Un efecto llamado Dorribo

Xosé Carreira ÓSCAR CELA

LUGO

Las declaraciones que hizo el empresario para salir de prisión sacudieron a la clase política

17 ene 2012 . Actualizado a las 13:30 h.

Un tsunami. El empresario Jorge Dorribo, cabeza visible de la denominada operación Campeón que la jueza Estela San José y un equipo de agentes de Aduanas pusieron en marcha esta pasada primavera, generó algo así como una gigantesca ola que se llevó por delante a un buen número de cargos públicos. Hacía tiempo que el empresario y sus negocios venían siendo motivo de comentarios en algunos círculos. Finalmente, Dorribo acabó siendo detenido, al parecer, cuando estaba preparándose para marchar a Andorra y fijar en este pequeño país pirenaico su residencia y, desde allí, dirigir sus negocios.

La caída de Dorribo supuso también la de una serie de cargos públicos. La cúpula del Igape se desmoronó porque los principales responsables fueron detenidos e imputados. Este instituto gallego de promoción industrial está en el punto de mira de las investigaciones toda vez que desde el mismo fueron concedidas subvenciones para proyectos presentados por el industrial lucense que, supuestamente, no llegaron a ser ejecutados.

Pero el tsunami Dorribo no solo barrió parte del Igape. También «arrasó» al ex conselleiro de Industria y diputado autonómico del BNG, Fernando Blanco. Dorribo lo metió de lleno en presuntas irregularidades y finalmente acabó dimitiendo, si bien siempre dejó claro que él no había incurrido en ningún hecho delictivo. Su abogado criticó en numerosas ocasiones a la jueza por mantener el secreto de sumario que, entiende perjudica notoriamente a su cliente.

Jorge Dorribo Gude, acabó siendo encarcelado. Posiblemente mal asesorado pensó que el asunto no llegaría tan lejos. Quizás también creyó que en pocos días lo sacarían de la cárcel, pero fue pasando el tiempo y nadie movía ficha. Un mes, dos meses entre rejas... La situación comenzaba a ser desesperante para el industrial que, quizás, también se sintió engañado y abandonado por parte de quienes, cuando se encontraba libre y al frente de sus negocios, se hacían sus amigos.

En principio, el responsable de Nupel pasó por el despacho de la jueza de puntillas, tratando de capear el temporal y, sobre todo, poniendo en práctica la teoría de nadar y guardar la ropa. No sabía, quizás, que la jueza no iba a calzar zapatos de cristal para caminar sobre el caso y que lo iba a encarcelar de manera fulminante.

Con la falta de libertad pesándole como una losa y los amigos pasando de él, Dorribo no tuvo más remedio que «cantar» sabiendo que la letra de la canción era muy jugosa. Tanto cantó que la jueza debió quedar poco menos que extasiada. Tras el «concierto», el empresario quedó libre y su entorno empezó a temblar.

Fue precisamente a raíz de esas declaraciones cuando los diputados Fernando Blanco (PP) y Pablo Cobián (PP) tuvieron que dimitir. Pero, además, el que era ministro de Fomento, el socialista José Blanco, pasó los momentos más duros y difíciles de su vida política. Dorribo lo involucró en la trama al reseñar que se había reunido con él en el área de descanso de la A-6 de Guitiriz, que entregó dinero al primo del ministro para hacer posible la visita y otra serie de informaciones que generaron una tormenta política que se vio agravada por desarrollarse en plena campaña electoral del 20-N. Fueron muchas las voces que se alzaron para pedir la dimisión de José Blanco, pero este aguantó. Pero el pasado miércoles, día 28, el Tribunal Supremo decidió abrir causa penal contra él al apreciar indicios de cohecho y tráfico de influencias

Jorge Dorribo, el pasado día 23, en su última comparecencia del año en el juzgado FOTO