Maduro consumó su farsa electoral con Zapatero como maestro de ceremonias

Nicolás Maduro se autoreelegió el pasado domingo como presidente-pesadilla de la inmensa mayoría de los venezolanos con la inestimable colaboración de José Luis Rodríguez Zapatero como maestro de ceremonias. El espectáculo fue tan pobre que hasta reniegan de él  sus comparsas, Henri Falcón y Javier Bertucci.

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A CORUÑA

Incluso los resultados oficiales son elocuentes: Contabilizan una participación de casi 8,6 millones de votantes de un censo de 20,5 millones -el 46,1 %- de los cuales le adjudicaron a la estrella del evento 5.823728 de sufragios y el resto se los dejaron para el ex-chavista Henri Falcón -1.825.552- y el predicador evangelista Javier Bertucci (925.000). Ni siquiera pudieron justificar una participación superior al 50 % que hubiera sido un resultado menos impresentable.

Y no fue porque no lo hubiesen intentado, ya que la operación remolque -movilización de recursos públicos para llevar electores a los centros de votación, control de los beneficiarios de las bolsas de comida y demás chantajes- pero las imágenes de los centros de votación vacíos o semivacíos, incluso en los medios oficiales, eran desoladoras.

La puesta en escena de esta farsa, carente de toda legitimidad, ha sido tan bochornosa que ni Falcón ni Bertucci la suscriben. El único que no la ha cuestionado, al menos hasta el momento, ha sido José Luis Rodríguez Zapatero, el observador internacional que lleva más de dos años actuando como el relaciones públicas internacional de Maduro y que el domingo fue abucheado y corrido a botellazos a la salida del mayor centro de votación de Caracas. «¡Hasta cuándo Zapatero nos vas a estar jodiendo!», le gritó ante las cámaras que cubrían el incidente una manifestante de edad avanzada.

Con estos resultados, que no reconocen oficialmente cerca de medio centenar de países, Nicolás Maduro Moros lo va a tener difícil para legitimarse  en el poder hasta el año 2024 en que concluyen los seis del mandato que supuestamente le otorgaron el domingo menos del 30 % de los ciudadanos venezolanos con derecho a voto.

El no reconocimiento de los mismos por los dos candidatos opositores tampoco parece hacer viable el apaño que, según distintos analistas, supuestamente diseñó el observador Zapatero para montar un gobierno de unidad nacional con Falcón como vicepresidente, para afrontar la gravísima crisis que padece el país y así forzar a la comunidad internacional a levantar las sanciones económicas impuestas a la cleptocracia gobernante, que son la auténtica pesadilla del régimen.

Aunque se siga incrementando el precio del petróleo al ritmo que lo viene haciendo las últimas semanas, no existen perspectivas a corto plazo de que vaya a mejorar el panorama de la maltrecha economía venezolana, entre otras razones, porque la exportación de barriles de crudo sigue cayendo por falta de mantenimiento de las infraestructuras productivas, hasta el punto de que tienen que importarlo para satisfacer mínimamente sus necesidades internas y las de Cuba.

Si la comunidad internacional se mantiene firme en su rechazo a uno de los regímenes más impresentables  de la historia reciente del mundo occidental, tal vez sea verosímil la explicación que ofrecía recientemente el veterano periodista venezolano Rafael Poleo sobre la presencia de Zapatero el pasado domingo en Caracas: servir de salvoconducto para la salida de Maduro y familia hacia Cuba, previo traspaso del poder a los hermanos  Delcy y Jorge Rodríguez, presidente de la ilegítima Asamblea Nacional Constituyente y ministro de Información y Comunicación del gobierno actual, respectivamente. Entonces, más de lo mismo pero sin la cara del ogro actual.

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