Explica que la apertura cogió a todos totalmente desprevenidos, tanto que el canciller alemán Helmut Kohl estaba en Polonia y tuvo que volver
02 nov 2014 . Actualizado a las 05:00 h.Los teléfonos del diplomático Alonso Álvarez de Toledo (Madrid, 1931) no han dejado de sonar desde hace varios días. Sus Notas a pie de página: Memorias de un hombre con suerte, editadas por Marcial Pons, dan cuenta de cómo por casualidad, o no, entró a formar parte de la historia hace 25 años. Como embajador de España en la Alemania Oriental entre 1985 y 1990 fue testigo directo de uno de los acontecimientos que han marcado la historia geopolítica del mundo contemporáneo: la caída del muro de Berlín. Porque aquel 9 de noviembre de 1989 estaba allí, a pie de muro.
-El fin de la RDA era algo que aquel año se veía venir, pero la caída del muro de Berlín pilló a todos por sorpresa, ¿también a usted?
-Fue algo totalmente inesperado. Lo atestigua el hecho de que el canciller alemán Helmut Kohl estaba en Polonia y tuvo que interrumpir su viaje cuando supo que habían abierto el muro. Pero eso no quiere decir que no se viera venir la caída del régimen comunista. De hecho, tres días antes hubo una concentración en la que más de 500.000 personas pedían cambios. Fue lo nunca visto antes en Berlín.
-El paso de gente a Checoslovaquia para cruzar al otro lado también contribuyó a acelerarlo todo, ¿o no?
-Para ir a Checoslovaquia no era necesario visado y mucha gente estaba utilizando esa vía para huir a la parte capitalista. Una cosa curiosa era que la mayoría de los que tomaban esa vía eran camioneros o personal médico. Eso afectaba a hospitales, fábricas... No hay país que sobreviva con los hospitales cerrados. Para evitar la fuga, el Gobierno de Egon Krenz encargó una nueva reglamentación sobre visados. El borrador fue enviado al coronel Gerhard Lauter para que lo revisara, pero este al verlo se indignó. Pensaba que era discriminatorio y además era en pro de los traidores. Lo que hizo fue cambiar el texto para que todo el mundo pudiera pasar al otro lado con libertad, pero no cambió el título al borrador. Dejó el que estaba. El problema fue que nadie leyó el nuevo texto, que fue luego hecho público en una rueda de prensa.
-¿Aquella rueda de prensa en la que la pregunta de un periodista de la agencia Ansa aceleró el ritmo de la historia?
-El texto del reglamento tenía dos páginas. La segunda prácticamente estaba en blanco, salvo una línea y media donde ponía que el reglamento entraría en vigor el 10 de noviembre. Entonces, cuando el periodista preguntó cuándo entrarían en vigor aquellas medidas, Gunter Schabowsk dijo que a partir de ya porque el texto estaba redactado en presente. Fue a partir de entonces cuando la gente comenzó a agolparse junto al muro.
-¿Dónde estaba usted en aquel momento? ¿Cómo se enteró de lo que estaba ocurriendo?
-Estaba en casa con un equipo de Informe Semanal, de TVE, que habían venido aquellos días a Berlín a hacer un reportaje. Estábamos viendo la rueda de prensa en diferido. Al escuchar aquello dijimos: «Vamos a acercarnos al checkpoint».
-¿Qué fue lo que vieron allí?
-Recuerdo perfectamente aquel momento.Los que se habían acercado gritaban. Los de Informe Semanal sacaron las cámaras para comenzar a preguntar a la gente. Había algunos que comentaban cosas como que mañana iban a ver a mi hermana o que iban a poder pasar... De repente vuelvo la cabeza y veo a la gente que ya está pasando.
-¿Vio qué hora era cuando empezaron a cruzar?
-Calculo que eran las 21.14 horas. Al ver la escena, miré el reloj y resté cuatro minutos. Días después, como pasaba habitualmente por aquel checkpoint, pregunté a qué hora habían abierto el muro y dijeron que a las 21.12, con lo que estábamos de acuerdo. Entonces esa fue la hora en la que lo abrieron, algo que no aparece en libros de historia. Lo curioso es que lo más destacado de los últimos años de la historia de Alemania ocurrió sin que nadie diera una orden.
-Usted que estaba allí, ¿por qué o cómo es que ocurrió?
-Hubo tres personas clave porque ninguna hizo lo que se suponía que debía de hacer. Una fue el coronel Gerhard Lauter del Ministerio del Interior, que recibe un texto para corregirlo, pero en lugar de eso lo cambia todo salvo el nombre del reglamento. Luego Gunter Schabowski que fue el encargado de dar la rueda de prensa y se equivoca al responder a la pregunta que le formulan. Y Harald Jägger el oficial de frontera a cargo del checkpoint que se da cuenta de la barbaridad que acaba de ocurrir y que al ver la gente agolparse junto al muro llama por teléfono para que le den instrucciones, pero no logra hablar con nadie.
-Solo Egon Krenz podía autorizar la apertura, pero ese hombre no lo localiza y abre de igual modo...
-Los componentes del comité central habían ido para casa tras una larga reunión y todos vivían en una urbanización ubicada a una hora de Berlín. En aquella época no había teléfonos móviles con lo que hubo una hora en la que estuvieron ilocalizables. La orden era no abrir la frontera, pero la gente se agolpaba junto al muro y entonces llegamos allá. Los periodistas de TVE comenzaron a preguntar. Poco después fue cuando vi que estaba abierto el paso. Poco antes de escribir el libro de memorias logré contactar con Harald Jägger y le pregunté qué factores habían influido para abrir el muro. Este hombre contestó entonces que muchos, pero también el hecho de que un diplomático como era yo estuviera allí. La razón es que estaban obligados a dejar paso libre a diplomáticos. Pensó que quería pasar y no podía dejar que cruzara solo uno con la multitud que estaba agolpada en el área ya.