Los alimentos infantiles, a examen: «El 98% de los purés requerirían advertencias frontales por contenido en azúcar»

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez LA VOZ DE LA SALUD

LA TRIBU

Una madre revisando las etiquetas de un producto en un supermercado.
Una madre revisando las etiquetas de un producto en un supermercado.

Además, ninguno de los 800 productos analizados por el proyecto científico «InfantBase» respeta los criterios de promoción establecidos por la organización

29 mar 2026 . Actualizado a las 13:19 h.

Ocho de cada diez alimentos infantiles que se venden en España no cumplen los criterios nutricionales de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Así lo confirma el proyecto científico InfantBase, la primera base de datos que hace una revisión exhaustiva de lo que realmente contienen los productos para lactantes y niños de corta edad (desde los seis años a menores de tres) que se pueden adquirir en los supermercados de nuestro país. Nancy Babio, investigadora de la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili (URV) y coordinadora del mismo, explica que el objetivo de este análisis era evaluar la composición nutricional y el márketing de estos productos, «con especial atención en la reducción de azúcares añadidos, el aporte nutricional adecuado y la protección de la lactancia materna frente a mensajes publicitarios engañosos». Así, después de analizar más de 800 productos alimentarios, «solo el 23 % cumple con los estándares nutricionales de la OMS», remarca la investigadora. Y por si esto fuera poco, ninguno respeta los criterios de promoción establecidos por la organización mundial. 

«Muchos contienen un exceso de azúcares, tienen poca proteína o aportan muy poca energía, lo cual resulta especialmente problemático en una etapa clave del desarrollo en la que cada bocado cuenta», avanza Babio. Más concretamente, el 60 % de los productos analizados presenta cantidades excesivas de azúcares y un 30 % contiene azúcares añadidos (aquellos que se incorporan a los alimentos y bebidas durante su procesamiento o preparación, ya sea de forma industrial o de forma doméstica; no se encuentran naturalmente en el producto). El 27% se promociona para menores de seis meses, «lo cual contradice las recomendaciones de lactancia materna exclusiva hasta esa edad», asegura Babio, y «el 98 % de los purés requerirían advertencias frontales por su alto contenido en azúcar». 

Qué dice la OMS 

El Modelo de Perfil de Nutrientes y Promoción (NPPM, por sus siglas en inglés) para alimentos infantiles y de niños de corta edad es una herramienta de la Organización Mundial de la Salud (OMS) diseñada para clasificar los productos alimenticios destinados a niños menores de tres años, según su calidad nutricional y sus estrategias de promoción.

De esta forma, establece cuatro tipos de requisitos en cuanto al contenido nutricional de los alimentos infantiles. Por un lado, los no permitidos. Es decir, se prohíben ciertos ingredientes como azúcares libres (mono y disacáridos, jarabes, néctares, miel, zumos de frutas o concentrados), edulcorantes artificiales, golosinas, bebidas saborizadas y grasas trans. Se limita el contenido de fruta en las comidas saladas, cereales secos y productos lácteos. 

La OMS establece límites en el valor energético y la cantidad de azúcares, sodio y grasas permitidas. Por ejemplo, se define un máximo de 50 kilocalorías por porción en snacks, un límite del 15 % de energía proveniente de azúcares en comidas saladas y límites específicos para la grasa total y el sodio. 

Asimismo, establece requisitos en cuanto a las estrategias de promoción en el etiquetado: exigen etiquetas de advertencia si el contenido en azúcar es alto, establecido en más del 30 % de la energía cuando se trata de purés de frutas o vegetales y más del 40 % cuando son productos lácteos; claridad en el nombre del producto, indicando el contenido de ingredientes en forma decreciente y no ocultar los sabores dulces ni elevado contenido de fruta; la lista de ingredientes debe indicar el porcentaje de los ingredientes principales, como el agua añadida, contenido de frutas y fuentes tradicionales de proteína; y se prohíben declaraciones nutricionales y de propiedades saludables en la etiqueta. 

Etiquetas que llevan a engaños 

Babio pone el foco en uno de los hallazgos de su equipo: «En muchos casos, el nombre del producto destaca un ingrediente que no es el principal. Por ejemplo, uno llamado ''ternera con zanahoria'' puede tener más agua, arroz o puré de manzana que carne o zanahoria. Esto incumple las recomendaciones del modelo de la OMS, que exige que el nombre del producto refleje fielmente los ingredientes en orden de proporción».

Un etiquetado que confunde a las familias, que creen estar ofreciendo alimentos con mayor valor nutricional del que realmente tienen. «Así se consigue una ''falsa percepción de calidad''. Es lo que se conoce como el ''efecto halo'': una etiqueta con palabras como ''natural'', ''sin azúcares añadidos'' o ''con hierro'' puede llevar a las personas cuidadoras a pensar que el producto es saludable, aunque no lo sea», explica la investigadora. Además, si el nombre del producto destaca ingredientes que no están en primera posición, se refuerza esa idea equivocada. «Esto puede provocar que se elijan productos ultraprocesados en lugar de opciones caseras o mínimamente procesados, que serían mucho más adecuadas». 

En su opinión, a día de hoy existe una brecha entre lo que recomienda la OMS y lo que permite la normativa vigente, tanto en España como en otros países de la Unión Europea. «La regulación actual es insuficiente: por ejemplo, no exige declarar azúcares añadidos, permite etiquetar productos como adecuados desde los 4 meses, y no prohíbe muchas de las estrategias de márketing engañosas. Esta permisividad beneficia a la industria, que tiene grandes intereses comerciales en un mercado en crecimiento. Por eso creemos que es urgente actualizar la legislación, y aplicar controles más estrictos que prioricen la salud infantil por encima de los beneficios económicos», considera Babio. 

«En España, la publicidad de alimentos dirigidos al público infantil se rige principalmente por el código PAOS, un sistema voluntario de autorregulación. Sin embargo, las evaluaciones independientes han mostrado que este modelo no garantiza la protección de la infancia: carece de mecanismos externos de vigilancia y de sanciones efectivas, y no asegura una aplicación coherente ni uniforme», añade Babio. La experta lamenta que en el 2022 se presentó un proyecto de Real Decreto para adoptar los perfiles nutricionales y de promoción de la OMS como marco regulatorio, pero el proceso ha quedado paralizado: «Mientras tanto, cada día miles de familias siguen expuestas a mensajes publicitarios que presentan como “saludables” productos que no cumplen los criterios nutricionales recomendados por la OMS». 

Los afectados, los más pequeños

«Sabemos que los primeros 1.000 días de vida son fundamentales para el desarrollo y la salud futura», subraya Babio. Por lo tanto, los más afectados por esta situación son los más pequeños. «El consumo regular de alimentos con alto contenido en azúcares, poca proteína y baja densidad energética durante los primeros años puede alterar el desarrollo de preferencias alimentarias saludables, aumentar el riesgo de caries, fomentar la ganancia de peso excesiva y, a largo plazo, contribuir a enfermedades no transmisibles como obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares», asegura. 

La OMS también recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida. Posteriormente, sugiere mantenerla hasta los dos años o más. Por o tanto, la promoción inadecuada de este tipo de alimentos infantiles puede llevar a desplazarla. «Y es la fuente principal en esa etapa», remarca la investigadora la Unidad de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili. 

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.