Las bodegas buscan acomodo en un mercado en el que las reglas del juego nada tienen que ver con la bonanza de los comienzos de la denominación de origen
13 ene 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Los tiempos recientes de vacas gordas son ya historia para el sector del vino. A la incertidumbre generada por una competencia cada vez mayor, en un contexto generalizado de ralentización de las ventas, se suman en el arranque del 2008 los negros augurios sobre la evolución de la economía. Así las cosas, ni siquiera las denominaciones de origen que mejor han capeado hasta ahora el temporal, como puede ser el caso de Ribeira Sacra, pueden sustraerse a las interrogantes que plantea la evolución del mercado. A un cambio de escenario que obligará a las bodegas a afrontar una segunda reconversión, más ambiciosa de la que las llevó hace más de una década a sustituir las cubas de madera por equipos de acero inoxidable.
El problema que plantea la existencia de excedentes a nivel europeo se refleja con nitidez en la nueva organización común del mercado del vino, que en Galicia dejará en manos de la Consellería de Medio Rural la posibilidad de aplicar incentivos por el arranque de viñedos. La organización Xóvenes Agricultores ya ha manifestado su preocupación por el impacto que pueda tener este apartado de la OCM en la Ribeira Sacra, inquietud que en privado comparten otras muchas voces autorizadas del sector. Si no hay una discriminación positiva en forma de ayudas específicas de las administraciones, apuntan estas fuentes, esta denominación de origen difícilmente podrá seguir manteniendo el paisaje singular que configuran desde hace siglos sus viñedos.
Los condicionantes propios de la viticultura heroica, a los que hay que añadir el grave problema del envejecimiento poblacional, no se han traducido hasta ahora en la aplicación de incentivos económicos adecuados a la realidad de la Ribeira Sacra, ayudas que sí se conceden desde hace años en el Mosela alemán o en la Cinque Terre italiana por la contribución del viñedo en terrazas al sostenimiento o de un paisaje de gran valor. Al igual que las otras denominaciones de Galicia, Ribera Sacra ha recibido generosas subvenciones para la reconversión del viñedo, aunque a la postre se haya echado en falta en ellas la orientación de los centros experimentales de la Xunta en aras de mejorar la competitividad.
Los incentivos institucionales no serán, en todo caso, la varita mágica que resuelva los problemas de un sector demasiado habituado a volver la vista hacia la administración cada vez que surgen problemas. Los errores de posicionamiento en el mercado y la relajación de muchos elaboradores en la calidad del producto, han propiciado que algunas bodegas opten de un tiempo a esta parte por tirar los precios para despachar sus excedentes. Una práctica que podría tener consecuencias nefastas para el sector si se tiene en cuenta que en las áreas comerciales pueden adquirirse vinos de reserva de prestigiosas denominaciones de origen españolas hasta por dos euros la botella.
Dos velocidades
Habituados a despachar la cosecha mucho antes de que llegase la siguiente vendimia, han sido los pequeños bodegueros los que peor han digerido, con destacadas excepciones, el enfriamiento del mercado. Mientras los grandes elaboradores han sabido mantener e incluso mejorar el nivel de sus vinos, incluidas las marcas que compiten en las franjas más bajas de precios, la mayoría de las etiquetas de producciones limitadas, antaño punta de lanza de la Ribeira Sacra, se han quedado a la zaga. Una ojeada a la carga que soportan muchos viñedos días antes de la vendimia ofrece algunas pistas sobre las causas de este cambio de papeles.
Posicionarse adecuadamente en un mercado tan saturado como el del vino no es tarea fácil, pero constituye un requisito imprescindible para la supervivencia de las bodegas, grandes y pequeñas. Sobre el papel, Ribeira Sacra tiene todo a su favor para consolidarse como denominación de referencia del potencial de unos tintos gallegos cada vez más apreciados. Según un estudio de mercado encargado el pasado año por la Xunta una importante consultora, esta etiqueta se asocia, dentro y fuera de la comunidad, a un producto de prestigio y calidad y precio satisfactorios. Sólo dos pegas: sus vinos aún son bastante desconocidos y no siempre fáciles de encontrar.
Por lo de pronto, la capacidad para adaptarse a las nuevas condiciones del mercado de algunas firmas punteras de la Ribeira Sacra, y muy en especial el crecimiento de la de mayor producción, ha impulsado una tendencia al alza del 4% en las ventas con respecto al ejercicio anterior en los primeros once meses del 2007, según estimaciones del consejo regulador.
Tampoco pintan bastos para los pequeños y medianos elaboradores que han renunciado a llenar nuevos depósitos para no sacrificar la personalidad de sus vinos. Quizá esa sea la clave para mantener el modelo actual de una de las denominaciones más singulares de Europa.