Julio Ríos desarrolla en Uruguay una ganadería extensiva que está en las antípodas de la que había en Galicia cuando emigró y de la actual dedicada a producir leche
02 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Amplias zonas de Sudamérica, fundamentalmente de Uruguay, Argentina y del sur de Brasil, tienen unas características para la ganadería muy parecidas a Galicia, con cierta similitud en las temperaturas y en el régimen de lluvias. Acruga, la asociación de criadores de raza rubia gallega, mantiene desde hace años relación con ganaderos brasileños, cuyo resultado es una satisfactoria experiencia de cruce de razas para producir carne.
Sin embargo, pese a esas similitudes, que son mayores en Uruguay, la ganadería de aquel país tiene poco que ver con los sistemas que imperan en Galicia, según corrobora Julio Ríos Serapio, un emigrante originario de Lobios que hizo fortuna en la hostelería y que hace ya muchos años se metió a ganadero, sector en el que siguió ampliándola, aunque más comprando y vendiendo tierras que carne.
En sociedad con el dueño del primer hotel en el que trabajó, Julio comenzó con la actividad ganadera en 1982, «cuando el ganado no valía nada», señala. El y su socio comenzaron comprando una extensión de 900 hectáreas, que en la provincia de Lugo resultará imposible sin contar con montes comunales, pero allí era una explotación relativamente modesta. Al cabo de un tiempo ya tenían 3.500 y en una ocasión adquirieron mil más. Llegaron a tener 5.800.
Tras sucesivas compras y ventas de terrenos, actualmente tienen una cabaña de unas 2.800 reses, tras vender en julio o agosto últimos 1.800 cabezas de vacuno de carne, sector al que se dedican. La de Julio Ríos y su socio sigue siendo una buena explotación dedicada a la cría de carne, porque Uruguay también es un buen productor de leche, pero hay otras muchas de gran tamaño y, lo que consideran tanto o más importante, de gran nivel de desarrollo. Incluso el presidente de la Diputación cuando realizó en septiembre un viaje institucional por la zona se interesó por la ganadería uruguaya y fueron realizados contactos para una posterior colaboración, a través de la granja Gayoso Castro y de centros vanguardistas existentes en Lugo.
La gran diferencia radica en la extensión de las explotaciones ganaderas, e incluso en la gestión, dado que en el sector de la carne las uruguayas están mucho más profesionalizadas que las lucenses. Aquí las granjas dedicadas a producir leche siguen marcando distancias, pese a los contratiempos del sector, en tanto que la carne se convirtió en un refugio de las ganaderías de zonas de muy difícil orografía y de las que abandonaron la producción de leche estimuladas por las subvenciones o por la jubilación de los ganaderos. Hay excepciones como una parte importante de los socios de Acruga, que trabajan de forma más profesionalizada y llevan décadas con rigurosos programas de selección de la raza y con campañas de promoción.
Frente a las explotaciones uruguayas, con centenares y miles de cabezas de vacuno, las lucenses oscilan en la mayoría de los casos entre la media docena y las 30 vacas de carne.