Un estudio en doce países confirma que las autolesiones en menores y jóvenes están aumentando, sobre todo en mujeres
SALUD MENTAL
El estudio, con más de 200 millones de casos, señala que el aumento anual es significativamente mayor en chicas jóvenes (3,6 %) que en hombres de la misma edad (1,2 %)
16 mar 2026 . Actualizado a las 19:44 h.Las autolesiones están entre las manifestaciones más claras de los problemas en la esfera de la salud mental. Patologías como el trastorno bipolar, la depresión o la ansiedad pueden acompañarse de este comportamiento. Y, aunque tradicionalmente, ha sido asociado a adultos, el acto de autolesionarse está cada vez más presente en la vida de personas jóvenes, concretamente en menores de 25 años. Una nueva revisión de estudios halló que estos casos están aumentando, especialmente entre las chicas.
El metaanálisis, que se ha publicado en JAMA Pediatrics, fue llevado a cabo por un equipo de científicos en Canadá e incluyó 42 estudios sobre autolesiones en niños y jóvenes de 12 países de alto nivel económico —España no estuvo entre ellos—, publicados durante un período de 25 años, entre el 2000 y el 2024. Según los datos disponibles, correspondientes a más de 200 millones de individuos menores de 25 años, se observó un aumento anual del 2,5 % en las autolesiones autoinformadas y del 3,5 % en las visitas médicas por autolesiones reportadas, especialmente en niñas.
El estudio
El trabajo publicado en JAMA Pediatrics se titula Tendencias a largo plazo de la autolesión pediátrica en países de altos ingresos y consiste en una revisión sistemática y metaanálisis. «Se incluyeron estudios longitudinales y transversales, basados en registros regionales y nacionales, realizados en poblaciones generales, con personas de 24 años o menos y con al menos cinco años de datos. Se incluyeron estudios que midieron hospitalizaciones, visitas a urgencias o consultas médicas por autolesiones, y también encuestas sobre autolesiones autoinformadas», explica la investigacicón.
En otras palabras, este análisis aporta información relevante, ya que integra datos de numerosos estudios realizados en una docena de países diferentes. Esto permite alcanzar una muestra poblacional total elevada —de 234.054.520 personas—, lo que aumenta la fiabilidad de los resultados. «Todos los datos internacionales y nacionales señalaban este aumento progresivo muy significativo de las conductas autolesivas (ANS) en niños y jóvenes en las últimas dos décadas. Este estudio simplemente confirma con datos esta impresión clínica, señala un aumento del 3,5 % anual en las ratios de ANS y además lo generaliza a diferentes países, independientemente de factores culturales», apunta en declaraciones a Science Media Centre Juan Carlos Pascual Mateos, director del Servicio de Salud Mental del Consorci Hospitalari de Vic (Barcelona) y miembro del Grupo para el Estudio y Tratamiento de las Autolesiones (Greta).
A nivel de las consultas médicas, se observó un aumento anual relativo del 3,5 % en las autolesiones durante el período de estudio, siendo significativamente mayor en mujeres (3,6 %) que en hombres (1,2 %). En las encuestas de autoinforme, se registró un aumento anual relativo del 2,5 % en este tipo de síntomas.
«Confirmar una sospecha con un metaanálisis como este despeja todo tipo de dudas y aclara definitivamente la impresión de la práctica clínica», afirma Pascual Mateos. El experto señala que, si bien España no forma parte de la muestra, «los resultados pueden extrapolarse sin duda a nuestro país. Aquí también se han realizado estudios que confirman esta hipótesis y esta tendencia. No han sido incluidos debido a los criterios de inclusión restrictivos para formar parte de la revisión».
«Se necesitan urgentemente iniciativas de prevención eficaces, adaptadas al contexto y a gran escala para frenar el aumento de las autolesiones en los países de la OCDE, especialmente entre las mujeres», concluye el estudio.
El panorama en Galicia
En España, los expertos también llevan años alertando acerca del aumento en las conductas autolesivas. «Las entendemos como una expresión del malestar actual y la realidad es que las vemos cada vez más frecuentemente en nuestras niñas, niños y adolescentes», observa la psicóloga Paula Marcos Carregal, presidenta de la Sección de Psicoloxía e Saúde del Colexio Oficial de Psicoloxía de Galicia (COPG). Para la experta, este tipo de síntomas hablan de «una falta de recursos personales y sociales para afrontar ese malestar. Entonces, el recurrir a la autolesión aporta la sensación de mejora, de alivio, que no encuentran de otra manera. Pero recurrir a esto como alivio es grave».
«Las causas son multifactoriales. En parte, este fenómeno está relacionado con el estilo de vida que tenemos. Pero un factor de peso espectacular, que ha marcado un antes y un después, ha sido el uso de las pantallas. Desde que se instauró la tecnología Android ha habido un aumento exponencial en los intentos de suicidio en jóvenes», señala la psicóloga Sara Roldán.
Este rol de la tecnología como potenciador del malestar emocional se acentúa en las personas más jóvenes, cuyos cerebros aún en desarrollo no están preparados para gestionar el volumen de información que reciben a través del móvil. «Estos dispositivos generan adicción porque afectan al sistema de recompensas del cerebro. Los culpables son los adultos que han permitido que esto haya llegado y que están tardando demasiado en regular su uso y su acceso», apunta Roldán en este sentido.
Otra parte de responsabilidad recae sobre una sociedad que comienza a exigir mucho a las personas a edades cada vez más tempranas. «No es lo mismo haber sido adolescente hace 30 años que serlo ahora. La adolescencia de por sí es una etapa en la que se producen muchos cambios y hay presiones externas que afectan a los jóvenes. Yo creo que hoy en día se enfrentan a retos diferentes», señala Marcos Carregal.
El papel de la familia tampoco se puede subestimar. «Cuando se come viendo la tele o con la pantalla del móvil delante, no hay calidad en la comunicación», explica Roldán. El ámbito familiar es, muchas veces, donde se desarrolla la presión. «Muchos progenitores presionan cada vez más a los hijos. Antes, a lo mejor decidías en el instituto lo que querías ser de mayor. A día de hoy, se les empieza a presionar con las notas desde primaria. Y tienen cada vez más exámenes, cuando en teoría el sistema educativo iba a revisar esto. Por no hablar de la cantidad de actividades extraescolares que realizan los chicos. ¿En qué momento tienen tiempo para descansar?», subraya.
Anatomía de la autolesión
Como otras conductas autodestructivas, las autolesiones están, en muchos casos, relacionadas con un castigo hacia uno mismo. Sin embargo, las expertas explican que la lógica que gobierna este fenómeno va más allá de fustigarse. «La autolesión tiene muchas funciones. Una de ellas es autorregularse. No soy capaz de regular mis emociones, me siento mal, me hago daño físicamente y a nivel fisiológico, genera endorfinas el hacerse una lesión. Estas endorfinas se producen en torno a la herida para que sientas menos dolor. Hay una parte de la autolesión que tiene que ver con salir de esa emoción y encontrar cierto alivio, tanto físico como emocional», detalla Roldán.
Como explica Marcos Carregal, puede haber diferentes tipos de lesiones ejecutadas contra uno mismo. Una manera de entender estas diferencias es en función de la intención que haya detrás del acto. «No es lo mismo buscar el alivio de un malestar puntual, que otras autolesiones que tienen detrás una ideación que llamamos autolítica. Estas últimas surgen con la idea de hacerse daño y morir», explica. Roldán añade que en otros casos, «hay personas que lo hacen como una forma inconsciente de solicitar ayuda, para que se pueda ver que no están bien». También es una conducta frecuente en aquellos que tienen un embotamiento emocional o les cuesta conectar con lo que sienten. En ellos, «hacerse una herida es una manera de experimentar sensaciones de manera controlada», observa.
Normalizar el dolor
Aunque parezca contraintuitivo, las expertas sugieren que normalizar el malestar puede ser útil para los jóvenes. No para que se queden con ese malestar, sino por el contrario, para reconocer que es algo que existe y que se puede pedir ayuda cuando sucede. A falta de esta normalización, muchas personas viven su dolor en silencio, ocultándolo a su familia y a su círculo cercano. Una conducta que favorece la cronificación.
Marcos Carregal subraya la importancia de los lazos comunitarios para la prevención. «Atender a la infancia, hacer una labor preventiva, hacer una y un seguimiento adecuado es lo mejor que podemos hacer como sociedad para proteger a los menores, para que sean adultos autónomos, responsables, sanos, seguros. Se trata de crear una red de acompañamiento, de contención. Para eso nos tenemos que dar tiempo también para pasar con los menores, para criarlos, para acompañarlos en las dificultades, para apoyarlos. Al final, los ritmos de vida hacen que sea complicado. Entonces, no sólo es la estructura familiar quien tiene el poder, sino que se necesitan cambios socioculturales», concluye.