Cocinar en casa una vez a la semana: el hábito que puede proteger de la demencia en personas mayores
VIDA SALUDABLE
Un nuevo estudio plantea que esta actividad puede ser útil para mantener a los individuos de edad avanzada activos, aunque los expertos recuerdan que el cuidado del cerebro va más allá
07 abr 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cocinar puede ser algo mucho más allá de simple un tema culinario. Según el Instituto de Ciencias de Tokio, en Japón, preparar una comida casera, al menos una vez por semana, puede reducir un 30 % el riesgo de demencia en personas mayores, y alcanzar un 70 % menos de riesgo en cocineros principiantes de mayor edad con pocas habilidades culinarias. Esta es la principal conclusión de la investigación, que se publicó en la revista científica Journal of Epidemiology & Community Health.
Los investigadores destacan que, en las últimas décadas, ha crecido el consumo de comida de restaurantes, alimentos congelados y comida para llevar, lo que ha desplazado el hábito de cocinar en casa. Sin embargo, precisan que para las personas de avanzada edad, la preparación de las comidas no solo es una fuente importante de actividad física, sino también de estímulo cognitivo.
El planteamiento fue el siguiente: averiguar si la frecuencia con la que se cocina en casa podría estar relacionada con la incidencia de demencia y si esto podría depender del nivel de habilidades culinarias. Para ello, se basaron en 10.978 participantes, de al menos 65 años, del Estudio de Evaluación Gerontológica de Japón, cuya salud cognitiva fue monitorizada durante seis años, hasta el 2022.
Del total, una quinta parte tenía más de ochenta años. Había hombres y mujeres por igual. Un tercio tenía menos de nueve años de educación y el 40 % tenía un ingreso anual inferior a 2 millones de yenes, lo que equivale a 10.745 euros. Más de la mitad estaban jubilados.
Los participantes completaron cuestionarios sobre la frecuencia con la que cocinaban desde cero en casa; las alternativas iban desde nunca hasta más de cinco veces por semana, así como sobre su nivel de competencia culinaria. Esta se evaluó en función de siete habilidades, como es la capacidad o incapacidad para pelar frutas y verduras o la capacidad o incapacidad para preparar guisos.
Aproximadamente la mitad de los participantes cocinaba al menos cinco veces por semana, mientras que más de una cuarta parte no lo hacía. Las mujeres y quienes tenían experiencia en la cocina tendían a dedicar más tiempo a la cocina que los hombres y quienes no la tenían. Los casos de demencia se determinaron a partir de los datos del sistema público de seguros, que registra el deterioro cognitivo funcionalmente significativo que requiere cuidados.
Durante el período de seguimiento, 1.195 personas desarrollaron demencia (con una incidencia del 11 %); 870 fallecieron y otras 157 se mudaron antes de desarrollar demencia. El análisis de los datos mostró que una mayor frecuencia en la cocina se asociaba con un menor riesgo de demencia tanto en hombres como en mujeres, pero variaba según el grado de competencia culinaria. Cocinar desde cero al menos una vez por semana se asoció con una probabilidad de un 23 % menor de demencia en la población masculina y un 27 % menor en la femenina que cocinar menos de una vez por semana.
Además, entre aquellos que tenían pocas habilidades culinarias, se observó que, si preparaban un plato desde cero, al menos una vez por semana, el riesgo de demencia se reducía en un 67 %. Si bien un alto grado de competencia culinaria también se asoció con un menor riesgo de demencia, la frecuencia con la que se cocina no redujo aún más dicho riesgo.
Según el estudio, los hallazgos se mantuvieron consistentes incluso después de tener en cuenta factores potencialmente influyentes, como el estilo de vida, los ingresos familiares y los años de educación, y fueron independientes de otras actividades asociadas positivamente con la reserva cognitiva, como las manualidades, el voluntariado y la jardinería.
Con todo, los investigadores recuerdan que se trata de un estudio observacional, por lo que no se pueden extraer conclusiones definitivas sobre causa y efecto. Además, los casos de demencia leve no se habrían incluido en los datos del registro, y la clasificación de las habilidades culinarias podría no haber diferenciado entre quienes preparaban comidas sencillas por falta de gusto y quienes no sabían cocinar. No obstante, concluyen: «Crear un entorno donde las personas mayores puedan cocinar sus propias comidas puede ser importante para la prevención de la demencia».
Hábitos con beneficios comprobados
Más allá de ponerse manos a la obra en los fogones, se sabe que existen factores protectores que reducen el riesgo de padecer algún tipo de demencia, y todos tienen que ver con mantenerse activo física y mentalmente. El primero de ellos y que, en realidad, se construye en la cocina es una alimentación saludable. En este sentido, la dieta mediterránea es la recomendación principal. Este patrón dietético se caracteriza por un alto contenido en frutas, vegetales, cereales integrales y aceite de oliva; precisamente, los efectos de esta dieta en el cerebro se explican, sobre todo, gracias a las legumbres y a este último. El llamado oro líquido contiene oligoelementos como el ácido oleico y biofenoles que actúan como antioxidantes, antiinflamatorios y con propiedades antiamiloidogénicas. Todo ello, en su conjunto, contribuye «al efecto neuroprotector del aceite de oliva», del que habla la Sociedad Española de Neurología. Otro de los grandes pilares de esta dieta es el pescado, especialmente el de tipo azul, por su contenido en grasas saludables.
El ejercicio físico repercute en las neuronas. El doctor José Miguel Láinez, expresidente de la SEN, decía en este artículo que siempre pide a sus pacientes que hagan algo, aunque sea lo mínimo: «Siempre les digo que hagan lo que más les guste, porque es a lo que más se van a adherir. Pero creo que tratar de alcanzar la famosa marca de 10.000 pasos es una buena base. Si es más, tampoco vendrá mal», apuntaba. Eso sí, aunque ir caminando al trabajo o a hacer la compra suma movimiento, el impacto positivo crece a medida que lo hace la frecuencia y la intensidad.
Así, además de disminuir los factores de riesgo cardiovasculares, que lo son también para el cerebro, la actividad física es clave en el neurodesarrollo. Por ejemplo, «estudios en humanos han demostrado que el ejercicio durante el embarazo y previo a la gestación se asocia con mayor inteligencia y habilidades intelectuales en los niños», recoge la SEN. Esto parece deberse a que el movimiento fomenta la formación de conexiones neuronales.
La lectura, los sudokus, los crucigramas o el aprendizaje constante son fundamentales para desarrollar la reserva cognitiva. Sin embargo, no es lo único importante: mantener una vida social activa también juega un papel clave. «Existen muchos estudios que demuestran que tener un buen apoyo social, una buena estructura, también ejercita nuestro cerebro. Creo que un momento con amigos, compartiendo experiencias y recuerdos, a veces vale más a nivel de salud mental que miles de sudokus», subrayaba Sandra Jurado, científica titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y directora del departamento de Neurobiología Celular y de Sistemas y del laboratorio Neuromodulación Sináptica en el Instituto de Neurociencias CSIC-UMH, en este reportaje.
En la misma línea se pronunciaba Javier Camiña, vocal del área de Comunicación y Pacientes de la Junta Directiva de la SEN, en esta entrevista: «Hacer un sudoku o cualquier pasatiempo es una actividad intelectual que implica, durante un tiempo, una capacidad de atención y que aparte, si es algo que la persona disfruta, genera una sensación de bienestar. Pero no podemos decir que, simplemente, por hacer equis cantidad de sudokus al día durante tanto tiempo, esto tenga un efecto protector cuantificable». Así, el especialista detallaba que si bien es algo positivo y, seguramente, más beneficioso que ver la televisión cuatro horas, no es lo único que marca la diferencia. De hecho, planteaba: «A lo mejor, jugar a las cartas o al dominó, como hacen nuestros paisanos en el bar, es mejor porque sigue siendo una actividad intelectual a la que le sumas lo social».