La Copa regresa al Anxo Carro tras una larga travesía por el desierto, y se reinserta dentro del cartel de atracciones de Segunda B. Si la promoción de ascenso a la categoría de plata y su liga regular para lograrlo, fue el primer gran desafío de este nuevo Lugo en el reencuentro con su mejor historia, la Copa siempre representa una oportunidad para optar al premio gordo de uno de los grandes. Tres eliminatorias a superar para entrar en el bombo de tal objetivo, y las dos primeras en el propio Anxo Carro a partido único. El primero, esta noche frente a otro histórico e ilustre, el Real Oviedo, que recibirá a los rojiblancos el día 11 en el Carlos Tartiere en el primer partido de Liga entre ambos. Si los de Setién logran la victoria, probablemente sería el Salamanca el siguiente rival también en A Cheda. En principio, la ventaja de jugar estas hipotéticas dos finales en feudo propio, y el consiguiente beneficio económico de evitar los desplazamientos. La Copa solo es rentable en los excepcionales casos de enfrentamientos con equipos de Primera, y no digamos si cayese el gordo de Madrid o Barça. Un sueño pocas veces realizable, pero nunca descartable.
Para la final de esta noche, Setién podría no contar con dos importantes jugadores: Víctor Marco y, tal vez, Berodia. La baja del segundo es mucho más decisiva que la del primero, porque su actual momento y su visión y manejo dejaban el camino expedito a Belencoso y compañía de cara al gol. En esta clase de partidos, los técnicos buscan conjugar probaturas con resultados, y a veces existe una clara incompatibilidad entre ambos conceptos. Tampoco la sequía de puntos del conjunto carbayón es el mejor antídoto para superar la ansiedad de un rival de postín.