La estampa clásica del miñoqueiro azada en ristre a la busca de cebo con que llenar la bichera va camino de pasar a la historia. Las lombrices no abundan como antaño y los pescadores se han hecho bastante más cómodos. Sobre todo cuando pueden conseguir en la tienda lo que de otro modo les valdría alguna dureza en las manos. Lo malo es que, con tanta comodidad, más de uno se olvida de llevarse los envoltorios de plástico para depositarlos en un lugar más adecuado que la ribera del río. La foto superior habla por sí sola. Fue tomada en el tramo alto del Asma, en Chantada, cerca del lugar donde desemboca el río Comezo, pero podría corresponder perfectamente a otro cauce de la zona.
Hace unos años comenzaron a poblar las márgenes de los cauces fluviales las pequeñas tarrinas de plástico en las que se comercializaban los gusanos de la cera de las abejas, un cebo que tuvo mucho predicamento en su día entre los cañistas de la zona. Al popularizarse la venta de miñocas en las tiendas de pesca, los envoltorios de plástico han ido ganando en tamaño y también en presencia en las proximidades de los ríos.