Trump evita garantizar una transición de poder pacífica si pierde las elecciones

Asegura que el fraude que «preparan los demócratas» con el voto por correo acabará en el Supremo, por eso quiere apurar la elección de la sustituta de la jueza Ginsburg

Donald y Melania Trump han acudido este jueves al Tribunal Supremo para rendir homenaje a la jueza Ruth Baber Ginsburg
Donald y Melania Trump han acudido este jueves al Tribunal Supremo para rendir homenaje a la jueza Ruth Baber Ginsburg

Redacción

El presidente Donald Trump ha evitado este miércoles comprometerse a garantizar una transición de poder pacífica en caso de perder las elecciones del 3 de noviembre, reavivando así las preocupaciones de varios sectores que temen que no renuncie a su cargo tras las comicios. Así pronosticó que cree que el resultado electoral acabará en el Tribunal Supremo y que por eso se está dando tanta prisa para cubrir la vacante que ha dejado en esa corte el fallecimiento de la jueza Ruth Bader Ginsburg.

«Bueno, vamos a tener que ver qué pasa», contestó Trump al ser interpelado por los periodistas en una rueda de prensa en la Casa Blanca sobre si se comprometería a garantizar una transición pacífica.

La reticencia de Trump a hacer este compromiso está vinculada a su ofensiva contra el voto por correo, sistema que prima a causa de la pandemia. Así lleve varios meses pronosticando que las presidenciales serían «las más fraudulentas de la historia»,  sin aportar prueba alguna y que los analistas electorales descartan.

 A última hora del miércoles (madrugada de hoy en España), tras una reunión con fiscales generales de varios estados del país en la Casa Blanca, el presidente volvió a insistir en su aseveración: «Es mejor si [aprobamos a una nueva juez] antes de las elecciones, porque creo que este fraude que están preparando los demócratas, este fraude acabará ante el Tribunal Supremo de EE.UU.». «Me he quejado firmemente sobre las papeletas y las papeletas son un desastre», zanjó.

Los demócratas estadounidenses temen que Trump pueda utilizar el poder que le confiere la Presidencia del país  para aferrarse al poder. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, incluso sugirió que el presidente tendría que ser «fumigado» del despacho oval si se niega a aceptar los resultados de los comicios.

No es la primera vez que el presidente estadounidense, que ha admitido que el resultado de las elecciones podría ser «ajustado» desliza un comentario parecido. De hecho, ha llegado a bromear, según él, con la idea de permanecer en la Casa Blanca más allá de los dos mandatos presidenciales que autoriza la Constitución del país.

Trump planea nominar este sábado a su candidata para sustituir a Ginsburg,que falleció el viernes a los 87 años por complicaciones de un cáncer, y este miércoles confirmó que la jueza cubano-estadounidense Bárbara Lagoa está entre las cinco magistradas que está considerando para el puesto, aunque negó que tenga planes de reunirse con ella. Con la otra favorita, Amy Coney Barret, tuvo una larga reunión el lunes en la Casa Blanca.

La decisión de Trump de nominar de inmediato a una sustituta de Ginsburg ha generado polémica, porque la veterana jueza progresista dejó escrito, antes de morir, que su «deseo más ferviente» era «no ser reemplazada hasta que haya un nuevo presidente», tras los comicios.

Sin embargo, los republicanos han dejado claro que ya tienen los votos para confirmar a la nominada de Trump en el Senado, y aunque quedan menos de seis semanas para las elecciones, el mandatario insistió en que su objetivo es haberlo resuelto para entonces.

Si el resultado de las elecciones estuviera en disputa y no se hubiera cubierto la vacante que ha dejado Ginsburg, el Supremo contaría aún así con una mayoría conservadora de cinco jueces, frente a los tres de inclinación progresista que quedan en la corte tras la muerte de la célebre magistrada.

Despedida con honores

Cientos de ciudadanos anónimos de distintas partes de EE.UU. hicieron cola este miércoles para despedirse de la juez Ruth Bader Ginsburg, un icono en la lucha por la igualdad de género, que fue descrita por el presidente de esta corte como una «estrella del rock», «dura», «luchadora» y, en definitiva, «una ganadora», informa Efe. El féretro de Ginsburg, llegó a primera hora de la mañana a la sede del Tribunal, situada enfrente del Capitolio de EE.UU., donde le esperaban más de un centenar de secretarios judiciales de la corte, vestidos de negro y con mascarillas del mismo color.

Tras esta recepción, se celebró en el interior del edificio una ceremonia para los familiares y amigos más cercanos, a la que también asistieron otros jueces del Supremo, mientras afuera iba creciendo la multitud de personas que aguardaba para dar el último adiós a Ginsburg.

Visiblemente emocionado, el presidente del Supremo, John Roberts, recordó la pasión de Ginsburg por la ópera y cómo acabó convirtiéndose en toda una estrella que ha movido multitudes, incluso a título póstumo. «Se decía que Ruth quería ser una virtuosa de la ópera pero en su lugar se convirtió en una estrella de rock. Encontró su escenario justo a mi derecha, en nuestra sala judicial», rememoró.

En ese sentido, Roberts explicó cómo la jueza ha llegado a ser tal ídolo de jóvenes y mayores: «logró triunfos famosos que contribuyeron a acercar nuestra nación a una justicia igualitaria bajo la ley, hasta el punto de que las mujeres son ahora la mayoría en las escuelas de derecho, no simplemente un puñado».

El magistrado se refería así a los comienzos de Ginsburg, que solía rememorar cómo, cuando empezó, eran solo nueve mujeres en su facultad.

Una de sus herederas es Bailey Brewer, de 21 años, que se trasladó a Washington DC desde Ohio junto a su padre Ed, de 52 años, para rendir homenaje a la fallecida. «Realmente ha sido una gran inspiración para mí, de hecho, estoy estudiando para ser abogada, por lo que ha inspirado toda mi carrera y mi camino en la vida», dijo Brewer a Efe, tras hacer cola durante dos horas para aproximarse al féretro en la capilla ardiente instalada fuera de la sede del Tribunal, en lo alto de sus emblemáticas escaleras.

El primer debate entre Trump y Biden calienta la campaña

Caroline Conejero
POOL

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