Ayer acudió al tribunal de Milán que lo juzga por fraude fiscal
23 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.Se acabaron los coches oficiales, las sirenas y los escoltas policiales. Desde el pasado día 12 que renunció como primer ministro italiano, Silvio Berlusconi es un ciudadano como cualquier otro y ya no tribunal de Milán cuando tiene que acudir a una de las causas que tiene pendientes ante la Justicia. Tampoco lo protege el «legítimo impedimento», la ley con la que sus abogados justificaban su ausencia por obligaciones de su cargo, muchas veces en Bruselas, como presidente del Gobierno. Ahora todo eso ha pasado a la historia: «La ley es igual para todos», como se puede leer en todos los tribunales italianos.
Esta vez, a Berlusconi le tocaba asistir a una audiencia del caso Mediaset en el que está acusado de fraude fiscal por las irregularidades cometidas por su grupo televisivo en la compra de derechos televisivos y cinematográficos. Antes, Berlusconi tuvo tiempo para pararse en un bar a tomar un café, siempre rodeado de sus inseparables guardaespaldas. Después se dirigió al Palacio de Justicia, donde entró sin hacer ningún tipo de declaraciones a la prensa. Esta vez ante el edificio no había ni banderas del partido, ni globos, ni seguidores, tan solo dos tifosi a los que saludó con la mano.
Eran las 16.44 cuando entraba en la sala de la sección sexta donde, tomó asiento en primera fila junto a sus abogados y parlamentarios Niccoló Ghedini y Piero Longo. Los defensores de Il Cavaliere presentaron la reciente sentencia del caso Mediatrade que absolvió a Berlusconi, ya que, explicaron, podría influir en este proceso.
Para el fiscal Fabio De Pasquale dicha sentencia precisamente se basa en la responsabilidad que tiene Il Cavaliere en el caso Mediaset.
Entretanto, los jueces del tribunal decidieron «no proceder» por prescripción del delito contra el abogado Mills y el banquero Paolo Del Bue, acusados de lavado de dinero.
Ahora, Berlusconi dispone de mucho tiempo para ocuparse de sus problemas con la Justicia sin que los «asuntos del Estado» lo puedan distraer. Ya hoy mismo tiene que volver al Palacio de Justicia de Milán para presentarse ante los jueces que llevan el caso Ruby y responder de la acusación de prostitución de menores.