz, está vetada desde febrero por el agotamiento de la rácana cuota repartida a los gallegos (el 1,14 % y a Andalucía, el resto), aunque el bocarte abunda.
En pleno conflicto
Justamente, el cierre del Cantábrico llega en pleno conflicto entre el ministerio y el sector del cerco, que se está movilizando para reclamar la reapertura de la costa sur. Y, ahora, el golpe de gracia. Juan José Blanco, presidente de la asociación de armadores de cerco de Galicia (Acerga) se mostró ayer indignado por la decisión de Pesca, a la que acusó de querer ahogarlos. Confía en que el cierre provisional se levante el lunes o martes.
Pero antes de que llegase la mala nueva, la flota protestó en Portosín. Bocinas sonando, pescado por el suelo, caras de indignación y, sobre todo, una actitud desafiante para dejar claro que la flota gallega del cerco tiene que tener la misma cuota de bocarte que las otras de España. Exige que se renegocie el reparto del 1,14 %.
Juan José Blanco pone la cara y la voz en estas protestas. Lo explica alto, claro y, por encima de todo, con conocimiento de causa dada su trayectoria en el negocio: «Nós non temos nada contra os andaluces, pero non é normal que haxa tanto bocarte nas Rías Baixas e non poidamos collelo. O peor de todo é que se trata dun peixe que vai morrer, ten tres anos de vida e algún non pasará deste ano, polo que temos que ver como pasa diante das nosas narices e non podemos facer nada, nin tan sequera darlle de comer as nosas familias».
La vía jurídica
Blanco explica que presentaron un pleito contra el actual reparto, y que en septiembre esperan una resolución positiva y que el Gobierno central no recurra para seguir «outros tres anos esperando. Os asturianos acaban de gañar a súa demanda e estamos esperando para saber se Madrid recorre. Nós cremos que o normal sería negociar, repartir a partes iguais o que haxa, sen diferenzas. Un mariñeiro galego ten que gañar o mesmo cun cántabro, un vasco e un andaluz. O problema é que para o Goberno de Rajoy son máis españois os andaluces que os galegos, o iso parece atendendo á realidade que nos toca».
En la Consellería do Mar, ayer, recordaron que mantiene su solicitud al Ministerio de Agricultura para respetar el compromiso firme alcanzado por el anterior secretario general de Pesca, que establecía: «Se dotaría ao sector galego cunha cota suficiente para pescar anchoa en caso de aparecer esta especie en augas galegas. O acordo sinalaba tamén que se non había anchoa nas augas galegas se cedería todo o cota aos andaluces».