Sesión continua

Manuel Piñeiro

LUGO

Apagó sus llamas Lucus Augusti y el clamor popular de los lucenses y de los miles de visitantes reservó para el año que viene los renovados bríos de una nueva edición. Orozco fue un César para la implantación de este opio que el pueblo agradece porque unos días de circo también narcotizan a las masas como en la antigua Roma. Pero el día después nos devuelve a la cruda realidad de nuestros pecados.

La Policía Local se siente respaldada por una nueva sentencia favorable, que el regidor municipal se apresura a calificar de un «defecto formal en el procedimiento porque el concejal que firmó la orden no era la persona autorizada, sino el propio Alcalde». O sea, que ni siquiera el inquilino del Concello escapa al surrealismo administrativo, incluidos los servicios jurídicos correspondientes. Un caso más de ineptitud manifiesta de nuestros gobernantes. Y un capítulo más del conflicto permanente entre el Alcalde y la Policía Local, cada vez más alejada de sus deberes más elementales. A pesar de todo, los lucenses pagamos nuestros impuestos con el doloroso plus de la ausencia de servicios básicos imprescindibles.

Otro aviso a navegantes: la Fiscalía Superior de Galicia le envía un escrito al fiscal jefe de Lugo para la apertura de las oportunas diligencias sobre un posible atentado al patrimonio de la ciudad como respuesta a la reclamación de la asociación de las cuestas del parque.

También permanece de máxima actualidad el caso Carioca, tan rico en burdeles como en presuntos policías implicados. En este circo romano nos siguen creciendo los enanos. Somos cien mil habitantes, pero da la sensación que los procesos judiciales en marcha van a exigir un aumento de la plantilla para estos menesteres. Aquí, el circo lucense ofrece sesión continua.