Aunque comienza el reparto de ayuda a gran escala, muchas veces los violentos consiguen dejar con las manos vacías a quienes más necesitan los alimentos
23 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Diez días después del terremoto, las organizaciones humanitarias comienzan a repartir víveres a gran escala, pero el reparto les plantea problemas no previstos ya que en algunos casos impera la violencia. En ocasiones, la situación degenera hasta un punto en el que los que deben recibir los alimentos se quedan con las manos vacías.
Es lo que le ocurrió a una oenegé alemana que planeó la operación de reparto con el típico puntillismo germano. Las provisiones estaban destinadas a 6.000 personas de un campamento. Los cooperantes eligieron el patio de un colegio para distribuir la ayuda. Habían entregado pulseras de plástico a un comité para identificar a los que debían recibir los víveres.
Los damnificados esperaban pacientemente y de forma pacífica en una larga cola cuando llegaron los camiones. Seis soldados de la ONU y cuatro policías haitianos tenían a cargo la seguridad. Pero una fuerte presión empezó a crecer desde atrás. Unos 200 jóvenes fornidos se abrían paso hacia adelante. Los encargados de la seguridad eran demasiado débiles para impedir lo que pasó.
Los hombres se apoderaron a la fuerza de grandes cantidades de arroz, frijoles y sal. Se abalanzaron literalmente sobre los camiones, treparon a la parte de arriba y robaron las provisiones directamente de la superficie de carga. Los más débiles (mujeres, niños y ancianos) solo pudieron contemplar la escena, desmoralizados. Los haitianos que fueron testigos de lo ocurrido desde la acera dijeron que se avergonzaban por el comportamiento de sus compatriotas.
Se trataba del primer reparto de víveres de esa magnitud desde el terremoto. Un día antes los cooperantes alemanes habían repartido agua en el mismo lugar a manera de prueba. Todo había salido bien. A diferencia del arroz, el agua no es una mercancía escasa que se preste para el comercio.
Tres camiones habían llegado desde la República Dominicana. Esta operación ya transcurrió con algunos impedimentos, porque los conductores dominicanos no querían cruzar la frontera a Haití. Tenían miedo.
Las organizaciones humanitarias temían de antemano que el reparto pudiera verse empañado por brotes de violencia. Por este motivo, todos los puntos de apoyo son custodiados por soldados de la ONU y por policías haitianos, a menudo infructuosamente.
La oenegé alemana buscaba desde hacía tiempo un lugar donde fuera posible llevar a cabo el reparto sin riesgos. Pese a que los había previsto, no pudo con los tumultos. Lo único que valía «era el derecho brutal del más fuerte», cuenta un testigo. «Al final, los más débiles se fueron con las manos vacías». Rüdiger Ehrler, del equipo alemán de emergencias, se dolía: «Unos pocos delincuentes pueden conseguir sabotear un reparto bien organizado».