Intereses políticos y económicos lastran los intentos de poner orden en el planeamiento del territorio provincial
21 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En Lugo, cada votante es un urbanista. En una tierra en la que el minifundio está grabado a fuego en el ADN de sus gentes, la ordenación del territorio es el montaje imposible de un puzle de normas en permanente cambio. Sobre el tapiz cruzado de valados que es el suelo provincial, una legión de políticos minifundistas justifica sus sueldos en un inacabable tejer y destejer de planes y leyes del suelo que mantienen en permanente caos el diseño urbanístico de ciudades, villas y núcleos rurales. En la capital, doce años después de iniciados los trámites, aún no está aprobado el nuevo PXOM. Con una reforma de la Lei do Solo en marcha, el planeamiento en trámite no tardará en sufrir cambios, como los sufrió ya, por otra modificación legislativa, cuando aún empezaba a gestarse. En Barreiros, el conflicto interminable. Y así y más. En la tierra del minifundio, el urbanismo del caos colapsa la construcción y estimula el paro.
Tras unos doce años de trámites, parece que el Plan Xeral de Ordenación Municipal de Lugo entra en el tramo final del largo camino hacia su aprobación definitiva por la Xunta. La delegada María Novo mantendrá esta semana otra reunión con representantes de Urbanismo, para cerrar algunos aspectos del plan. Pero el nuevo PXOM, antes de su aprobación, ya está amenazado por los cambios que vienen. Mientras el planeamiento municipal camina hacia su bendición institucional, se gesta una reforma de la Lei do Solo que, muy probablemente, obligará a introducir cambios en él. ¿Pero qué cambios sobre qué cambios? Porque el PXOM ha sufrido modificaciones, parece que notables, desde que fue expuesto al público. Por eso la asociación a la que asesora el abogado José Luis Fiuza ha recurrido a la fiscalía y no parece dispuesta a dejar que la documentación que, en varias entregas, ha puesto a su disposición sirva sólo para ocupar espacio en las dependencias judiciales.
En la capital, desde la Transición el urbanismo rompió un gobierno municipal (independientes de Vicente Quiroga con los socialistas de Manuel Varela Flores ) y se llevó por delante a un concejal del área, Víctor Pérez López de Gamarra , arquitecto que creyó que otro modo de desarrollo era posible en Lugo. También puso en el camino de la reconciliación a los pepés distintos que fueron los de Quiroga y Francisco Cacharro . De aquel reencuentro salió el PGOU de 1991, aún vigente. El PXOM ahora en tramitación será una pieza clave en el futuro del socialista José López Orozco . Lo sabe y, como Churchill, quizá es «optimista porque no parece muy útil ser otra cosa». El urbanismo rompió el gobierno que formaron quiroguistas y varelistas, pero ha fomentado puntos de encuentro entre los socialistas de Orozco y los populares que lidera Jaime Castiñeira , ahora (antes también) que ya no está en el Concello García Díez .
En el caótico paisaje del urbanismo provincial, la mejor pieza del rompecabezas es el municipio de Barreiros, asiento de todo tipo de singularidades en la ordenación del territorio. Años de aplicar una política municipal difícil de calificar, una gestión autonómica errática y un enorme cúmulo de intereses privados son las piezas claves de un desastre con mil caras. Ahora interviene la fiscalía.
Es el de Barreiros uno de esos casos en los que, como avisó el inglés ya citado, el único éxito «es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse». El presidente de los constructores lucenses, Hipólito Trinidad , seguramente ha tenido ya muchas ocasiones para compartir el criterio de Churchill sobre el éxito a lo largo de sus idas y venidas para tratar de encontrar una solución al caso Barreiros. Quizá, Trinidad y el sector al que representa defiendan algún día un gran acuerdo político para la ordenación del territorio. Pero no parece fácil un acuerdo así en el minifundio de la política gallega. No parece probable en una tierra en la que, según se dice en algunos medios, a la delegada de la Xunta, Raquel Arias (PP), le hace poca gracia ver al presidente de la Diputación, Gómez Besteiro (PSOE), en algunos actos en los que comparten protagonismo. Uno de los más recientes fue una reunión con jóvenes empresarios.
En Lugo, sí, cada votante es un urbanista sobre el tapiz del puzle inmenso del minifundio. Por eso, estrenar plan general en víspera de elecciones entraña riesgos y el socialista Orozco aprieta el acelerador para ver aprobado cuanto antes el PXOM; por eso, en Barreiros pasa lo que pasa y son legión los que, como Chesterton, cuando se habla de soluciones, están dispuestos a «creer lo imposible, pero no lo improbable»