Alfredo Guijarro, psicólogo en desastres: «Permitir el llanto es lo más duro para un profesional, sientes el impulso de intervenir»
SALUD MENTAL
El experto explica cómo se actúa ante estas situaciones para acompañar a las personas y brindarles apoyo: «Darles información sobre los síntomas que podrán tener ayuda a aliviar la sensación de pérdida de control»
20 ene 2026 . Actualizado a las 11:00 h.Ante una tragedia como la que ha ocurrido en Córdoba, tras la colisión de dos trenes que ha causado decenas de fallecidos, la atención psicológica a las víctimas y a sus familiares directos es fundamental. Este apoyo, cuando se recibe de manera temprana, puede ayudar a encauzar el duelo y prevenir complicaciones del estrés postraumático, evitando que se agrave. Alfredo Guijarro, socio fundador de la Sociedad Española de Psicología Aplicada al Desastre Urgente y Emergencias (Sepadem) y de la Asociación Mundial de Psicología de Emergencias (AMPE), es una de las voces expertas más autorizadas para explicar qué atención necesita una persona en esas circunstancias y cómo puede reaccionar el cerebro ante ellas. Como psicólogo en la reserva de las Fuerzas Armadas ha dedicado su carrera a brindar asistencia a quienes más la necesitan cuando ocurre una catástrofe.
—Desde su experiencia en situaciones de emergencia, ¿cuáles son las reacciones emocionales más frecuentes que suelen presentar las víctimas y familiares tras un desastre como este?
—La respuesta es amplia. Depende de la personalidad de cada uno, de su historia personal y de la red de apoyos que tenga. No hay una norma. Lo primero que hago yo cuando intervengo con una víctima es escucharla. Ella misma va comunicando sus necesidades en función de cómo esté reaccionando ante el hecho traumático.
—¿Es habitual quedar en «shock»?
—Sí, pero hay algunos a los que el shock les dura 15 segundos y otros que se quedan bloqueados una larga temporada. El bloqueo inicial es parte de la constitución humana. Pero en función de la personalidad y de la resiliencia que tenga cada persona, ese bloqueo se puede prolongar en el tiempo o no.
—¿Qué señales de estrés agudo se pueden observar?
—Hay gente que ante esta situación rompe a llorar, tiene un comportamiento histérico, y otra gente se queda simplemente bloqueada con la mirada perdida. Cualquiera de las dos reacciones es normal.
—¿En qué consiste la intervención durante las primeras horas o días?
—Fundamentalmente, se intenta devolver a la persona a su normalidad. Si tiene ansiedad, se trabaja sobre ella. Si tiene bloqueo, lo mismo. Pero lo importante es el acompañamiento, que el individuo tenga a alguien cerca en quien en un momento dado pueda confiar y apoyarse. Incluso, hay que permitir los silencios y el llanto, que es lo más duro para un profesional porque uno siente el impulso de intervenir y hacer algo, pero sabemos positivamente que el llanto es la válvula de escape para la presión que la persona puede tener, así que hay que dejar que ocurra.
—En esas circunstancias tan inesperadas, ¿es habitual preguntarse por qué ha pasado?
—Sí, la incertidumbre es parte de la vida, pero nos gusta tener todo controlado y creer que las cosas se producen de forma justa y equilibrada. Realmente, la vida no es ni justa ni equilibrada. La incertidumbre reina y no tenemos ese control que creemos tener. Desde que naces, estás constantemente expuesto a que te pasen cosas. Estas personas iban o venían de viaje de fin de semana y se han encontrado en esta situación. Asumir que puede pasar algo así es muy difícil, te hace replantearte muchísimas cosas. Pero es la vida misma. Lo que hay que hacer es poner el foco en qué hacemos con esto, a partir de ahora, con lo que nos queda, en afrontarlo. En función de las herramientas de afrontamiento que tenga cada persona, se puede actuar en un sentido u otro para ayudarle.
—A medio o largo plazo, ¿qué atención pueden requerir estas personas?
—Es fundamental la red de apoyos sociales de la persona. Por eso, cuando alguien tiene una gran red en la familia, amistades y vínculos, indudablemente le va a ser más fácil volver a la normalidad que si está solo, desarraigado. Su propia historia personal te va indicando cómo puede llegar a ser la evolución de esa persona.
—¿Cómo suelen reaccionar los familiares de las víctimas?
—Al que pierde un ser querido, le dan igual las circunstancias. Indudablemente, estas circunstancias pueden empeorar la situación, pero lo grave para el individuo es que ha perdido a esa persona. Entonces, va a pasar por el mismo trauma de un duelo, con posibilidad de que aparezca ansiedad, estrés agudo, o estrés postraumático si este se mantiene en el tiempo.
—¿Qué determina que se produzca un estrés postraumático?
—Si esta pérdida viene muy próxima a otra pérdida de otro familiar, esta situación en la que los hechos traumáticos están próximos en el tiempo también empeora y agrava la situación. Si algún familiar de una víctima ha perdido a otra persona recientemente, su pronóstico será peor porque el duelo se multiplica y la persona puede entrar en una indefensión adquirida en la que ve todo lo malo que se le ha acumulado y empieza a pensar «todo me pasa a mí». Aquel refrán de que para el perro flaco todo son pulgas se cumple en este caso también. Sufrir varios hechos traumáticos seguidos impide un afrontamiento correcto de la situación.
—¿Qué síntomas pueden aparecer con el estrés postraumático?
—Las víctimas de este tipo de accidentes pueden tener ataques de pánico o flashbacks, situaciones en las que se les vuelve a aparecer la tragedia en sueños o en visiones durante la vida cotidiana. Es que esa información se procesa durante el sueño. Ante un hecho traumático, uno de los problemas más comunes es tener un trastorno del sueño o la ausencia, directamente, de él, por ser incapaz de quedarse dormido. Toda esa información, con un carácter tan ligado de forma directa a la supervivencia de la persona, si no dormimos se queda sin procesar y necesita salir de vez en cuando en forma de esos flashbacks. Luego, es frecuente que los familiares no asuman nunca la pérdida y crean que cuando alguien les llama al timbre va a ser esa persona que se ha ido. Detalles como la ropa de esa persona, que aún conservará su olor, cuando sucede una catástrofe de este tipo adquieren una importancia mucho mayor y pueden ser origen de trastornos.
—¿Cómo se abordan estos problemas?
—Principalmente, comentándolo. A una víctima de este tipo de situaciones le explicamos que le puede pasar tener flashbacks, entonces, ya lo normaliza y cuando le ocurre no es algo inesperado. Lo tiene más encuadrado. Esa información previa ayuda a mitigar la sensación de pérdida de control sobre los propios pensamientos y emociones. El haber pasado por esta situación no es una enfermedad, aunque sí puede ser la puerta de entrada a una si no se trata y apoya a las víctimas.
—Para los familiares de una víctima, ¿el no poder despedirse de la persona agrava el duelo?
—Esa despedida es algo que se puede hacer en terapia. Hay muchas técnicas para despedirse de la persona fallecida, desde escribirle una carta hasta sentar a la persona delante de una silla vacía en la que supuestamente estaría esa persona querida y se le puede decir todo lo que ha quedado pendiente. En el día a día parece que no tenemos nada pendiente con los que nos rodean, pero cuando los perdemos nos salen todas las cuentas pendientes a la luz.
—¿Quién cuida a los sanitarios que están cuidando de las víctimas?
—Yo soy psicólogo militar jubilado y he tenido la suerte de tener siempre un compañero al lado. De esa manera, cuando terminas de intervenir en una situación, puedes ventilar emocionalmente con ese compañero. Nosotros no estamos hechos de otra pasta y sufrimos exactamente igual y el tener un compañero al lado tuyo, que te va reconduciendo y al que le puedas contar todo lo que te está pasando, es fundamental.