El incendio de Portugal, un toque de atención a Galicia

La tragedia ocurrió en un escenario similar al gallego, aunque aquí hay más preparación y medios, sostiene la Xunta


redacción / la voz

Pedrógão Grande está en el centro de Portugal, a tan solo 60 kilómetros de la histórica Coímbra. El municipio cuenta con unos 4.000 habitantes, que residen en uno de los paraísos forestales del país, plagado de pinares y eucaliptales. Toda una riqueza natural que se ha convertido en trampa mortal. La carretera en la que quedaron atrapados decenas de vecinos que escapaban del monstruoso incendio -y en la que se dejaron la vida una treintena de ellos- no es una pista forestal estrecha. Nadie pensaría que una carretera de dos carriles y arcenes se convertiría en una ratonera. Pero así fue. Porque los árboles y la maleza alcanzaban el borde mismo del vial. La descripción podría corresponderse con la de muchos municipio gallegos. Entonces, ¿podría ocurrir aquí una desgracia de tal magnitud? La Xunta asegura que en ningún caso y asociaciones de propietarios de montes dicen que sería muy difícil. Pero... no imposible. De momento, el delegado del Gobierno, Santiago Villanueva, avisa de que si el tiempo seco sigue, el verano gallego puede ser muy complicado en los montes, dado que el riesgo de incendios es muy alto.

La Administración

Galicia, preparada. «Es muy difícil que aquí pase tal cosa», replica la Consellería do Medio Rural, que alaba su propia política de prevención y extinción de incendios. Fuentes de ese departamento destacaron que existe una coordinación total entre los efectivos de la Xunta y las brigadas de los concellos para actuar ante un fuego. Y la respuesta es instantánea. Muchos vecinos afectados por el incendio de Portugal aseguraron que durante horas no vieron a un solo bombero, que el fuego campó a sus anchas sin control. Además, entre las medidas que se suelen adoptar en Galicia están el corte de carreteras y el desalojo de casas, si la situación así lo requiere. Pero en la tragedia lusa nadie interrumpió a tiempo el tráfico en el vial de la muerte, lo que habría evitado que familias enteras hubiesen perdido la vida. Además, fuentes de la consellería aclaran que ya están trabajando en los montes 3.000 operarios, que se convertirán en 7.000 a partir del 1 de julio, cuando se iniciará la temporada de alto riesgo. Entonces, se sumará la unidad militar de emergencias (UME). Si no hay incendios, añade Medio Rural, las brigadas se dedican a tareas de prevención, como limpiezas y ejecución de cortafuegos. De todos modos, la consellería recuerda que el 97 % del monte gallego está en manos privadas y lanzó un llamamiento a la responsabilidad de los propietarios. Es decir, la consellería solo puede actuar sobre el 3 % de la superficie forestal gallega. Es poca.

La patronal

«Todo es mejorable». Elier Ojea, presidente de la Confederación de Empresarios de la Madera (Confemadera) en Galicia, considera «complicado» que tal tragedia pueda ocurrir en Galicia. Aunque «todo es mejorable», precisa. «Tenemos dos millones de hectáreas de monte, 800.000 de ellas abandonadas, que podrían estar en mejores condiciones». Y aclara que, salvo las masas forestales del norte y de la costa de A Coruña, los montes de muchas otras zonas de Galicia no están bien atendidos y, por tanto, no están preparados contra los incendios. Así, según Ojea, la provincia de Ourense es «un foco de preocupación», porque buena parte de la superficie forestal está en manos de muchos pequeños propietarios que no siempre realizan las tareas de mantenimiento. Además, las pistas de acceso son estrechas. Sin embargo, Elier Ojea subraya que hay mucho trabajo ya hecho en Galicia durante los últimos años, pero es preciso, añade, hacer más. «La gente no limpia porque el monte no tiene valor», indica el presidente de Confemadera, quien apuesta por darle la vuelta a esa situación para que los propietarios vean incentivados sus esfuerzos.

La industria

«Hay que formar a la gente». Juan Picos, exgerente de la asociación Monte Industria, considera que los servicios gallegos de extinción de incendios están más profesionalizados que los lusos y coincide en que aquí es difícil que ocurra tal desgracia. Pero lanzó un llamamiento a adoptar todas las medidas posibles para evitar siquiera la posibilidad de que pase y a incidir en la prevención. «Hay que despejar las casas y las carreteras y formar a la gente sobre cómo tiene que actuar», resaltó Picos.

Así se formó la tormenta seca que sembró de muerte Portugal

Susana Acosta
Imagen de la tormenta a las 12, a las 15 y a las 18 horas
Imagen de la tormenta a las 12, a las 15 y a las 18 horas

La descarga eléctrica sin lluvia y los vientos racheados permitieron la rápida propagación de las llamas

En las imágenes del satélite se aprecia la formación de una zona de tormenta bastante fuerte, que se inicia en España, entre Castilla y León y Extremadura, y que se extiende por Portugal y se desplaza hacia el norte. Es la tormenta seca que ha traído la muerte a 61 personas en Portugal.

Ayer, en el país vecino se dieron las condiciones perfectas para que se creara este fenómeno. Aire muy cálido y bastante seco. Cuanto más cálido es el aire, menos pesa y eso lo hace subir. A veces, como ayer, continúa ascendiendo hasta llegar a una zona lo suficientemente fría como para condensarse y formar cumulonimbos: «Pueden tener una base de mil metros y una altura de 10.000 o más», explica Juan Taboada, de MeteoGalicia. Estas nubes suelen producir precipitaciones intensas y descargas eléctricas, pero no siempre tienen que ir juntos ambos fenómenos. A veces pueden descargar solo rayos en una zona y en otras lluvia. O también puede suceder que el agua caiga de la parte alta de la nube y se evapore por el calor antes de llegar al suelo o que no caiga nada de lluvia. Es lo que se conoce como tormenta seca, cuando hay una descarga eléctrica pero sin precipitaciones: «El escenario de ayer en Portugal es compatible con que se hayan producido rayos pero sin lluvia. Está demostrado que las tormentas secas provocan incendios», explica Taboada. Además, las que están mejor formadas crean vientos racheados que facilitan la rápida propagación del fuego. Unos vientos que también alimenta el propio incendio al generar calor. Fue ese cóctel lo que convirtió en un infierno el centro de Portugal.

Seguir leyendo

Votación
25 votos
Comentarios

El incendio de Portugal, un toque de atención a Galicia