María Sanz, cardióloga deportiva: «El enemigo número uno de nuestro corazón es la alimentación ultraprocesada»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

VIDA SALUDABLE

María Sanz de la Garza es cardióloga en el Hospital Clínic de Barcelona.
María Sanz de la Garza es cardióloga en el Hospital Clínic de Barcelona.

Se encarga de realizar el «screening» a los deportistas del Fútbol Club Barcelona y reconoce que en personas de 20 años «caminar no tendrá el impacto metabólico que requiere su organismo»

01 sep 2022 . Actualizado a las 18:54 h.

No existe corazón más sano que el de un deportista. María Sanz de la Garza lo tiene claro. Es cardióloga en el Hospital Clínic de Barcelona, en el que lidera el programa de rehabilitación cardíaca. Además, controla los latidos de todos los deportistas del Fútbol Club Barcelona, ya que es la encargada de realizar el screening participativo cardiovascular. También se encuentra desarrollando un proyecto holístico, Cardiólogos 360, en el que su especialidad buscará una mejora del paciente a través de la salud integral. Y si esto parece poco, en el apartado de investigación, acaba de recibir una beca para fenotipar, o lo que es lo mismo, determinar, al deportista en riesgo de desarrollar una fibrilación auricular inducida por el ejercicio. «Evaluaremos variables como el estado emocional, la carga de ejercicio, la nutrición o las horas de sueño de la persona», explica la experta. 

—Es muy habitual pensar que un paseo cuenta como ejercicio. Que eso basta. ¿Es esto cierto? 

—Lo primero que deberíamos hacer es definir qué es ejercicio. Actividad física, por ejemplo, es cualquier tipo de acción que requiera un movimiento, ya sea caminar o limpiar la casa. En cambio, si queremos hacer ejercicio debemos cumplir ciertas características: hacerlo por un tiempo determinado, a una intensidad y con una regularidad. Es decir, para que caminar se pueda considerar realmente un entrenamiento físico se tendría que definir cómo hacerlo durante 30 minutos, a cierta velocidad, subiendo o no cuestas… Todas estas variables van a depender del paciente. Hay personas que vienen a consulta y dicen que son muy activos porque van caminando a todos los sitios. Si bien eso está genial, lo que en verdad ha demostrado más beneficios es añadir un ejercicio físico establecido, regulado, con una serie de intensidades con la que sabemos qué estamos haciendo. De esta forma, si quiero caminar, saldré una hora, seguiré una ruta, a un cierto ritmo. La mayor parte de los trabajos actualmente son sedentarios por lo cual se torna aún más esencial marcar un período de entrenamiento. 

—Claro. Se suele decir que debemos caminar como si perdiésemos el bus. 

—Depende de la persona. Para una persona de 20 años sin problemas de salud, caminar a una cierta velocidad no tendrá el impacto metabólico que requiere su organismo. La intensidad con la que se debe realizar entrenamiento fisico y en concreto caminar, dependerá del estado físico previo. Para alguien sedentario, hacerlo a una velocidad media durante al menos cuatro horas por semana puede ser un buen comienzo, pero para una persona entrenada, caminar no supone un estresor suficiente. 

—¿Cuándo se puede considerar que hacemos demasiado ejercicio? 

—No hay una cantidad establecida de ejercicio que se pueda considerar demasiado porque vuelve a ser una cuestión individual. La práctica de altas cargas de entrenamiento aeróbico, que superen las diez horas por semana, que suelen aparecer en disciplinas como el triatlón se ha asociado con una mayor incidencia de fibrilación auricular. De igual forma, hay un síndrome, que se llama Síndrome del Sobreentrenamiento, que tiene una serie de características, y aparece sobre todo en deportistas de élite y amateurs que, aparte de de entrenar, tienen una familia, un trabajo y no realizan los descansos adecuados. Es decir, se considera que es demasiado ejercicio cuando se hace un entrenamiento durante unas horas que no se compensa con descanso y alimentación. 

—¿Nuestro cuerpo nos manda señales?

—Sí. Inicialmente, lo que vemos es una baja de la performance deportiva. Llegan a un límite y pese a estar entrenando más, hacen menos porque el cuerpo se agota. Aparece una situación de insomnio y agitación, como si se tratase de ansiedad. Si esto se mantiene a nivel crónico podrá llegar la anemia, la astenia generalizada; la agitación se sustituye por apatía, o aparece la amenorrea en la mujer, o la disminución de la testosterona en el varón. Hay un desequilibrio causado por muchos estresores.