El primer ministro cierra filas en torno a sus colaboradores más polémicos mientras crecen las denuncias de abusos
08 mar 2020 . Actualizado a las 09:10 h.Pese a que la epidemia del coronavirus está ocupando el grueso de la atención mediática, en el Reino Unido hay otra enfermedad que viene de antes y que también genera alarma, en especial entre la burocracia. Este otro padecimiento, sin embargo, no es un problema sanitario sino político y se trata de los casos de abuso contra funcionarios por parte de asesores e incluso de ministros, que parecen ser parte de una estrategia para hacerse con el control del Estado.
Hace ocho días los británicos se despertaban con la renuncia del secretario del Ministerio del Interior, Philip Rutnam, que, tras 33 años de servicio público, decía adiós acusando a su superiora, la ministra Priti Patel, de haber emprendido contra él una campaña en la que se le acusó «de predisponer a los medios» contra la titular de Interior; y anunciando que la iba a demandar.
El caso ha forzado al primer ministro Boris Johnson a ordenar una investigación, aunque de entrada le ha dado un espaldarazo a Patel, una furibunda euroescéptica, hija de inmigrantes indios que se instalaron en Uganda y luego en el Reino Unido en la década de los años 60. «Está haciendo un trabajo excepcional, poniendo más policías en las calles, reduciendo el crimen y preparando un nuevo sistema de inmigración», dijo de ella Johnson.
El apoyo del líder conservador a la ministra se produjo pese a que en los últimos días la oposición laborista ha denunciado que el de Rutnam no es un caso aislado y que en el 2017 un excolaborador de Patel recibió 25.000 libras (30.000 euros), como parte de un acuerdo extrajudicial, en compensación por una sobredosis de medicinas que ingirió debido al estrés de trabajar con ella.
«Me quedo con ella»
Pese a estas acusaciones, Johnson insistió: «Me quedo con ella», y rechazó suspenderla de su cargo. Aunque quienes la conocen y han trabajado con ella sostienen que es muy responsable y trabajadora, Patel ya había dado muestras de no seguir las reglas y de estar dispuesta a todo por lograr sus objetivos, por ello en el 2017 debió dejar su puesto como secretaria de Desarrollo Internacional durante el Gobierno de Theresa May, después de que se conociera que mantuvo reuniones secretas con empresarios y lobistas proisraelíes.
Parece que la máxima de que el fin justifica los medios guía los pasos del Gobierno de Johnson o al menos de sus más cercanos, entre los cuales Patel es una, pero el más destacado es, sin duda, Dominic Cummings.
Patel indemnizó a un excolaborador que sufrió una sobredosis de fármacos contra el estrés El asesor principal del premier, considerado como el artífice de la exitosa campaña a favor del brexit en el referendo del 2016, ya ha dado muestras de pocos escrúpulos. Así como no tuvo reparos en vender la mentira de que la salida de la UE permitiría destinar 350 millones de libras (400 millones de euros) semanales a financiar la seguridad social, en los nueve meses en el Gobierno ha promovido decisiones de dudosa legalidad como despedir a la secretaria de prensa de quien hasta el mes pasado fue ministro de Economía, Sajid Javid, tras acusarla de filtrar informaciones a los medios; o suspender las actividades del Parlamento para impedir el bloqueo del brexit.
La salida de Javid
Nada más llegar al 10 de Downing Street, Cummings advirtió al personal y a los asesores que quería lealtad y que no toleraría ninguna disidencia. Meses después demostró que no bromeaba, porque logró deshacerse de Javid, quen no perdonó la interferencia en su despacho, al convencer a Johnson de que debía condicionar su continuidad en el puesto a que aceptara despedir a sus asesores más cercanos.
Tras lograr el brexit, este historiador graduado de Oxford, devenido en experto en big data, ha puesto su mirada en su gran plan: cambiar el sistema británico y abrirle las puertas a la «nueva era dorada» prometida por Johnson. «Es brillante en la guerra de guerrillas contra el establishment (…) Es muy bueno creando enemigos», afirmó a la BBC, Craig Oliver, jefe de Comunicaciones del expremier David Cameron, quien no tolera a Cummings.
Cummings acusó de filtraciones a la secretaria de prensa del exministro Javid y la despidió Muchos ven la mano de este asesor en iniciativas del Gobierno como los planes para reformar el llamado Civil Service (el régimen de la burocracia británica), para reemplazar a los funcionarios profesionales de carrera por «raros»; o la eliminación de la licencia de televisión, impuesto con el que se financia la BBC, a la que considera muy izquierdista. No son pocos los que creen que las intenciones de Cummings son un peligro para el sistema democrático y el hecho de que haya pasado unos años en Rusia en la década de los 90 da motivos para sospechar.
Habrá que esperar para comprobar si Johnson amarra a su guardia pretoriana en algún momento o si la sacrifica en caso de temer que ponga en riesgo su permanencia en el poder.