Silvia Gómez, especialista de aparato digestivo: «La microbiota que manda es la intestinal, pero todas están unidas»
VIDA SALUDABLE
La especialista y divulgadora científica explica de qué manera el ciclo hormonal y la salud de la mujer pueden verse afectados por esta comunidad microbiana
07 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Silvia Gómez Senent (Madrid, 1978) huye de decir que la microbiota «es una moda». No le gusta el término, probablemente, porque esta médico especialista del aparato digestivo sabe la importancia que tiene en la salud y en la enfermedad. La experta tiene en mente, también, suficientes estudios y experiencia clínica como para sostener, de nuevo, que no es así. Sí considera que hay mucha desinformación. Acaba de publicar La vida que nos habita (Plataforma Editorial, 2026), en el que se centra en el cuidado de la microbiota femenina a lo largo de la vida.
—¿Qué se sabía de la microbiota cuando su carrera empezaba?
—Empecé con el tema de la microbiota en el 2014. En aquel momento trabajaba con la enfermedad inflamatoria intestinal, y tuve un paciente que había viajado a Estados Unidos, y cuando vino a la consulta me contó que había comprado allí una cosa que se llamaban probióticos. Ahora, son términos muy manidos y que todo el mundo conoce, pero en aquel entonces, en España, había poca cosa. Este paciente me contaba que lo había empezado a tomar por su cuenta y que se empezó a encontrar mejor. Eso me hizo un clic en la cabeza y empecé a investigar si tenía algún rigor científico. Así se abrió un campo. Ya no es solo que no se hablase de ello, sino que era un tema que, en la sanidad pública, no se abordaba al paciente desde esta perspectiva. Esto ha ido cambiando mucho. Creo que, ahora, hay una sobreinformación sobre este tema que hace que pierda el valor que merece.
—Habitualmente, cuando se habla de microbiota, parece que solo importa la alimentación. Usted decide profundizar en su libro e, incluso, utilizar un lenguaje muy técnico. ¿Por qué da ese paso de hacerlo algo más complicado?
—Este es mi segundo libro, el primero, Universo Microbiota (Plataforma Editorial), lo saqué en el 2021 y era más sencillo, una toma de contacto sobre qué es, qué influye, el papel de la alimentación, del estrés, de todos los factores que afectan a la microbiota. Salió en un momento en el que no había tanta información y el tema requería ser más sencillo y más básico. En mi consulta de digestivo, el porcentaje más grande que tengo son mujeres. Es más, sus síntomas empeoran en función de cómo esté su ciclo fisiológico relacionado con la menstruación, con la ovulación o, incluso, de su estado anímico. Además, muchos de los estudios que se han hecho, en microbiota en particular y en la salud en general, están hechos en hombres. Esta parte está poco trabajada y por eso me meto, quizás, en un tema más complejo. También porque siento y veo que es una necesidad cada vez más tangible, no solo en las consultas, sino también en el día a día.
—¿Cómo se relacionan, precisamente, el ciclo hormonal y la variación en el cuerpo de la mujer con la microbiota?
—En los últimos años, con el avance en las técnicas diagnósticas y el mayor conocimiento, hemos podido entender cómo los diferentes tipos de microbiota están relacionadas con la formación y el metabolismo de los estrógenos en la mujer. Es decir, nuestros estrógenos dependen de cómo tenemos nuestra microbiota, que es lo que se conoce como estrolobolomas. Esta relación, desde el punto de vista científico y de la salud, está teniendo mucho auge, porque con el manejo de una microbiota intestinal, podemos ayudar en diferentes aspectos de la salud hormonal de la mujer, cuando hay descenso de estrógenos como es la menopausia o cuando hay un aumento de estrógenos, como puede ser en la endometriosis, en el síndrome de ovario poliquístico o en los tumores tipo cáncer de mama. Entender qué microorganismos influyen en que tengamos más o menos estrógeno en sangre nos permite modular y ayudar a las mujeres en diferentes etapas de su vida.
—¿Cuándo empieza a formarse la microbiota?
—Antes era algo menos certero. Pero ahora, tenemos más certeza de cómo la microbiota se empieza a conformar desde que estamos en el útero de la madre, y cómo de importante es la salud y los hábitos de ella. Ya hay estudios que nos confirman que esto está influyendo en la microbiota, no solo intestinal, sino en todas las del feto. Luego, también importa aquí la forma de nacer, es decir, si el parto es vaginal o por cesárea; o la lactancia, si es materna o artificial. Por supuesto, esto no va de demonizar una u otra cosa, pero sí que provocan cambios que hacen que esta comunidad microbiana del bebé vaya siendo de una manera u otra.
—¿Cómo llegan las bacterias al bebé durante el embarazo? Se pensaba que ese entorno era estéril.
—Claro, esto es lo que se pensaba. De hecho, hace unos años había la teoría del útero estéril. Pero se ha visto que, realmente, el líquido amniótico tiene microbiota de la mamá. Los microorganismos llegan de dos maneras: a través de la vagina, por la que suben hacia el útero, y a través del cordón umbilical. La microbiota intestinal de la madre pasa a través de la barrera del intestino materno y llega al bebé. Y también por medio de la oral, ya que al deglutir va al intestino y pasa al bebé. Se ha analizado la placenta, incluso el meconio, y en ambos aparece la microbiota materna. Desde el embarazo ya tenemos influjo de la madre.
—En el libro habla de microorganismos obesogénicos.
—En la obesidad tenemos identificados un tipo de microorganismos que producen inflamación. Cada vez también tenemos más conocimiento de que la obesidad no es solo el tener aumento de peso o exceso de kilos, sino realmente que hay un estado inflamatorio en la persona que la padece. Se ha visto que las que conviven con obesidad tienen un tipo de microbiota que es más inflamatoria. Y ya hay estudios de cómo las mujeres que van al embarazo con sobrepeso u obesidad, al tener este tipo de microbiota más inflamatoria, se las pueden pasar al bebé. Se han hecho estudios a largo plazo de cómo esos niños en un futuro pueden tener más predisposición a la obesidad o al sobrepeso.
—¿De qué manera está la microbiota en el origen o como mecanismo en los cólicos de los lactantes?
—Aunque todavía no se sabe si hay una causa única, sí parece que tiene mucho que ver con un intestino más inmaduro. Esto puede deberse a muchas cosas, por ejemplo, que el bebé no haya nacido en la semana cuarenta, o simplemente que sea un poquito más lento a la hora de madurar. Que sea inmaduro implica que también lo es su microbiota. Cuando el bebé nace y empieza a tener su lactancia, sea materna o artificial —aunque en mayor medida si es del segundo tipo—, su intestino no tiene los microorganismos adecuados para digerir esos nutrientes y eso genera gases. La base es entender que la función principal de la microbiota, además de protegernos, es digerir nutrientes y alimentos. Cada vez hay más evidencia de cómo el cólico lactante tiene que ver con esa inmadurez intestinal, además de su microbiota.
—¿Cómo cambia la microbiota a medida que pasa el tiempo?
—A medida que vamos creciendo, nos vamos desarrollando, vamos teniendo una microbiota mucho más abundante en número y también en tipo de microorganismos. Al principio tenemos un tipo de bacterias, no hay tantos hongos, tantos parásitos, pero a medida que vamos cumpliendo años, evoluciona. Lo importante es que hay una ventana importante, que es lo que se conoce como los mil primeros días de vida, que son los tres o cuatro años de vida de un niño. Este es el momento en el que la microbiota se hace más resiliente. Es decir, cuanto mejor sea nuestra microbiota, más variada, más rica, en esos tres o cuatro primeros años de vida, más resistente será ante lo que pueda suceder después a medida que cumplimos años. Que durante esa etapa tengamos una alimentación variada, o que haya un menor uso de antibióticos u otros fármacos que le afectan, hará que tenga una base microbiana tan fuerte y tan potente, que cuando vayamos cumpliendo años y de repente tengamos que tomar un antibiótico, tengamos un estrés muy acentuado, y perdamos microorganismos buenos, tengamos mayor capacidad de recuperación. Por eso es que lo que el menor haga esos primeros años es fundamental.
—Menciona el estrés como un factor perjudicial. ¿La microbiota tiene que ver con que, cuando nos ponemos nerviosos, tengamos molestias digestivas?
—A todos nos pasa que cuando tenemos un trabajo o algo importante, nos ponemos nerviosos, lo que puede provocarnos dolor de tripa o diarrea. Está relacionado con que en el intestino hay muchas neuronas que están comunicadas con el cerebro. Además, también tenemos muchas células del sistema endocrino e inmune. Y, al final, cuando hay una situación de estrés, aumenta el cortisol, y eso llega al intestino a través del nervio vago, lo que afecta a las neuronas y al sistema inmune del intestino. Además, en la microbiota, hay una bacteria que está especializada en la formación de neurotransmisores, de la dopamina, de la serotonina y de todo lo que tiene que ver con el estado de ánimo. En resumen, esas vías de comunicación del intestino y el cerebro y del sistema endocrino tienen una base fisiológica muy clara. Por eso todos, cuando tenemos una situación de estrés, de agobio, nos afecta al intestino. La clave es que si tú tienes un intestino cuidado con esa microbiota resiliente que te he contado no te afecta de la misma manera.
—¿Cómo envejece la microbiota a medida que lo hace la persona?, ¿si se mantiene saludable su comunidad microbiana también tiende a ello?
—Totalmente. A partir de una edad, todo empieza a decrecer, entre ello, la microbiota. Solo que, si está bien cuidado con una buena alimentación, con ejercicio físico, con un buen descanso, ese envejecimiento será mucho más lento.
—En el libro también profundiza en la microbiota genitourinaria. ¿Es un mundo aparte del resto de microbiotas?
—No, todas las microbiotas del cuerpo están unidas de alguna manera. Por así decirlo, la que manda es la intestinal, sobre todo por cantidad y diversidad, pero si está sana o saludable, va a repercutir en el resto. Cuanto más sana la intestinal mejor. Sin embargo, es cierto que luego cada microbiota se ve afectada en función del nicho en donde esté. Por ejemplo, en la vaginal influyen las relaciones sexuales, el uso de un tipo de ropa íntima o la higiene íntima que hagamos. Todo esto puede influir en que tengas una microbiota más inflamatoria en esa localización que condicione enfermedades en ese punto.
—Precisamente, aborda cómo una disbiosis intestinal puede intervenir en la fisiopatología del síndrome de ovario poliquístico, en la endometriosis, del fallo ovárico prematuro o de la fertilidad. ¿En qué punto se encuentran respecto a este conocimiento?
—Aquí diferenciaría dos cosas. Por un lado, lo que nos va diciendo la ciencia, la investigación pura, la cual ya es muy sólida acerca de cómo la disbiosis, dependiendo de la localización —intestinal, endometrial o vaginal—, afecta a estas enfermedades. Por otro lado se encuentra la cantidad de profesionales que tengan este conocimiento. Es decir, a mí me parece que todavía queda un intervalo grande entre todo el conocimiento que tenemos gracias a la investigación y poder aplicarlo en la práctica clínica. En la parte más centrada en la fertilidad, cada vez hay más profesionales del área que aplican todo esto. Sin embargo, hay pocos profesionales que puedan dar espacio al estudio de la microbiota endometrial.
—Con todo, podemos ver muchos perfiles en redes sociales que venden soluciones para todo a través de la microbiota.
—Claro, esto es un problema. Hay mucha sobreinformación con respecto a la microbiota. Hay mucha gente que dice que sabe de esto y que, realmente, lleva muy poco dedicándose a ello. Y, al final, hay personas que están desesperadas por ponerse mejor y se agarran a lo primero que ven. Lo entiendo. Pienso que el mensaje debe ser que cuando nos ponemos en manos de un profesional debemos saber su trayectoria en esto.
—Si uno se encuentra mal de la barriga y acude a la farmacia, es común que le den un probiótico. ¿Tiene sentido que nos den uno sin conocer qué bacterias tenemos?
—El problema que vemos ahora mismo es que hay muchos laboratorios farmacéuticos, si no todos, que tienen probióticos para comercializar. Pero no todos valen para lo mismo. Es muy habitual que una persona vaya a la farmacia y le den cualquier probiótico. Realmente, hay unas cepas, unos nombres de bacterias específicas que son las que sirven, por ejemplo, para la diarrea, o para el estreñimiento. Eso es el secreto de la microbiota. Los que nos dedicamos a ello, porque la hemos estudiado y llevamos mucho tiempo viendo pacientes, sabemos lo que es adecuado para cada caso. La situación no es igual para alguien que tenga una enfermedad digestiva de base que alguien que tenga una diarrea puntual. Esto es una de las limitaciones que nos estamos encontrando.