EE.UU. juzga el cuatrienio de Trump

El presidente azota el miedo al fraude electoral, mientras los demócratas temen que se repita la debacle del 2016

Biden, durante un mitin este lunes en Pensilvania
Biden, durante un mitin este lunes en Pensilvania

Nueva York / E. La Voz

Estados Unidos acude este martes a las urnas para decidir si le da otros cuatro años al republicano Donald Trump o si optan por un cambio en favor del demócrata Joe Biden. La incertidumbre sobrevuela este día histórico donde se decide el futuro de la primera potencia mundial. El síndrome postraumático de la derrota de Hillary Clinton de hace cuatro años mantiene un clima enrarecido en la calle. El fantasma del 2016 aterroriza a los demócratas. Pocos se atreven a pronosticar el triunfo de Biden, a pesar de que llega a la cita con una ventaja a nivel nacional de entre 10 (según la última encuesta de The Wall Street Journal-NBC News) a 6,5 puntos (de acuerdo con el promedio de RealClearPolitics). Trump todavía puede acortar la distancia en los estados claves y repetir la sorpresa del 2016 cuando el voto oculto de los desencantados le auparon desde la Quinta Avenida de Nueva York a la Casa Blanca de Washington. 

Campaña atípica

Récord de participación. Las elecciones presidenciales del 3N sí tienen dos datos claros, el récord de los más de 96 millones de estadounidenses que han votado por anticipado y las más de 80.000 nuevas infecciones por coronavirus registradas el lunes que demuestran que el país se enfrenta a una tercera ola sin control. La pandemia ha marcado una campaña atípica, convertida en el espectáculo final de la polarización política y social fomentada por un Trump desatado frente un Biden que se presenta como el candidato que devolverá la cordura. Muchas son las dudas de si el país podrá curar las heridas abiertas en los últimos cuatro años. 

Los dos candidatos protagonizaron este lunes un final trepidante de campaña en los estados claves. Trump dio cinco mítines en cuatro estados. Comenzó aterrizando con el imponente Air Force One en Carolina del Norte, pasó por Míchigan, Pensilvania y acabó en Wisconsin. En el mitin de Miami amenazó con despedir al doctor Anthony Fauci, el principal responsable de la lucha contra la pandemia, ante las demandas a gritos de sus seguidores en un mar de gorras rojas.

NOCHE ELECTORAL

Amenazas del presidente. Su plan pasa por declarar su victoria la noche del martes sin esperar al fin del recuento de los votos por correo -más de 62 millones de papeletas- para después lanzar una batería de impugnaciones ante los tribunales por presunto fraude electoral. «El presidente no va a robar las elecciones», contestó Biden. El demócrata estuvo en Ohio con un discurso centrado en la economía y en la lucha contra la pandemia, que llevó después a Pensilvania, en un evento con el público escuchándole desde sus automóviles. Una perspectiva diabólica que pondría a EE.UU. antes una crisis constitucional sin precedentes. La Casa Blanca se ha bunkerizado, mientras los comercios de Washington, Nueva York, Chicago o San Francisco amanecieron ayer cubiertos con tablones de madera ante los posibles disturbios. 

El colegio electoral

Sistema de voto indirecto. Una victoria incontestable de Biden podría evitar esta situación. «Vota como si tu vida dependiera de ello, porque así es», ha sido el lema más repetido por los demócratas. Pero la alta participación, que parece favorecerle, no asegura una rápida victoria ya que los ciudadanos no eligen directamente quién será el jefe del Ejecutivo. Son los 538 compromisarios repartidos en función de su población por los 50 estados, más el distrito de Columbia donde está Washington, los que designan los votos electorales. Los candidatos necesitan 270 votos electorales para ganar. Trump quieren conservar los 306 que sumó en el 2016. Los sondeos pronostican que Biden obtendría al menos 280. 

lOS ESTADOS BISAGRA

De Florida a Pensilvania. El futuro de la nación se juega en el puñado de territorios que oscilan entre demócratas y republicanos. En Cleveland, Biden mostró el camino a los votantes: «El poder de cambiar el país está en sus manos». Todas las miradas están puestas en los estados industriales de Pensilvania, Míchigan y Wisconsin, donde Trump ganó hace cuatro años y Biden lidera ahora. Si el demócrata consigue los 20 votos electorales de Pensilvania, la reelección de Trump sería casi imposible. Por eso, ambos han concentrado sus esfuerzos allí. Florida mantiene la tradición de conceder o enterrar presidentes con la carrera más ajustada por sus 29 compromisarios. 

La contienda está reñida, aunque es favorable para el demócrata, en Nevada, Arizona, Iowa y Carolina del Norte. Trump tiene ventaja en Ohio y Carolina del Sur. La novedad de este 2020 son los bastiones republicanos de Texas y Georgia, convertidos por primera vez en campo de batalla, donde la alta participación de mujeres y jóvenes es el monstruo que amenaza a Trump.  

El programa de Trump: una vacuna, menos impuestos y mano dura contra la inmigración 

Donald Trump se enfrenta al escrutinio popular tras cuatro años de mandato con todas las cartas sobre la mesa. Los votantes conocen muy bien la forma de gobernar del aspirante a la reelección. Las banderas del candidato republicano durante la campaña siguen siendo las mismas.

La promesa de una vacuna contra el coronavirus en tiempo récord, una bajada de impuestos y mano dura contra la inmigración y las revueltas sociales. El presidente niega la gravedad del coronavirus y defiende mantener la economía abierta, a pesar del avance sin control de la pandemia. Su afirmación de que bajo su Administración habrá una vacuna este mismo año para lo que ha destinado 10.000 millones de dólares ha levantado las críticas entre los científicos.

En materia económica, Trump ha prometido un nuevo paquete de beneficios para paliar la pandemia, plantea rebajar el impuesto sobre el salario, que financia la seguridad social, y se opone a aumentar los de las ganancias de capital y a las corporaciones.

La inmigración sigue siendo su caballo de batalla con su política de «tolerancia cero», la construcción del muro en la frontera con México y ha aprovechado la pandemia para restringir a los visados de trabajo y de estudiantes internacionales.

Las promesas de Biden: Mascarillas obligatorias y un plan para el cambio climático 

Joe Biden ha tomado la pandemia como arma arrojadiza contra su rival por carecer de un plan nacional para luchar contra el covid. El aspirante a la Casa Blanca ha prometido convertir el uso de la mascarilla en norma nacional, impulsar el desarrollo de una vacuna y un programa de rastreo y tests gratuito. Dentro de sus estrategia de devolver a EE.UU. a la era pre-Trump, Biden quiere revertir la decisión de abandonar la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Acuerdo de París. Es el único que plantea una estrategia contra el cambio climático con el objetivo de alcanzar el 100 % de energía limpia y cero emisiones a más tardar en el 2050 a través de una inversión de 2.000 millones de dólares.

En materia económica, ha prometido extender el seguro de desempleo y negociar con el Congreso un nuevo paquete de ayudas. En sus llamadas a la clase media, ofrece aumentar de 7,25 dólares a 15 dólares la hora el salario mínimo y evitar recortes a la Seguridad Social. Al contrario de Trump, está a favor de aumentar los impuestos a las ganancias de capital y a las corporaciones; promete paralizar la subida tributaria por debajo de los 400.000 dólares al año. En materia de inmigración, se compromete a encontrar a los padres de los más de 500 niños separados en la frontera con México.

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