Viñas sin herbicida, misión posible

Algueira erradica estos productos fitosanitarios en trece hectáreas repartidas entre Doade y Abeleda

Viñas de Algueira situadas en la ribera de Doade en las que se recuperó la cava tradicional
Viñas de Algueira situadas en la ribera de Doade en las que se recuperó la cava tradicional

MONFORTE / La VOZ

La sección en España del Fondo Mundial para la Naturaleza editó en el 2016 una exhaustiva guía de buenas prácticas en viticultura. Mejorar las condiciones ambientales del viñedo, subrayan los autores, no solo implica beneficios desde el punto de vista de la ecología. También es la clave para conseguir los vinos de calidad diferenciada de los que depende la supervivencia de espacios vitícolas con los condicionantes de la Ribeira Sacra. Aquel manual se presentaba bajo el lema de «Misión posible». Desde esa misma perspectiva, hay bodegas que se han puesto manos a la obra para erradicar el herbicida en las viñas en bancales.

Las motoazadas van y vienen estos días por las estrechas hileras que sujetan las cepas en la pronunciada pendiente de Carballocovo. Situada en la parte alta de la ribera de Doade, en la antesala del cañón del Sil, la ladera da nombre al viñedo más conocido de Algueira. Cada dos años, la tierra se remueve antes de la primavera con unas máquinas roturadoras cuya anchura no llega a los treinta centímetros. «Las máquinas cavadoras no son muy caras, pero hay que empujarlas. Hacen falta brazos», dice el bodeguero, Fernando González.

Algueira es una de las tres bodegas gallegas adheridas a la nueva asociación Futuro Viñador. Los integrantes de ese colectivo -al que también pertenecen Guímaro y Zárate- asumen la obligación de implantar en sus viñedos prácticas vitícolas respetuosas con el suelo. También aspiran a ser un altavoz que contribuya a su adopción por parte de otros productores. Para Fernando González, la misión es perfectamente posible. «Nosotros estamos cavando con maquinaria adaptada al terreno 50.000 metros en Doade y 80.000 en Abeleda. Hacerlo en una hectárea de viñedo no es ninguna ruina», opina el bodeguero.

Mayor sensibilidad

La preocupación sobre el impacto medioambiental del empleo de herbicidas viene de lejos. Desde que la Organización Mundial de la Salud puso el punto de mira en el glifosato, principio activo de los más utilizados en Galicia, la sensibilidad sobre los problemas derivados del uso de este tipo de fitosanitarios va en aumento. Ya no es solo una aspiración de colectivos o productores ecologistas. Medio Rural, a través de la Estación de Viticultura e Enoloxía de Galicia, promueve de un tiempo a esta parte jornadas técnicas sobre el mantenimiento de suelos en viñedo sin el recurso a los herbicidas.

Las labores de cava se recuperaron en los viñedos de Algueira en la cosecha del 2018. Cada dos años, la tierra vuelve a removerse y se tapa con una cubierta de tojos que hace de abono y herbicida natural. Para completar el control de las malas hierbas, hay que realizar desbroces con cierta regularidad. Los resultados parecen compensar, en todo los sentidos, la inversión en mano de obra. «El cambio es bestial. Los suelos están vivos y se nota en los vinos. Se modifica mucho el ph y tienen otros aromas» dice Fernando González.

Un objetivo no siempre compatible con el precio de la uva

La mecanización es factible en los nuevos viñedos que acondicionaron en los últimos años bodegas de Ribeira Sacra en llano o laderas menos pronunciadas. No sucede lo mismo en las zonas de viñedo más antiguas, las que ilustran la singularidad de esta denominación de origen. La estrechez de los bancales en esas laderas condiciona el empleo de maquinaria y exige un importante esfuerzo por parte de los trabajadores que la manejan. En esas condiciones, la erradicación del herbicida es una apuesta que comporta importantes costes.

Viña proxima al mirador de Soutochao con una cubierta de paja para evitar la proliferación de malas hierbas
Viña proxima al mirador de Soutochao con una cubierta de paja para evitar la proliferación de malas hierbas

Roberto Regal apuesta desde hace tiempo por una viticultura respetuosa con los suelos en su proyecto Enonatur. «Nos últimos anos están a medrar as viñas que se rozan, se tapan con palla ou nas que se aplica unha cuberta vexetal. A xente que empeza o ten clarísimo. Saben que é a forma de facer bos viños, diferentes e salubres», señala el enólogo chantadino. La clave, sugiere Regal, es si ese objetivo es compatible con un precio medio de 1,30 euros kilo de uva.

«Es posible apoyar la economía local y tener un gesto con el medio ambiente con algo tan habitual como descorchar una botella de vino. Pero solo si se ha producido con uva que sigue buenas prácticas agrícolas habrá futuro para esa actividad en su viñedo de origen», avisa el manual editado por el Fondo Mundial para la Naturaleza.

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