Blanca Laffón, investigadora en envejecimiento: «Una de las medidas efectivas para combatir la fragilidad es la reducción de la polifarmacia»

Lois Balado Tomé
Lois Balado LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

Blanca Laffón visitó las instalaciones de La Voz porque, según ella misma afirma, los científicos están cada vez más concienciados de la importancia de sacar las conclusiones que se dan en sus laboratorios a la calle.
Blanca Laffón visitó las instalaciones de La Voz porque, según ella misma afirma, los científicos están cada vez más concienciados de la importancia de sacar las conclusiones que se dan en sus laboratorios a la calle. Álex López-Benito / Senén Rouco

La farmacéutica acaba de publicar junto a sus compañeros de grupo del CITIC un artículo de revisión que acredita la importancia del ejercicio físico en pacientes mayores de sesenta años

10 nov 2025 . Actualizado a las 11:18 h.

Blanca Laffón es farmacéutica, doctora en toxicología genética e investigadora. Su campo de conocimiento es amplio, pero en los últimos tiempos se ha centrado en estudiar lo que desde el mundo anglosajón han bautizado como inflammageing, una palabra que combina inflamación y envejecimiento y que «viene a englobar dos conceptos: la edad biológica y el envejecimiento patológico», como ella misma explica. Su grupo de trabajo en el Centro Interdisciplinar de Bioloxía e Química (CICA) de la Universidade Da Coruña, junto a una universidad belga, acaba de publicar un estudio los efectos del ejercicio físico prolongado en personas mayores de sesenta años. Un metaanálisis sobre una muestra de casi 18.000 pacientes. 

—Vivimos más, ¿también mejor?

—No necesariamente. De ahí nuestra principal línea de investigación, la fragilidad en personas mayores. Cuando hablamos de fragilidad, hablamos de un síndrome multidimensional. No todos envejecemos igual, se trata de un proceso muy heterogéneo y no necesariamente la edad biológica es correlativa a la edad cronológica. Para recoger esto es por lo que se ha acuñado el término de fragilidad, para referirnos a esa pérdida de reservas; no solo fisiológicas, sino también cognitivas. Esta pérdida conduce a un incremento del riesgo de enfermedades relacionadas con el envejecimiento. El riesgo aumenta porque no envejecemos todo lo bien que podríamos. En definitiva, engloba dos conceptos: la edad biológica y el envejecimiento patológico. 

—Nuestro contexto, como sociedad occidental, es complejo. Andamos siempre con prisa, el sol ha dejado de guiar nuestra vida y muchísima gente no sabría precisar en qué momento del año se recogen los tomates o las naranjas porque siempre están en el súper. Se investiga en envejecimiento, buscamos hacerlo mejor ¿pero no jugamos una partida con reglas que nos lastran?

—Efectivamente, el ritmo de vida que llevamos hoy en día es demasiado rápido. Nos olvidamos de muchas cosas en detrimento de nuestra salud para cumplir con nuestras obligaciones laborales o familiares. Pero es muy importante investigar en este campo, porque una vez se obtienen evidencias científicas de que es necesario cambiar nuestro estilo de vida, mejorar nuestra alimentación o hacer más ejercicio físico, es mucho más fácil presionar para que se produzcan cambios. A nivel laboral, por ejemplo. Si disponemos de evidencias que empujen a solicitar una regulación en un determinado sentido, es muchísimo más fácil. Primero viene la investigación y después, con esas evidencias, tratar de hacer cambios que nos beneficien a todos. 

—Pero la pregunta es cómo se logra que esa ciencia pase a la vida de la gente en un contexto como el actual. Ramón y Cajal era una personalidad venerada en su tiempo, pero hoy tenemos a una parte de la sociedad defendiendo que la Tierra es plana.

—Fácil no es. Nunca lo ha sido. Los científicos, en estos momentos, estamos intentando salir más a la calle, difundir más el conocimiento basado en la evidencia. Nos estamos dando cuenta de que la sociedad tiene que tener una retroalimentación sobre a dónde van sus impuestos, de que se están gastando bien en ciencia y que están sirviendo para mejorar la vida de todos. Pero no solo eso. Vemos cada día que diseminar el conocimiento que no está basado en la evidencia científica, las fake news, es cada vez más fácil. Los medios de comunicación serios deben hacerse eco de la ciencia y nosotros somos conscientes de que probablemente podamos hacer mucho más. Es común que, entre científicos, nos parezca mucho más interesante estar encerrados en nuestros laboratorios produciendo resultados que contándole a la gente qué hemos hecho. Y esta segunda parte es muy importante y la debemos hacer. 

—En este estudio hablan del concepto inflammageing —palabra derivada del inglés y que combina inflamación (inflammation) y envejecimiento (ageing)—. En cualquier librería se encontrará una montaña de libros de nutricionistas, farmacéuticos, dietistas, internistas con la palabra «antiinflamatorio» en el título.

—Lo importante es que los estudios estén basados en la evidencia. No me vale que un profesional del campo que sea empiece a divulgar una serie de cosas no apoyadas en la ciencia. Si lo están, adelante, divúlgalo. Pero hay que tener un poco de filtro, porque es muy fácil sumarse al carro de lo que está de moda sabiendo que la gente te va a escuchar y a hacerte caso. 

—¿No falta entre la gente formación sobre cómo interpretar artículos científicos?

—Sí, pero hay que ser realistas. A una persona normal, a cualquier ciudadano de a pie, no le puedes pedir que se meta en PubMed y entienda lo que ahí hay. Quien debe interpretar lo que hay en las bibliotecas científicas son los profesionales de la salud, que son los que tienen que asimilar esa información, extractarla y que sus conclusiones finales lleguen al público general. Es imposible de cualquier otra forma. No solo por la diferencia idiomática, sino porque no todo el mundo puede tener conocimientos de todo. Yo misma, si me meto en el buscador concreto de artículos de ingeniería y me pongo a leer, tampoco lo voy a entender. No se puede pedir que todos entendamos todo, pero sí que cada profesional procese las cosas que están dentro de su ámbito de conocimiento y que, en base a eso, haga algo que los demás puedan entender. Es decir, difusión.

—Estoy de acuerdo con usted, pero estas bibliotecas están al alcance de todos. Y la realidad es que hoy vemos que cualquier persona en redes sociales utiliza la primera página de un estudio sin tener ni idea de cómo interpretarlo o de si es un buen trabajo o no para sacar conclusiones en base a su título. Por eso le preguntaba si no sería conveniente que nos enseñasen a diferenciar el grano de la paja científica, que tambiéne existe.

—No sé si hay que llegar a tanto, pero está claro que falta educación en los colegios sobre la salud. Porque hay muchas cosas que nos tragamos y que con un mínimo de conocimiento científico no te tragarías. No es que no comparta lo que tu digas, me parecería de hecho la parte óptima, pero no me parece realista. 

—Volviendo a su última publicación, han estudiado el beneficio del ejercicio físico en personas mayores de sesenta años. ¿Cómo explicarían a un ciudadano normal lo que han visto?

—Era una muestra era un poco menor de 18.000 personas en una recopilación de artículos de revisión. Es decir, hemos buscado todo lo que hay publicado en estos momentos, que es mucho. Hemos cogido poblaciones de personas mayores no institucionalizadas, es decir, que no estuvieran en residencias. Estábamos más interesados en ver los efectos sobre las personas mayores que viven en comunidad. Cogimos grupos a los que se les habían realizado intervenciones de actividad física un poquito largas. Desde un mínimo de seis semanas, hasta un año. Lo que miramos fueron unas moléculas, las citoquinas, relacionadas con el sistema inmunitario, con la inflamación. Y comprobamos que las moléculas que eran proinflamatorias descendían con la actividad física y las moléculas antiinflamatorias subían con ella. Se restauraba el equilibrio favoreciendo que ese inflammageing estuviese un poco más bajo control. El proceso inflamatorio no solo está asociado a la vejez, sino que nos sirve a todos como mecanismo de defensa frente a patógenos o a cualquier tipo de agresión en el organismo. En el envejecimiento, el proceso de inflammageing se acompaña de una elevación de esas citoquinas proinflamatorias y un descenso de las antiinflamatorias. Y es este desequilibrio el que vimos que se corrige cuando se hace actividad física en cierta medida. 

—¿Cree que la gente comprende qué es la inflamación de bajo grado? Porque relacionamos inflamación con hinchazón. Y también que la inflamación se combate con antiinflamatorios. Es lógico preguntarse que, si tengo inflamación de bajo grado, ¿por qué no me puedo tomar un ibuprofeno de bajo grado?

—No sucede exactamente que se nos hinche ninguna parte de nuestro organismo, sino que simplemente es una respuesta del sistema inmunitario de bajo grado. Son niveles más controlados, pero más elevados de lo que deberían. 

—Pero esta respuesta elevada, ¿se ve en una analítica?

—No. Porque se trata de un incremento de las moléculas que secretan las células del sistema inmunitario, en este caso las citoquinas, aunque también también hay algunas otras, como las proteínas en fase reactiva —como la proteína C reactiva— que a algunas personas a lo mejor les suena porque se mira de forma habitual en los análisis de laboratorio. Pero si para controlar esa inflamación estás dando un ibuprofeno todo el rato, va a llegar un momento en el que el organismo se acostumbre. Además, un ibuprofeno sería demasiado, y tampoco podemos controlar esa inflamación de esta manera para todo lo que nos quede de vida. No tendría sentido. Por eso, para controlar esa inflamación de bajo grado, se están investigando lo que se conoce como terapias no farmacológicas. Y una de ellas es, por ejemplo, el ejercicio físico. Es de lo que se tiene más evidencias de que funciona. Pero también pueden ser cambios en la dieta, hasta musicoterapia si me apuras. Toda una serie de intervenciones que no pasan por la utilización de sustancias químicas, de fármacos. La importancia de esta inflamación de bajo grado no es que se nos hinche ninguna parte de nuestro organismo, sino que este inflammageing está relacionado con la incidencia de patologías asociadas a la edad como la diabetes tipo 2, el cáncer o patologías neurodegenerativas. Todo esto es lo que es necesario prevenir. 

—¿La terapia con música puede reducir la inflamación de bajo grado?

—No. Es lo que se llama una terapia alternativa. No necesariamente te digo que funcione, porque lo desconozco. Si me ha venido a la cabeza ahora es porque, en un determinado momento, junto con el grupo de gerontología de la Vrije Universiteit de Bruselas, estudiamos si la musicoterapia y la terapia en una sala Snoezelen, que es una terapia de estimulación multisensorial en personas mayores muy deterioradas, podía servir para reducir los niveles de un biomarcador de estrés que medimos en saliva que se llama cromogranina A. Es un ejemplo de terapia alternativa, pero no necesariamente para tratar el inflammageing.

—El viraje hacia terapias no farmacológicas es un cambio de paradigma muy grande. Creo que mucha gente que vaya al médico de cabecera no aceptará de buen grado que no le traten con fármacos. Y que los exigirá.

—Pues es uno de los paradigmas que tenemos que cambiar. Evidentemente, cuando se receta un fármaco quiere decir que hay una serie de evidencias científicas detrás. No se están recetando de la nada. Pero creo que se debe de asumir cierto sacrificio por nuestra parte. Por ejemplo, haciendo ejercicio físico, que nos cuesta un poquito más. Pero la musicoterapia y la estimulación sensorial sí funcionan para el tratamiento de la ansiedad en personas mayores, por ejemplo. Entonces, ¿qué hacemos?, ¿les damos un lexatin o probamos con la musicoterapia?

—Pues a día de hoy, probablemente les demos un lexatin. 

—Bueno, depende mucho. 

—Bueno, yo me remito a los datos del Ministerio de prescripción de psicofármacos. 

—Sí. Está claro que los datos que tenemos de psicofármacos hoy en día son un problema. Hay muchas veces que es necesario, no digo que no, por supuesto, pero yo soy profesora de psicofarmacología y a mis alumnos les enseño que las terapias contra la depresión, por poner un ejemplo, son mucho más efectivas si el fármaco se acompaña de una terapia psicológica. Y esto tiene evidencia científica y se ha publicado en Science. Lo dice la ciencia, no lo digo yo. 

—Desde la red MAPAC cuentan que, dentro de los hospitales españoles, el uso de medicamentos potencialmente inapropiados en pacientes mayores lo copan los psicofármacos.

—Otro de los problemas que hay con los pacientes geriátricos es que cada médico receta al paciente lo que necesita para su especialidad. Pero claro, realmente tendría que haber un geriatra, que ya lo hay en muchos centros, que sea el que evalúe todo ese cóctel que se está tomando esa persona porque en esa mezcla probablemente haya muchos medicamentos potencialmente inapropiados.

—Esa era una de la conclusiones de estos investigadores. Que un papel activo de la farmacia hospitalaria reduce muchísimo estas medicaciones potencialmente inapropiadas.

—Claro, porque hay un profesional que está realmente ocupado de esto. Antes hablábamos de la fragilidad, uno de las cuatro medidas que se han visto efectivas para combatirla es la reducción de la polifarmacia. Porque es muchas veces esta gran cantidad de medicamentos que se toman lo que hace que la persona se convierta en frágil. Es necesario que haya alguien que valore la globalidad de ese paciente mayor. 

—Menudo titular: la polifarmacia es lo que hace muchas veces que el paciente se convierta en frágil. 

—No, controlando la polifarmacia se ayuda a mejorar la fragilidad. Vamos a dejarlo así.

—Muchas veces las personas de cierta edad renuncian al deporte o dejan de hacer actividades que les gustaban sin que haya pasado realmente nada que les obligue a cortar con ellas.

—Es lo que dicen las personas mayores, que no es que ellos dejen las actividades, sino que las actividades los dejan a ellos. Porque probablemente ya no se sienten cómodos con ellas o pierden reflejos. Pero hay que ir sustituyendo unas actividades por otras. Está claro que no podemos llegar a los ochenta años haciendo kickboxing, hay que irse adaptando a lo que la vida y la fisiología nos permite. El abanico de posibilidades es muy grande. En el estudio recopilamos todos aquellos estudios que habían hecho aproximaciones de actividad física. La mayor parte de ellos era actividad más aeróbica, ejercicios de fuerza, pero también otras combinadas o de alta intensidad. Lo que se conoce ahora como hiit —entrenamiento a intervales de alta intensidad—, actividades de ejercicios funcionales, pensados para desarrollar actividades de la vida diaria como cargar con unas bolsas de la compra o subir unos platos pesados a una estantería. Pero también otras aproximaciones como el tai-chí, el yoga o los ejercicios con step. La conclusión es que todos ellos ayudan. ¿A lo mejor unos más que otros? Pues puede ser, pero todo es bueno. Lo que no es bueno es estar sentados en el sofá, hay que levantarse y moverse.

—Me pregunto qué cara va a poner una parte de la población cuando su médico les diga que hagan tai-chí cuando actualmente se toman una estatina después de cenar chorizo. 

—Sí, efectivamente. De hecho, en un artículo que preparé hace algún tiempo leí mucha bibliografía de médicos que están publicando recomendaciones en este sentido. Las revistas científicas no solo publican investigaciones, también cartas u opiniones. Pues he visto muchas opiniones de geriatras que decían que es necesario que la actividad física esté contemplada dentro de las prestaciones de la seguridad social. En España o en el país que sea. Se debe prescribir la actividad física. Debemos meternos en la cabeza que es una forma más de curarnos de lo que sea o de prevenir, sobre todo de prevenir, futuras complicaciones en el envejecimiento. Tenemos que tenerlo presente y no nos tiene que sonar raro que el médico nos diga que no nos va a dar ninguna pastilla, sino que lo que tenemos que hacer es salir a caminar media hora todos los días. Y si llueve, se pone el telediario y camina en el sitio. Tenemos que encontrar alternativas y hacernos a la idea de que el ejercicio diario tiene que formar parte de nuestra vida. 

Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.