Moderado fuera, de izquierdas en casa, así es el discurso del Gobierno portugués

António Costa está haciendo posible pactar con grupos antieuropeístas y ser alabado al mismo tiempo por la UE


vigo / la voz

La legislatura comenzó mal en Portugal, con el gobierno más breve de su historia. Solo once días aguantó el conservador Pedro Passos Coelho tras renovar en las urnas su condición de primer ministro. Los cuatro grupos parlamentarios de izquierdas presentaron otras tantas mociones de censura al líder del PSD, pero solo hizo falta debatir la primera para poner fin a la era de los recortes y propiciar otro hito en la historia política portuguesa: la inédita unión de toda la izquierda.

La geringonça (traducido como galimatías), como denominó el anterior vicepresidente, Paulo Portas, a la unión de la izquierda, respalda sin fisuras relevantes al Partido Socialista y a su líder, António Costa, desde noviembre del 2015, tomando una dirección política contraria a la mayoritaria en Europa. Y sin parangón por los apoyos logrados desde el borde de la extrema izquierda, tomando como caso aparte el de Grecia, al seguir Tsipras controlado muy de cerca por la troika y el país necesitado de las inyecciones de dinero que Bruselas sigue enviando a Atenas.

Socialistas, Bloco da Esquerda Partido Comunista Portugués y Los Verdes someten desde entonces al Gobierno luso a un doble papel: girar a la izquierda en casa y abonarse a la moderación ante la UE y los organismos internacionales, siguiendo las reglas del mercado para dar confianza y atraer al capital extranjero. «Creo que el secreto fue cambiar de una política de austeridad a una moderada», desveló sin complejos en la última cumbre de Davos el ministro de Economía portugués, Manuel Caldeira Cabral.

Portugal muestra así a Europa la disposición de la izquierda a dirigir un país sin alterar las normas que dejó escritas la troika. Hasta su pacto gubernamental se ha convertido en el modelo para una izquierda que solo rige en Italia, Suecia, Eslovaquia, Malta y Rumanía; la mayoría del Consejo Europeo está en manos de los populares, con siete países más los dos puestos de los presidentes institucionales; ocho asientos tienen los liberales, tres los conservadores, igual número los independientes, y otro puesto más la Izquierda Unitaria griega.

El caso portugués, además de singular en el conjunto de la UE, lo es más todavía por ser apoyado por sendas formaciones antieuropeístas y contrarias a la OTAN. Tanto el Bloco como el Partido Comunista han expresado mil veces su deseo de abandonar el euro e incumplir las imposiciones sobre el déficit público. Pero António Costa está sabiendo navegar entre las dos aguas, y prueba de ello es que los sindicatos apenas han tocado la calle en lo que va de mandato. «Se puede aliviar la asfixia social de la clase media y mejorar el rendimiento de las familias sin tener que compartir la misma opinión sobre la OTAN; defender el estado social sin entrar a debatir sobre el euro, o combatir la precariedad laboral a pesar de pensar de forma diferente sobre la UE», llegó a pronunciar el primer ministro en su toma de posesión.

Unos meses más tarde el presidente de la Comisión Europea, Jean Claude Juncker, se plantó en Lisboa para «homenajear» a António Costa «por haber enderezado las finanzas», al mismo tiempo que el primer ministro luso cargaba contra el presidente del Eurogrupo, Jeroen Dijsselbloem, por decir que los países del sur de Europa pedían ayudas «después de gastarse todo en alcohol y mujeres». Costa fue el primer ministro que más dejó oír sus criticas, sobre todo para que le oyera la opinión pública lusa. Pero el siguiente en ser designado líder de los ministros de finanzas comunitarios fue el suyo, el portugués Mário Centeno.

Socialistas y conservadores se atribuyen la recuperación

Que el rescate económico de Portugal fue pedido por el socialista José Sócrates es el único punto de consenso posible en el análisis político de la evolución de la crisis en el país vecino. La recuperación, en cambio, tiene al menos dos padres, según quién la relate.

«El Gobierno de derechas anterior convivió con la troika 15 meses, y cuando se fue de Portugal la economía no crecía», señala a La Voz João Paulo Correia, vicepresidente del grupo parlamentario socialista portugués. Bajo su punto de vista los conservadores dirigieron el país con las recetas de la troika, «y en cambio este Gobierno optó por una liga muy diferente. Devolvió los rendimientos del dinero a trabajadores y pensionistas, es el primer gobierno en décadas que no privatiza, los sueldos ya no se recortan, se ha subido el salario mínimo y el desempleo está a niveles del 2004», relata el socialista para marcar la diferencia y atribuir la recuperación al actual Gobierno. «Y la UE está rendida a esta gobernanza», concluye.

Desde las filas del PSD, la visión es totalmente opuesta. «El primer año del cambio fue el 2015», afirma Luís Campos Ferreira, viceministro de Exteriores del anterior Gobierno, en referencia al último año casi entero gobernado por el conservador Passos Coelho. «Nosotros redujimos el déficit del 11 al 3 %, reformamos el mercado laboral y por primera vez en 60 o 70 años hicimos desaparecer el déficit en la balanza comercial». Campos resalta que la troika se fue con el PSD y atisba ya «guerritas» entre el Bloco y los comunista por distanciarse del PS.

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